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Colombia necesita destruir las fronteras musicales

Nuestro país, a pesar de los esfuerzos de algunos, no ofrece las condiciones que debería para nuestros grupos.
Fotos: Cortesía Afropicks // @afropickslatinamerica
Fotos: Cortesía Afropicks // @afropickslatinamerica
Por
Redacción Shock

En el hervidero musical mundial existen artistas y bandas excelentes que surgen por todas partes, que renuevan la música de sus ancestros, que mezclan instrumentos y nuevas tecnologías en búsqueda de ritmos que se intercalen y que se respondan entre sí. También se nutren de los encuentros con colegas, cantos y sonidos de otros horizontes.

Por Cedric David / @afropickslatinamerica

Para nadie es un secreto que hoy Colombia es una potencia en el campo de las músicas actuales independientes, donde incursionó con una gran variedad de géneros y de estilos, en circuitos internacionales, con programadores de teatros, universidades y festivales, interesados en llevar a sus espacios propuestas actuales del mundo. Los públicos, las salas y las plazas abiertas a recibir otras músicas se han multiplicado y una gran cantidad de grupos criollos del interior del país, de las costas, y de las islas están girando por el planeta, y lo hacen particularmente en los circuitos que promueven los sonidos más actuales, la música tropical, las músicas del mundo y los festivales de jazz, entre otros.

Es interesante ver como desde hace unos 15 años, nuevas bandas de música latina y orquestas reinventadas que hacen una nueva salsa colombiana, han ido abriendo espacios en escenarios no tradicionales de la salsa, incluso a pesar de la gran competencia que podrían tener con las agrupaciones más emblemáticas del género y, de paso también, con la cantidad de grandes músicos que están radicados en las principales ciudades del mundo.

En la actualidad artistas como Maite Hontelé y agrupaciones como La Mambanegra, que se presentarán en el cierre del festival Tempo Trópico 2018, este 12 octubre, en el teatro Colsubsidio, posiblemente hagan más shows en el exterior que en Colombia, logrando a su paso por cada nuevo territorio que visitan impresionantes reseñas y cantidad de nuevos seguidores. Ellos han sabido continuar con el camino que, en su momento, abrieron orquestas como La 33. Esos grupos se presentan y comparten tarima con grandes leyendas, en grandes escenarios y en los mejores y más exigentes festivales de todos los continentes; en ellos, su música es novedad, y su talento y energía, siempre son vistos y aplaudidos por públicos entusiastas, conocedores y agradecidos. Las posibilidades de darse a conocer, la curiosidad que generan y la calidad del trato en el exterior para nuestros artistas, superan siempre las expectativas.

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Sin embargo, paradójicamente, Colombia aún no es una plataforma para las “bien o mal” llamadas músicas del mundo, creo que nos está haciendo falta un poco de reciprocidad. Nuestro país, a pesar de los esfuerzos de algunos, no ofrece las condiciones que debería, ni tiene circuitos suficientes para nuestros grupos, y mucho menos para ofrecérselos a otros de manera recíproca, si hablamos en términos de oportunidades y de convocatoria. Hace falta una apuesta mucho más significativa por las músicas del mundo actuales y un trabajo más dedicado y constante hacia el público. Tenemos un doble desafío: desde la difusión y las estrategias de mercadeo de este tipo de espectáculos, para así motivar a la gente a pasar del enterarse al acto de la compra.

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Si bien los mercados culturales y los festivales que respaldan este circuito en Colombia presentan y valoran artistas locales y se abren tímidamente a una programación internacional un poco más atrevida, también es de valorar el hecho de que se junten profesionales interesados en programar y promover músicas identitarias y novedosas. El panorama sigue siendo débil, es cierto. Y por lo mismo, es muy importante y sano para el sector, que se generen intercambios y nuevas relaciones; solo así se concretarán más convenios, proyectos, capacitaciones y alianzas con otros países. Jams improvisados, participaciones y featurings para futuras grabaciones.

Si el resto del mundo ya no tiene fronteras y recibe muy bien a muchos músicos colombianos, Colombia también debería derrumbar fronteras mentales y estructurales para recibir artistas y agrupaciones del mundo de gran calidad que, estoy seguro, pondrán a gozar a sus públicos. Ellos, a su vez, alimentarán nuestra creatividad y abrirán mucho más nuestra mente.

¡Que viva la música!