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“Barrio Bravo”: cuando Celso Piña fue más que rock y vallenato

Con la muerte en Monterrey de Celso Piña, no solo es el vallenato el que está de luto; también lo está el rock del continente.
Celso Piña - Foto: Medios y Media / Getty Images South America
Celso Piña - Foto: Medios y Media / Getty Images South America
Por
José "Pepe" Plata

El 21 de agosto llegó la noticia de la muerte a los 66 años de Celso Piña. El carismático acordeonista y cantante del norte de México estuvo por el mundo llevando un mensaje que no solo cautivó al público vallenatero, también lo hizo con el del rock. Su disco Barrio Bravo fue el punto clave para que su mensaje llegara a un nuevo público.

Por: José “Pepe” Plata // @owai

El acordeón, el llamado “piano de los pobres”, fue el punto de unión del vallenato con el rock. Es el instrumento que ha estado presente en polkas, valses, vallenatos, fados, mazurcas y más, y que en el rock ha tenido experiencias notables con artistas como Arcade Fire, Beirut, Calexico, Gogol Bordello, Julieta Venegas, Beach Boys y más. Pero hay algo especial en Celso Piña –quien desde los ochenta venía haciendo un vallenato que añoraba la tierra prometida de Colombia desde Monterrey–, y que hizo que entrara al siglo XXI conquistando a un nuevo público: el disco Barrio Bravo publicado en el año 2001.

Monterrey, ciudad natal de Piña, es un epicentro musical que lleva a Colombia en sus venas. En los años sesenta y setenta, población colombiana que viajó a esta ciudad a trabajar llevó consigo discos de cumbia y vallenato que fueron absorbidos para crear así lo que se conoce como la “Colombia Chiquita”. De ahí nace también algo que se conoce como los Cholombianos: esa hibridación cultural de jóvenes con reminiscencias hip hop, pero con un profundo aprecio por los sonidos colombianos.

Celso Piña llevaba una trayectoria que recuerda a esa Colombia vallenatera, cumbiera y tropical de gente como Andrés Landero, Lisandro Meza, Aniceto Molina, el Binomio de Oro y más. No en vano, con su grupo La Ronda Bogotá grabó más de cinco discos que le armaron una carrera que lo consolidó en México. Pero justo en el 2001, el continente conoció a un hombre que llevaba el acordeón como si fuera el flautista de Hamelín, solo que en vez de tener ratones que lo siguieran, eran músicos de Café Tacvba, Control Machete, Santa Sabina, Resorte, El Gran Silencio y King Changó los que estaban allí. Si en los noventa el continente tuvo ese rock mestizo que se nutrió de lo local, ¿qué hizo que Celso se convirtiera en el personaje clave para encontrar el eslabón perdido o mejor, que llegara a un nuevo público?

El secreto es justamente el disco Barrio Bravo que, a través de sus once tracks, nos da una ruta tan paradójica como certera. Un disco que para los vallenateros fue muy rockero y para los rockeros fue muy vallenatero. A través de él encontramos a un Celso que podía ser el hermano mayor o hasta el papá de una generación que encontraba una distensión de su lugar de confianza. El Barrio Bravo no solo inquietó al rock y al vallenato, también lo hizo en el mundo de las letras a través de una reflexión que en su momento el escritor Carlos Monsivais escribió, “un fenómeno social como bien dicen, y un fenómeno musical como bien se oye”.

Barrio Bravo explotó con una cumbia llamada Cumbia sobre el río. En él, el fallecido Blanquito Man de King Changó hacía un freestyle que llamaba a la alegría y a reconocer otra realidad. Cuando aparece Rubén Albarrán cantando el despecho de Aunque no sea conmigo, ya no hay manera de comprender, tan solo sentir que hay amores imposibles. Y al escuchar Cumbia Poder junto a El Gran Silencio, estamos ante una canción que ya no es de un disco, es de una ciudad y un continente.

Este disco partió en dos la historia de Celso. No solo tuvo esos acercamientos con el rock, sino que posteriormente tuvo colaboraciones con otros artistas como Ely Guerra, Gloria Trevi, Lila Downs o Natalia Lafourcade. Hoy Celso no está. El lugar común nos dice que descansó en paz en su tumba, pero es mejor pensar que hay paz en su cumbia.

Gracias por querer a Colombia, Celso.

 

 

 

 

 

 

 

 

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