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Cinco agrupaciones que mantienen el legado del black power

Ellos prometen continuar con el legado negro en la actualidad
Por
Tranceteca

Por Mr.Trance*

*Además de ser colaborador en Shock, Mr.Trance es el protagonista de una serie de animación del mismo nombre que emite Cartoon Network Latinoamérica y Señal Colombia. www.mrtrance.com

No se puede entender el rhythm n’ blues y por lo tanto el rock sin la raza negra. Todo comenzó con ellos. Seguramente debido al sufrimiento infligido por la esclavitud durante más de 300 años. Y en Norteamérica todo ese flagelo en los campos de algodón pasó de generación en generación hasta que se transformó en canciones. Música del corazón. Blues. Sin las canciones erráticas de Robert Johnson no podríamos entender el rock, fue el primero que murió a la edad maldita de 27 años y el primero, según se cuenta, en “vender el alma al diablo”. Bob Dylan dice que nunca se hubiera atrevido a hacer canciones de no haber escuchado a Robert “Bob” Johnson. Junto a Johnson, también están Muddy Waters, Bo Diddley o Chuck Berry…todos los negros que inspiraron a unos cuantos jóvenes aún imberbes a hacer rhythm n’ blues en el “swinging London” de los 60s. Entre ellos Van Morrison, Keith Richards o Mick Jagger. Coetáneo a ellos, en los USA, otro negro, en este caso un zurdo se erigió divinidad al quemar su guitarra en el festival de Monterey en 1967. Nada hubiera sido igual sin Jimmi Hendrix. Y para que vamos a hablar del jazz: Charlie Parker, Miles Davis, Herbie Hancock….o el soul: Marvin Gaye, Curtis Mayfield, Isaac Hayes …o una mezcla de todo como Nina Simone o Stevie Wonder …necesitaría un libro para hablar de cada uno de ellos. Y sobre pop, alguien conoce a un artista más grande que Michael Jackson o Prince?

Esta claro que los cimientos de la música popular del siglo XX son negros pero vamos a ver quién ha recogido el testigo en la actualidad y prometen continuar con el reinado negro:

Benjamin Clementin.

Este joven londinense con sangre Ghana se mudó a Francia siendo aún adolescente y pasó de tocar en el metro y llevar una vida de vagabundo a convertirse en uno de los 28 artistas más influyentes según The New York Times. Autodidacta y virtuoso pianista, su álbum debut “At least for now” (2015) fue uno de los más aclamados de ese año. Nina Simone, Erik Satie…hasta Nick Cave y el poeta William Wlake son ecos que resuenan en sus eclécticas e inspiradas canciones.

Michael Kiwanuka.

No ha cumplido aún 30 años y este británico, hijo de emigrantes ugandeses, ya es comparado con Otis Redding. Hace cuatro años su debut “Home again” prometía y con su nuevo álbum ha dejado más que satisfechas las expectativas creadas. Kiwanuka suena a clásico, su música tiene feeling, es sexy, se respira el mejor soul, desde Curtis Mayfield a Marvin Gaye. Su último álbum “Love & Hate” fue de lo mejor del año pasado.

Alabama Shakes

Ganadores de 3 grammys por álbum debut, “Boys & Girls” (2012) esta banda norteamericana es un soplo de aire fresco en el rock/blues actual junto a bandas como “The Black Keys”. Comparada con Aretha Franklin o Tina Turner su compositora y líder, Britanny Howard, suena a diva del soul y junto a Sharon Jones, es una de las mejores voces de la actualidad.

Gary Clark JR

El sonido de este joven guitarrista texano pasa por nombres como Jimmy Hendrix, Bob Dylan o Stevie Ray Vaughan. Con dos álbumes y varios directos ya ha tocado con los más grandes como BB. King, Jeff Beck o Buddy Guy. Su segundo álbum, “The story of Sonny boy Slim” debutó en el puesto número 6 de la lista americana Billboard.

Asap rocky

Nacido en Harlem hace 28 años, Rakim Mayers (su nombre auténtico) sabe bien que lo que es estar rodeado de drogas, violencia y marginación. Su hermano mayor fue asesinado, su padre estuvo en la cárcel por drogas y él mismo por traficar cuando era adolescente. A pesar de ello el hip hop le cambió la vida y fue nominado al BBC’s radio sound en 2012 antes de lanzar su álbum debut “Long live Asap”. Ha renovado el género y es uno de sus ejemplos actuales más auténticos. Mayers demuestra que no hace falta vestirse de sudadera y llevar kilos de oro encima para hacer buen hip hop. Quizá lo contrario.

 

 

 

 

 

 

 

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