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Así fue el lanzamiento de ‘Imparables’ el disco de Martín Elías

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Redacción Shock

Por: Jenny Cifuentes @Jenny_Cifu 

“El de la estrellita es Martín”, decía Diomedes hablando sobre sus hijos, contó  en una entrevista Patricia Acosta, la mamá de Martín Elías.  A los seis años se estrenó con el micrófono cuando El Cacique lo subió a la tarima a cantar un verso en un concierto en Valledupar.  A los 11 arrancó con el grupo La Familia de Diomedes que piloteaba su tío Elver Díaz. De 14 se le vio en el Festival de la Leyenda Vallenata como vocalista del acordeonero Fernando Rangel quien se coronó  Rey en esa ocasión en la categoría juvenil  y a los 16 arrancó su  carrera discográfica al lado de Rolando Ochoa.  Hoy con 25 años y varios cambios recientes en su trasegar musical (el regreso con Ochoa tras una etapa al lado de Juancho De La Espriella  y el ingreso a Sony Music),  en su expediente se cuentan ya ocho discos.  Dotado de talento y carisma Martín Elías sigue  creciendo  como artista y en una vía nada fácil,  su ruta lo lleva cada vez más hacia arriba.

Estuvimos acompañándolo en el lanzamiento de Imparables que se realizó el pasado sábado en el Parque de la Leyenda Vallenata en Valledupar. 

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La previa

El viernes, camino al Parque de la Leyenda Vallenata (nuestro primer lugar de encuentro con Martín Elías y donde tres días  atrás arrancaba el montaje del show), al encender la radio de la camioneta  se oían  las emisoras locales traqueando el disco Imparables que justo esa mañana  había salido a las tiendas.  En nuestro diálogo en el Parque, el cantante nos habló sobre su disco y nos contó que se moría del susto por su presentación del sábado.  Jornadas largas de trabajo tuvo Martín.  Fuera de ensayos, ese día atendió en la tarde a los medios y en la noche estuvo en la prueba de sonido hasta la 1:30 de la mañana.

A un día del lanzamiento,  el tema recurrente en Valledupar era  Imparables. Sonaba, resonaba y los vendedores lo ofrecían en las calles. El original y el pirata, porque como ya es sabido la piratería abunda (incluso, a nuestra llegada al Parque el primero que nos abordó fue un niño queriendo “que lleváramos” el pirata a $2.000). En los supermercados, panaderías, en las calles, la gente hablaba del álbum.  

Que si estaba bueno, que ese Rolando sí toca, que con una canasta uno se lo goza más, que ir o no a ir al concierto a escuchar las canciones en vivo.…. Meseros de un bar nos contaron que “¡el propio Martín!” había ido hacía unos días a un centro comercial a entregar boletas a la gente. “Eso es muestra de lo sencillo que es.  Como el papá, porque ese sí era un artista del pueblo  y Martín salió como él” afirmaron emocionados. Es evidente que la gente quiere a Martín Elías, que muchos de la legión de seguidores de Diomedes han volcado sus ojos hacia él y  que  lo respaldan, pero también se aprecia claramente  que  con magnetismo, durante sus años de carrera  ha  reclutado  su propio público y que no sólo es “el hijo de Diomedes”,  porque el  trabajo lo hizo él, con su equipo  y a pulso, “sin perdirle ayuda a su papá”, como él mismo nos contó en una pasada ocasión.

La caravana amarilla

 Llegó el día del show y los “Martinistas”, los fans que lo hacen brillar, se vistieron de amarillo y andaban por la ciudad armados con el kit: camiseta, gorra y boleta.  Nosotros fuimos a su casa. Literalmente, nos le metimos al rancho. Martín estaba con su esposa y su bebé haciendo entrevistas, invadido por cámaras y micrófonos. Vimos hasta su camisa amarilla con imagen del Cacique que llevaría puesta en la caravana, colgada en la cocina.  Luego salimos a casa de Rolando donde también circulaban  muchas personas. Medios, fans, notas de prensa, emoción, carros con el letrero de Imparables y bafles a punto de explotar amplificaban el disco.

