Se encuentra usted aquí

Así fue como la música de plancha nos jodió el amor

Grandes canciones, pero no para hacerles caso.
'Celos' - Daniela Romo.
'Celos' - Daniela Romo.
Por
Jennifer Daniela Chavarro Trujillo

La visión que tenemos del amor, al igual que la música, refleja el momento histórico en el cual nos encontramos como sociedad. En la antigüedad, por ejemplo, las mujeres se unían en matrimonio con quien para su padre fuera conveniente, ya sea por sus bienes o por su descendencia. Cada transformación ha traído consigo cambios en las estructuras sociales que nos han hecho interactuar de diferentes formas. Sin embargo, hay dos etapas que marcaron nuestro imaginario de manera importante. Una, la del amor cortés, en la Edad Media, evidenciada en grandes obras literarias y en la mayoría de cuentos sobre princesas que hoy leemos para los niños y la otra, cerca del siglo XIX que dio como resultado lo que aún comprendemos como amor romántico.

Por: Jennifer Daniela Chavarro Trujillo* @SoyMiroslawa de Todopoderosa @todopoderosx

El amor romántico es un enamoramiento lleno de idealización, una construcción social dada por unos estamentos que son no solamente imposibles de llevar a cabo, sino también tóxicos para las relaciones sociales. Sin embargo, esta es una discusión que hasta ahora se ha venido planteando y las preguntas que están ahora puestas sobre la mesa, no estaban en la cabeza de nadie hace unos años.

La música de plancha, tendencia en la que convergen canciones de diversos géneros, especialmente baladas, con la que muchos crecimos, reímos y lloramos, se estableció de forma orgánica, como uno de los discursos más poderosos de la concepción del amor de las generaciones de inicios de los 70 hasta finales de los 90, e incluso uno que otro de los 2000. Esto, reforzado con la cantidad de novelas más famosas de aquel entonces nos llevó a creer fielmente en mitos que hoy aún son difíciles de deconstruir.

Veamos cómo a través de las divas de la plancha se consolidan todos los mitos románticos que en estos tiempos empezamos a repensar:

El amor es posesión

Sentir que la pareja no puede ver, estar, convivir con otro alguien que no sea yo, aun al punto de empezar a prohibir amistades, ejercer presión y control sobre las actividades que realizan. Dos canciones son esenciales para evidenciar este mito. La primera de 1983, escrita por José Luis Perales e interpretada por Daniela Romo, Celos y la segunda, de 1984, interpretada por Amanda Miguel, Dudas. 

El amor es sufrimiento

Por todas las veces que hemos atendido al llamado de la conocida frase “el que quiere marrones, que aguante tirones” o cualquiera parecida. La sumisión absoluta para lograr la felicidad de la persona con la que compartimos, hasta el nivel de dejar de lado nuestro propio bien para ponerlo en beneficio de alguien más. Este punto es uno de los fuertes de la música de plancha, pues más de una vez nos hemos entregado al despecho entonando a Yuri o Pimpinela, por esto para este mitos traemos dos éxitos esenciales: Te amo, te amo de 1983 y Amores que matan de 1993.

El amor es la búsqueda o espera de la media naranja

La concepción de creer que sin el otro estamos incompletos y que debemos esperar —sin importar cuánto— o buscar desesperadamente a alguien que nos complete para poder ser individuos. Este es un imaginario que se ha propagado a lo largo de la historia, en dónde cuando las mujeres no se casaban, eran rechazadas socialmente. Se me enamora el alma, de 1989, interpretada Isabel Pantoja y Media Naranja de  Fey en 1995, representan fielmente este concepto.

El amor todo lo puede

Una concepción que se ha establecido en gran parte por lo bíblico con la frase “Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. Esto significa que, realmente no importa qué sucesos negativos existan, el amor todo lo soluciona, bien sea que estos actos sean violentos de cualquier forma y atenten contra los principios propios. Ana Gabriel con No Entiendo, en 1991 y Lástima de Angela Carrasco en 1979

Si bien, esto no evita el disfrute de aquella música, nos invita a cuestionarnos y a mirar en retrospectiva cómo han cambiado nuestros imaginarios colectivos, proponiendo ahora relaciones con responsabilidad afectiva, donde podemos ser libres para expresarnos, para compartir con otras personas y para querer.

Por último, es importante decir que, así como tuvimos mujeres que reforzaron los imaginarios de aquel entonces en futuras generaciones, también tuvimos aquellas quienes nos invitaron a la rebeldía. Las Flans en 1981 con No controles y la gran Raffaela Carrá en 1978 con Hay que venir al sur

El primer amor es aquel que profesamos por nosotros mismos, en el que no necesitamos ser completados, ni controlados. El amor no tiene que doler.