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¿Con qué disco Totó La Momposina revolcó el folclor colombiano?

25 años de “La Candela Viva”: el disco imprescindible para una buena fiesta a la colombiana.
Photo by Judith Burrows/Getty Images
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Por
José "Pepe" Plata

En 1993 se comenzó a escuchar La candela viva de Totó la Momposina; el disco que marcó una historia para el país. Y mostró cómo sonaba el folclor para una audiencia del mundo. Su música fue fuente de inspiración y renovación, y fue el inicio de una conexión única; la del productor británico Richard Blair con el país.

Por: José “Pepe” Plata // @owai

Cuando se habla de Totó la Momposina, se habla de una mujer cuya vida no tiene más que una misión y un camino. Y es el de la música que desde su infancia hizo que conociera y se adentrara en el folclor de la costa Atlántica y que desde los años sesenta se haya dado a la tarea de divulgar a través de su grupo de tamboreros.

A finales de los años setenta viajó a París y allí vivió con un grupo de teatro. Pudo así adentrarse en una realidad única: la de la antropología y la cultura como forma de comprender al mundo. Esto, unido a su fuerte legado musical, hizo que en 1984 grabara un disco que se convirtió en una grabación de culto: Colombie. Disco que aún se espera sea reeditado.

Los años ochenta fueron de giras y presentaciones en un mundo que miraba la música de otras latitudes bajo la etiqueta “world music” (Música del mundo); una que trataba de mostrar todo aquello que Londres o Nueva York no comprendían y que etiquetaban así si era “exótico”. “Música del mundo” podía ser la de las tribus de África, pasando por la de las comunidades campesinas suramericanas o las de los gitanos. Lo que como etiqueta se impuso para simplificar, fue tal vez una manera de reducir montones de posibilidades y caminos históricos. Y ahí cayó también Totó.

La conciencia de un mundo más allá de las fronteras y dictados de lo anglosajón fue la base para que el músico británico Peter Gabriel fundara la plataforma WOMAD (World Of Music, Arts and Dance) para mostrar la riqueza del mundo a través de la música. Fue así como músicos del orbe entraron a un circuito de giras del que se desprendió el sello discográfico y estudio musical Real World, ubicado en la campiña inglesa donde se le apostaría a la música de artistas que no estarían en una categoría de rock o pop, y a los cuales se les respetaría su creación sonora.

En 1989 comenzaron a aparecer discos del propio Gabriel como la banda sonora de la película La última tentación de Cristo, la orquesta cubana Revé, los hermanos Sabri de Paquistán, la banda Eyuphuro de Mozambique, entre otros. En 1993 uno de los fichajes fue el de Totó la Momposina y sus tambores, quien se había presentado ya en 1991 en uno de los festivales WOMAD. A los estudios de la campiña inglesa cercanos a la ciudad de Bath llegó Totó con sus músicos a hacer su disco. A un ingeniero de nombre Richard Blair le dijeron que tenía que grabar a unos colombianos. Lo que comenzó como un trabajo rutinario terminó siendo la perfecta disculpa para que el regreso de Totó fuera con una invitación para que Blair conociera Colombia. Y la invitación se convirtió en una nueva vida para Richard, quien tomó así la determinación de quedarse en el país. (Y esa es otra historia).

Durante la estadía en este estudio, las grabaciones que se hicieron le dieron un nuevo aire a la música colombiana, uno que mostró qué tipo de sonido era capaz de darle al país una mirada distinta a lo tradicional, sin olvidar de dónde provenía todo. Y es que si bien la música colombiana ya tenía una tradición y una realidad dada a través de la cumbia, el vallenato, el porro, la música de los llanos y más, el que una expresión de la costa fuera apreciada en un contexto internacional y no fuera así mirada como algo raro, bien le daba la calidad que otros artistas tuvieron en sus grabaciones.

Totó había forjado su carrera y camino a través de presentaciones en la calle, los teatros, festivales y espacios donde su música era requerida, pero no tenía suficientes grabaciones. Por esto, cuando la oportunidad de presentar el folclor de sus ancestros se tuvo con este disco, bien fue esta una referencia musical distinta y adelantada en los años noventa. Uno que mostró la capacidad de ser una portavoz de la tradición frente una movida local que retomó el rock a través de noveles bandas como La Derecha, Morfonia o 1280 Almas.

Lanzado en aquel 1993, La candela viva fue además un disco que serviría de referencia para músicos de proyectos como Curupira o La Distritofónica, quienes en el siglo 21 se dieron a la tarea de hacer esa apropiación de lo nacional con un carácter propositivo y no repetitivo.

Hoy, 25 años después se relanza y muestra como la gran joya nacional de los años noventa; una que a las nuevas generaciones inspira y que quedó así hecho:

  1. Dos de febrero: Con un corrillo de voces de un mercado que oye arepa de huevo, se escucha a Totó cantarle a la legendaria fiesta de la Candelaria. Y en ella se habla así del paso de niña a mujer y la madurez en un pueblo caliente.
  2. Adiós fulana: Haciendo uso de los cantos de pueblo con los que se llama a la gente, se exalta así a una mujer que en un pueblo está. Tras esta voz, tenemos a una Totó efusiva y claramente representante de su pueblo.
  3. El pescador: Una de las canciones tradicionales del folclor costeño nacional, misma que se recuerda a través del montaje que en Rock al Parque hizo Alfonso Espriella con Totó.
  1. La sombra negra: Con la base de un son, tenemos una sentida canción de amor que es triste porque es la de un amor no correspondido.             
  2. Dame la mano Juancho: Con un impactante sonido de gaitas y tambores, se reconoce un paisaje nacional festivo. Un llamado único al baile y la emoción.               
  3. Malanga: Una canción festiva que deja en claro el espíritu colaborador de la música, haciendo que intervengan los músicos y en los que hay coros que invitan a moverse.    
  4. Mapalé: El tradicional sonido africano heredado del mapalé sirve además para saludar a todos los participantes de la jornada de grabación. Una tradición musical única y capaz de ser la expresión de un pueblo.
  5. Curura: Con dedicación a los gaiteros de las sabanas de Bolívar, con los mismos que han sido sus acompañantes se arma una canción que es un viaje sonoro por aquella tradición nacional de la música de los sabanales que por siglos han guardado el ganado.
  6. Chi chi mani: Unos deliciosos juegos de palabras que unen a Colombia con Cuba a través de palenqueros y soneros, sirven para que este bello son el que Totó cantó con alegría se convierta en la muestra de la música que del Caribe viene y al Caribe va.
  7. La Candela viva: A través de 4 minutos y 18 segundos, se hace un llamado definitivo a la base espiritual y artística del disco: el fuego. El mismo que aviva a Totó para llamar a su pueblo.           
  8. La acabación: La despedida queda justamente para hacer un despliegue armónico de tambores, gaitas y cantos que parecen ya una caravana que se va del pueblo. Y que si no vuelve, bien dejó el recuerdo en alto.

En el 2015, el disco fue relanzado bajo el nombre de Tambolero y de él se rescataron grabaciones de aquellos años que sonaron así:

 

 

 

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