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Colombianos abriéndole tarima a internacionales: ¿es tan bueno como parece?

La cancelación de Zalama Crew como acto de apertura del concierto de Residente en Cali pone a pensar sobre lo bueno y lo feo de ser “telonero” en Colombia.
Elsa y Elmar, Bomba Estéreo
Elsa y Elmar, Bomba Estéreo
Por
Sebastián Peña

La reciente cancelación de Zalama Crew como acto de apertura del concierto de Residente en Cali este 24 de noviembre tiene versiones encontradas entre empresario y banda. Pero más allá de este hecho llegó la hora de echarle una mirada a lo que está pasando con los colombianos que los empresarios ponen como carne de cañón cada vez que un artista internacional viene a dar un concierto.

Por: Sebastián Peña // @sebasnews

Ser telonero o acto de apertura en Colombia puede ser un sueño o una pesadilla. De hecho, desde el uso de la palabra “telonero” ya hay una connotación despectiva hacia un proyecto musical, como si esos invitados artísticos llegaran al evento a barrer, “levantar el telón” o poner música de fondo a las conversaciones de los primeros asistentes.

Para los colombianos participar como artistas invitados a un concierto de un extranjero es un tiro al aire pues puede ser un impulso definitivo o en un fiasco por líos con los organizadores o por la forma la que el público recibe las canciones. Hay anécdotas en las que el público les tira monedas, vasos o botellas de plástico a las bandas emergentes que se suben a la tarima en una total muestra de irrespeto por quien se para a mostrar su arte.

Antes de 2011 los organizadores de conciertos debían incluir una banda local en sus espectáculos de forma obligatoria, en caso de no hacerlo debían asumir un impuesto adicional. Pero con la llegada de la ley 1493 de 2011 sobre la “formalización de espectáculos públicos de las artes escénicas”, se tumbó ese requisito y desde entonces no se le exige a ningún empresario tener talento nacional en sus grandes eventos ni se les da beneficios especiales por hacerlo. Esto quiere decir que se pueden hacer conciertos en los que hay un único show principal, como ocurrió en Sting & Shaggy donde no hubo acto musical de apertura.

La derogación de esta ley no ha significado que los colombianos hayan desaparecido de los programas de los conciertos de extranjeros. Sin embargo, aún no se ha terminado de encontrar la fórmula ideal para que estas fusiones terminen de funcionar para artistas, empresarios y los internacionales. La reciente cancelación de la presentación de Zalama Crew antes del concierto de Residente en Cali reúne varios puntos ejemplares para reflexionar.

EL TRIÁNGULO ZALAMA CREW-RESIDENTE-RICARDO LEYVA JR.

El pasado 16 de noviembre Zalama Crew publicó en su página de Facebook un comunicado en el que anunciaron que ya no iban a tocar en el concierto de Residente en Cali:

 

 

Vamos en un Bolivariano en pleno 2010 rumbo a la ciudad de Bogotá para nuestro gran primer concierto en los Premios...

Posted by Zalama Crew on Friday, November 16, 2018

Según Jessy Arroyo, manager de Zalama Crew, el empresario del concierto de Residente, Ricardo Leyva Jr., canceló su participación a través de un correo que avisaba que “la junta de socios del evento había tomado la decisión de cancelar la presentación de Zalama porque no podían asumir nuestros requisitos a nivel técnico ni aceptar el acuerdo que enviamos como contrato para trabajar con ellos”. Por su parte Ricardo Leyva Jr. cuenta que la oferta inicial para Zalama era montar un acto sencillo tipo soundsystem, pero que fue rechazada porque la banda quería armar un show completo sin importar los gastos adicionales. Adicional, Leyva Jr. manifiesta que la banda pidió agregar un número de personas al staff que eran, según él, innecesarias para tener en camerinos: “cancelamos la participación de Zalama porque no se pudo llegar a un acuerdo en cuanto al número de personas que podían tener acceso al backstage. La manager estaba solicitando la entrada de maquillador, vestuarista, tour manager y de personal que no era necesario tener en el show y que entorpecía la seguridad tras bambalinas”.

