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Control Hardcore, un furioso homenaje a las Vidas silenciadas

Después de años de armarse y rearmarse, y con el peso de la vida adulta encima, la banda paisa Control Hardcore estrenó su primer álbum, ‘Vidas silenciadas
Cortesía Control Hardcore
Cortesía Control Hardcore
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Redacción Shock

Vidas silenciadas, la primera placa de Control Hardcore, es la materialización de una deuda que habían dejado pendiente cinco músicos paisas hace diez años. En 2002, Andrés Montoya, Jorge Arboleda, Jhon Londoño, David Aristizábal e Iván Montero construyeron una amistad alrededor de la música extrema y del mosh que terminó por convertirse en la banda con la que grabaron un primer material de forma muy artesanal. El impulso les significó varias experiencias, varios toques y les alcanzó hasta 2008, cuando se reunieron brevemente para volver tocar, pero pronto cada uno volvió a dispersarse en sus carreras profesionales. Fue solo hasta 2016, con una visión del mundo menos adolescente, que rearmaron el proyecto que los hizo amigos. Con la misma fuerza y con el mismo sonido.

En mis venas se tituló el primer EP de la banda. Tenía tres canciones, fue lanzado en 2016 y terminó siendo un empujón fuerte para que en 2018 acabaran, por fin, su dilatada primera obra, Vidas silenciadas. Un disco de siete cortes con la voracidad rítmica del New York hardcore que no se despega ni un minuto de la crítica. Sus letras, más que composiciones liricas, son un desahogo ilustrado que apunta a la sociedad de consumo, al afán que produce la industrialización del tiempo vital y al adoctrinamiento ideológico. El disco fue lanzado a la antigua y todavía no aparece en plataformas digitales.

El trabajo fue masterizado en Bostón y producido en Estudio 406, la casa que hoy por hoy está sacando adelante la mayoría de proyectos de punk de las montañas de Medellín, esa tierra fértil en musicalidades que cuestionan la historia violenta y desigual del entorno que nos rodea.

(Vea también: La historia no contada del Festival Altavoz)

Cuenta Andrés Montoya, vocalista de la banda, que la idea y el concepto que le dio nombre y forma al álbum surgió por un amigo de su familia: Valeriano Gil, habitante de calle que perdió la visión, buscó un hogar geriátrico para vivir y allí se casó y pasa sus días. Su historia es la de una de esas vidas silenciadas, arrastradas por la imposibilidad.

En Vidas silenciadas los valores y clichés del hardcore (la familia, la unidad, la rectitud) están atravesados por la visión madurada de un grupo de amigos que cayó en esa escena buscando de donde agarrarse para formar su identidad, pero que ahora creció y es un grupo conformado por un psicólogo, un arquitecto, un abogado, un realizador audiovisual. Tipos entrenados en la rutina de la vida y hartados de los estereotipos.

El disco en físico, que en los próximos meses aterrizará en internet, viene acompañado de un saludo a las bandas amigas paisas. Un manifiesto y un agradecimiento. Colapso, Nix, Grito, Cinco de Menos, Fuertes convicciones, Reacción en cadena, En contra de todo, Pelea o muerte, Real House of Hate, Entre Calles, Pariah, Por instinto, Agresores, Goliat, Somos miedo, El verdadero guerrero, Los Suxioz, Nación Criminal, Herida de guerra o Antised son solo algunos de los nombres que mencionan en Vidas silenciadas. Un aterrizaje a lo concreto de esa cosa amorfa a la que le llamamos escena.

 

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