Luego las “tareas” varias, todos ocuparon sus lugares y arrancaron hacia Los Poporos, el sitio de encuentro para la partida de la caravana. Un río amarillo de gente, carros, motos formaba el cuadro en la calle. Pancartas y letreros de fans que venían de otras ciudades se veían entre las manifestaciones de cariño y apoyo. Martín y Rolando en su camioneta saludaban apasionados admiradores.

El Látigo -compuesta por Rolando-, sonaba incesantemente y protagonizaba uno de los momentos hits de la tarde: cuando Martín, subido en el techo de la camioneta gritó “abran pista, que se metió el látigo” y con látigo en mano bailó haciendo enloquecer a la masa amarilla, porque  El Látigo es en realidad una canción que se pegó sola, y la que más tronó durante nuestra estadía en la ciudad seguida del Medley Chan con Chan/Sé que bebo, Sé que fumo y La Ex en tercer lugar entre nuestros sondeos.

Durante la caravana aparecieron entre otros  la mamá de Martín, algunos de sus hermanos y Joaco Guillén  quien fue durante una etapa manager de Diomedes.  Después de mucho sol y jolgorio, finalizó la caravana que cumplió con su objetivo, alentar a los artistas y subir la temperatura para el concierto de la noche. Todos nos tornamos martinistas.

Imparables

Minutos antes de salir al escenario Martín Elías y Rolando tuvieron un momento de oración que staff y  medios presenciamos. Era hora de subir a la tarima con todos los fierros. El Parque estaba repleto. Casi a las 11 de la noche y luego de imágenes con testimonios de la madre Martín, el show despegó con El Látigo que de nuevo provocó euforia. Y  como dice la presentación de una canción en el álbum,  señoras y señores, ahí  estaban  dos herederos encargados de llevar la bandera de su dinastía: el Gran Martín Elías y Rolando Ochoa batiéndose. “Fast & Furious” decía una pancarta con sus rostros que alguien del público llevó.  La audiencia estaba emparrandada.

Viejos y jóvenes, porque había de todo. Juntos, pintando de amarillo el Parque gozaron los cortes de Imbatibles, material que se grababa para recopilar en un DVD.  Varios fans fervientes se subieron a la tarima y se abrazaron al cantante que supo sortear la situación, era el resultado de tanta emoción porque Martín  con su actitud enganchó al respetable.  Hasta un brasier  le lanzaron.  El cantante dijo que con ese trabajo sacaba nuevamente su cédula  y afirmó: “Yo no lanzo hoy el disco en el Parque para competir con nadie,  sino para engrandecer el folclor”.

El Terremoto volvió imparable y luego de interpretar los temas de su nueva placa, llegaron los hits pasados con Rolando (Ábrete, El Terremoto, etc.) que la gente coreó.  La parte emotiva en la que se encendieron las luces de los celulares de los asistentes se vio en  un homenaje a Diomedes que se inauguró con la aparición la mamá del Cacique, “La Vieja Elvira”  en el escenario, quien estuvo sentadita en un sofá (situado al lado del maestro de la caja Rodolfo Castilla) escuchando a su nieto cantar y limpiándole el sudor con un pañuelo.

Con sentimiento Martín interpretó  A mi Mamá, del Cacique. El público cantaba también. Rafael Santos, hermano de Martín, también irrumpió en la tarima. Se oyeron cortes como  Mi Muchacho, y versos entre hermanos. De fondo las pantallas desplegaban imágenes de Diomedes.

El Látigo volvió a sonar finalizando el concierto que con pirotecnia y vallenato dejaron al público feliz, enfiestado y orgulloso de su artista por dar  un gran show.  “La estrellita” de la que hablaba El Cacique se le vio a Martín, quien ratificó en su disco y en su presentación, uno de los versos que de manera jocosa improvisó en el camerino antes de salir a escena: “lo dice Martín Elías y lo canta en su sentir, hijo de Diomedes Díaz, ¡hombe tenía que servir!”.

 

 

 

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