Tanto la banda como el empresario dicen que todo lo acordado está constatado en correos electrónicos. Para Jessy Arroyo, a Zalama Crew no se les ofrecieron condiciones óptimas para el show que realizan: “tenemos nuestro rider técnico y siempre enviamos un listado con la gente del staff y otra con los invitados. Cada vez que le enviaba a Ricardo Leyva el acuerdo, él le sacaba un pero. Luego él le dijo a Mauro (integrante de Zalama) que el equipo de Residente no podía compartir backline con nosotros. Esa parte la entendimos porque es normal que el artista principal ponga esta condición. Sin embargo, el empresario empezó a decirnos que le costaba 15 millones de pesos poner a nuestra banda en tarima y que no pensaba asumir ese gasto”.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Ante esta limitación presupuestal Zalama Crew cotizó y decidió asumir el costo de su propio backline, además del dinero y tiempo que ya habían invertido en ensayos y una gira de medios. No presentarse no era una opción. Luego de abrir conciertos para artistas como Manu Chau son claros en decir que estos eventos les ayudan en su proyección artística, a darse a conocer entre nuevos públicos y los pone en la mira de otros empresarios de conciertos o festivales.  

La banda enfatiza que prácticamente ellos estaban pagando por tocar en el evento mientras que Ricardo Leyva Jr. dice que Zalama fue cambiando la propuesta inicial: “yo les iba a poner el rider técnico de un soundsystem y Zalama se empeñó en que querían un show completo. Les autoricé un equipo audiovisual, porque ellos querían documentar el concierto, y también les dije que si querían hacer otro tipo de show diferente al que le estamos invitando debían asumir los gastos adicionales”. Para Leyva la razón definitiva para cancelar a la banda en el concierto de Residente fue que “esto se convirtió en un tema de meter gente al backstage de forma innecesaria y caprichosa”.

LA EXPERIENCIA DE ABRIRLES A LOS GRANDES

En los últimos 20 años se han conocido casos de éxito y de fracaso de los teloneros de un artista y eso no sólo lo ve gente que hace parte de la industria, sino que también es evidente para el público. A principios del milenio ocurrió con Cabas –acto de apertura de conciertos de Shakira y Miguel Bosé–, quien no pudo hacer pruebas de sonido y a quien le tocó presentarse con un volumen más bajo del normal. Hace un par de semanas Systema Solar tuvo varias fallas de sonido en su show previo a El Dorado World Tour de Shakira, además de tener que presentarse en un limitado espacio de tarima y con un juego de luces básico.

En el 2016 Elsa y Elmar fue elegida para abrirle a Coldplay en Colombia. Para su líder Elsa Carvajal, ese show representó una experiencia importante para su carrera que la llevo a sentirse segura con lo que hace y que le ha dado un peso grande para su hoja de vida como artista. Por su parte Diamante Eléctrico, que ha abierto los shows de Foo Fighters y Rolling Stones en Colombia, dice que esas experiencias “les han dejado varias fotos bonitas y mucha caca”, en referencia a la ola de comentarios en redes sociales que recibieron. Caso especial y pocas veces visto fue el de Bomba Estéreo con Arcade Fire en el concierto de finales de 2017 que, más que un “telonero”, se trató de la invitación de unos amigos a otros amigos a compartir una noche musical. Además de presentar el remix de Everything Now en su show, Bomba Estéreo volvió al final del show de los canadienses para acompañarlos en el clímax y epílogo.

Como afirman los miembros de Zalama Crew, ser “telonero” da exposición mediática y la posibilidad de conquistar nuevos públicos y negocios, pero también otras cosas que preferirían olvidar: trato diferenciado al que recibe el artista principal, el cambio repentino de las condiciones de la producción, posibilidades técnicas limitadas, y la posible hostilidad de un público que no los conoce.

