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¡Coño, Micky! Estuvimos en un concierto de Luis Miguel, el de la serie

Así es un concierto del artista que resucitó gracias a la serie de Netflix.
Foto Oscar Lafox
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La serie biográfica de Luis Miguel en Netflix ha significado también el renacer de su carrera. Todos hablan del drama de su vida a la vez que él realiza la que posiblemente sea la gira latina más importante del año en el mundo. Lo acompañamos en una de sus fechas en España.

Por Liliana Ramírez - @Lilititus // Fotos: Óscar Lafox

Hace un tiempo no muy lejano el máximo elogio para Luis Miguel llegaba por parte de Plastilina Mosh quienes tras más de una década de silencio lanzaron el sencillo Michael Jackson, Luis Miguel: una oda retro kitsch con sintetizadores dedicada a estas dos estrellas del pop con la que a su modo le decían que aún se acordaban de él. La verdad es que, ni con una bola de cristal, habría podido advertirse que esta concesión del mundo alternativo sobre el pop melódico mexicano sería una profecía de lo que vendría un año exacto después: el resurgir de la carrera de “El Sol” con una serie biográfica que batió todos los récords de sintonía, y con la cual nos hemos convertido en tertulianos de prensa rosa andantes conversando con autoridad de los abusos de Luisito Rey o del paradero de Marcela Basteri. Quien no sepa a estas alturas quién es Mariana Yazbek miente, o como diría la canción “miénteme por favor”.

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Hay un país que ha podido constatar de primera mano este renacer en tiempo real y es España. En pleno auge de la serie de Netflix, mientras la expresión “¡Coño, Micky!” se colaba en las conversaciones, Luis Miguel emprendió una inmensa gira por ocho ciudades que finalizó el mismo fin de semana del último capítulo. Las entradas para verlo se agotaron con rapidez en un panorama en el que los diarios estaban concentrados en documentar cada capítulo, y en el que los blogs hablaban de estar enganchados a la historia de “un hombre asombrosamente hortera apodado El Sol de México”.

Asistimos a una las fechas de esta gira en el auditorio Wizink Center en Madrid, ciudad en la que, entre otras cosas, se supo de Marcela por última vez. El nombre del tour es “México por siempre”, en relación a su último álbum y a que a que Luis Miguel le canta a México porque quiere, y porque ya lo enseñó Chavela Vargas a través de su frase célebre “los mexicanos nacemos donde nos da la gana”.

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En el recinto unas quince mil personas (mujeres en su gran mayoría) se agolparon desde tempranas horas de la tarde, coreando y pidiendo que Micky saliera al escenario. Las luces se apagaron, los minutos pasaron, los gritos aumentaron, y él se hizo esperar un buen rato, alimentando así su aura de misterio, hasta que por fin apareció de la nada con su traje negro ceñido, sonrisa perfecta y bronceado como si recién saliera del rodaje de Cuando calienta el sol. Es una escena que se repite desde hace unos 25 años en sus conciertos, una marca construida y perfeccionada con sus múltiples presentaciones en el Auditorio Nacional en donde ostenta un récord de 211 presentaciones y 30 fechas seguidas.

Ante cualquier rumor de decadencia en su aspecto (recordemos que hace un año las demandas y deudas estaban a la orden del día) hay que decir que hoy en 2018 luce mejor y más guapo que nunca, y su principal activo, la voz, permanece intacto. Solo es que empiece a cantar su inabarcable repertorio de éxitos para que sea uno el que se quede sin respiración al presenciar  sus continuas subidas y bajadas de voz. Él creció en medio de una generación de artistas pop mexicanos que ni cantaban ni componían, una época en la que no había ni Julieta Venegas, ni Caifanes ni Café Tacvba a la vista, pero de él no podrá decirse que sea prefabricado, y por el contrario tiene una puesta en escena exigente que raya en el perfeccionismo y la super producción.

En su concierto, Luis Miguel hace un repaso de los boleros y de sus primeras baladas, luego tira a matar con himnos como La incondicional, Entrégate o Hasta que me olvides. De nuevo boleros, pero ahora en el piano, la mayoría de su gran disco Romance. Se dio prisa porque sabía que dos horas y media no eran suficientes para cantarlo todo, así que incluyó varios medleys de esos que logran meter en diez minutos hasta cuatro canciones. Cuando uno pensaba que ya ha sido suficiente y espera en cualquier momento el desenlace de la noche, subió al escenario el Mariachi Vargas de Tecalitán (sí, él los puede pagar y llevar de gira) que por unos 40 minutos nos termina de dejar rematados. Sabes una cosa, Si nos dejan, No discutamos, La Bikina y Échame a mí la culpa, son algunas de las canciones que tocan. Valga aclarar que antes de la serie, su carta para regresar era el segundo álbum de rancheras que le da nombre al tour. Para el final dejó algunos de sus clásicos adolescentes como Ahora te puedes marchar, Decídete y Cuando calienta el sol. La cosa acabó con él tirando flores al público. A este punto las mujeres lo amaban y estaban rendidas a sus pies.

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Asistir a esta gira de conciertos era la oportunidad de presenciar un espectáculo de otra época, no solo porque él quiera parecer un Frank Sinatra latino que canta boleros, o porque sus mayores éxitos tengan más de 20 años, sino porque Micky pertenece a esa estirpe cada vez menos frecuente de estrellas supervendedoras acostumbrada a que sus seguidores se cuenten por millones, quienes aún en sus horas bajas le siguen sosteniendo la parafernalia de las presentaciones en vivo. Esta gira no ha sido una serie de concierto de millenials que lo acaban de descubrir sino de fans de toda la vida que pagan lo que vale su show. A favor de su talento, hay que decir que él ha hecho de cualquier repertorio algo suyo, hay un antes y un después luego de que Luis Miguel haya interpretado a Armando Manzanero, Juan Carlos Calderón, José Alfredo Jiménez, Roberto Cantoral o Juan Gabriel.

Ya que nos hemos iniciado en este mundo de la mitología de Luismi sobre la cual ya se habían escrito varias biografías autorizadas y no autorizadas, y sabemos que fue de su vida en todos estos años en que el mundo del pop cambió cuando las versiones de canción mexicana y latinoamericana más cool quedaron a cargo de Natalia Lafourcade, es hora de darle otra oportunidad y perdonar incluso su álbum de villancicos. A algunos nos puede gustar su música, y a otros no, pero gracias al melodrama de su vida estamos de su lado. Algunas cosas pueden cambiar en México, pero nunca su increíble manera de contar la historia de su propia cultura popular. En el mundo del pop existe la redención. Ahora es el momento de escuchar una playlist con sus canciones, y ponerse una camiseta que diga en letras grandes “Yo odio a Luisito Rey”.