Sin embargo, detrás de todo lo visible también hay un componente importante que entra a la balanza: el pago. Sayco asiste a cada concierto para revisar qué canciones se tocan durante el evento. Allí, se supone, son el ente que vigila la distribución de las ganancias de acuerdo con el número de canciones tocadas durante el evento musical por causa de derechos de autor. Por ejemplo, si en un concierto la banda principal tocó treinta canciones y el acto de apertura ocho, el pago de este rubro se debe dividir entre 38. De ese monto recaudado se resta un porcentaje que va para Sayco y el resto se les gira a los artistas por las obras ejecutadas. Esa es la teoría, lo que dicen las reglas, otra cosa es que se ejecute al pie de la letra.

Alfonso Espriella, quien ha tocado en los conciertos de Slash, Fito Páez, Draco Rosa y Vetusta Morla, explica que “Sayco paga por el número de canciones que sonaron durante el evento. A uno le llega su cheque, pero a veces es muy difícil comprobar si lo que está llegando a la cuenta de uno es lo que en verdad es. Es difícil rastrear y hay algunos pagos que no han entrado”. Elsa y Elmar, que se presentó ante cerca de 40.000 personas en el Estadio El Campín durante el concierto de Coldplay, recuerda que duró dos años cobrando sus regalías a Sayco y que fue una labor muy tediosa para que le hicieran el giro del dinero que le correspondía a ella y a su equipo de trabajo.

En 2016 los bogotanos The Mills fueron elegidos para cantar sus temas en el concierto de Maroon 5 organizado en el parqueadero del Salitre Mágico. Por problemas de logística la prensa no pudo ingresar a tiempo para registrar el toque de la banda de rock pop. Para Bako, líder de la agrupación, hay que ser inteligentes con este tipo de invitaciones: “soy honesto y lo menos importante no es el día del show, sino todo el ruido que puedes generar alrededor de ello. El día del concierto todo es difícil y tiene que ser muy luchado; la prueba de sonido es guerreada, tienes un rider diferente al del otro artista y tu show a veces no tiene ni luces ni pantallas. Además, puede que por problemas ajenos a la banda ni siquiera la prensa pueda verte y hablar de ti al otro día en los medios de comunicación”.

Ali Stone, quien fue elegida para abrir en Bogotá el concierto de la gira Purpose de Justin Bieber en el 2017, dice que esta oportunidad fue como “la patadita de la buena suerte” para darle exposición internacional a su carrera de dj y productora. “Gracias a esa presentación tuve una gira en Europa durante el verano, surgieron oportunidades para hacerle música a artistas como Alan Walker y Jason Derulo, y desde entonces decidí radicarme en Los Ángeles donde he tenido la oportunidad de producir desde artistas country hasta R&B”. Aunque ese show fue sencillo y sobrio, tuvo la fortuna de tener un trato que otros artistas nacionales desearían: “quedé muy agradecida con Justin y todo su equipo, pues me habían dicho que los de producción no dejaban que el opening act usara visuales ni luces. Sin embargo, después de mi prueba de sonido, me dijeron que él (Justin) quería que yo usara todas las luces y las pantallas. Además, puso sus ingenieros a mi disposición y dio la orden de que sus camarógrafos grabaran todo mi show”.

Entre aciertos, accidentes y atropellos, la historia de los teloneros en Colombia se sigue escribiendo. Mientras tanto, es necesario poner sobre la mesa este tema para mejorar el ambiente en que se desarrollan las negociaciones entre músicos y empresarios. Los músicos deben ser conscientes de las cosas que pueden pedir, exigir que todo se realice como fue acordado y, en algunos casos, aceptar las condiciones que un acto de apertura tiene en un concierto de otro artista. Por su parte algunos empresarios musicales deben ser claros con las cosas que pueden ofrecer para los teloneros, apostarle con toda al artista local que están invitando a sus shows y entender que las bandas/artistas quieren dar un show a lo grande y no un espectáculo mediocre que puede ser abucheado por el público.

Recordemos que los artistas que hoy consideramos “emergentes”, mañana serán los que nos van a dar alegrías internacionales. Es tiempo de ser conscientes que todos debemos ponernos la “10” por la música colombiana. El momento es ahora.