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Drake logra otro disco cómodo y exitoso con Certified Lover Boy

En su sexto álbum de estudio, el artista canadiense Drake hace lo que lo ha hecho grande: acudir al inigualable placer de lo conocido. Ahí están las claves de la fuerza y debilidad del disco.

Drake - Certified Lover Boy álbum musical
Drake en 2017 durante los Billboard Music Awards en The Fountains of Bellagio. (Crítica del álbum Certified Lover Boy)
//Foto: Ethan Miller/BBMA2017

Ah, el inigualable placer de lo conocido. El sabor de la cocina de la abuela, la textura de ese saco de lana que usas desde hace años, el placer de ver a tus amigos del colegio, la seguridad de seguir una rutina que estructura tu día, la comodidad de prender la radio y escuchar a Drake cantar sobre los complots que planean sus rivales y una nueva mujer que le rompió el corazón. Ah, qué bien se siente volver a casa.

Por Santiago Cembrano | @scembrano

Certified Lover Boy es el sexto álbum de estudio de Drake, publicado por OVO Sound y Republic Records. Cuenta con colaboraciones de Future, Young Thug, 21 Savage, Lil Baby, Lil Durk, Giveon, Ty Dolla $ign, YEBBA, Project Pat, Tems, Jay-Z, Travis Scott , Kid Cudi, Rick Ross y Lil Wayne. Y en la producción, los de siempre: 40, Nineteen85, PartyNextDoor, OZ, Vinylz y algunos más.

Sobre sus lienzos sonoros elegantes y confortables —con baterías contemporáneas y samples ochenteros con un cariz acuoso— el niño de Toronto canta y rapea sobre amores no correspondidos, la buena vida que lleva y los rivales que lo quieren ver caer. Drake también es el de siempre, y esa es la causa de buena parte de las fortalezas y debilidades del disco.

Con disciplina y precisión, Drake cuida de cada detalle de Certified Lover Boy y compone una experiencia que complace a los millones que escuchan su música, por voluntad propia o como parte de un mundo en el que no se puede escapar del pop.

Los coros son pegajosos, los beats son su versión del rap actual, los samples evocan nostalgia y lujo y su balance entre rapeo y canto hace que su música llegue a una audiencia enorme. En su mundo podemos encontrar inspiración para derrotar a los adversarios que dudaron de nosotros, material para despreciar o llorar amores que no funcionaron y motivación para llegar a la cima.

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En la época del algoritmo, Drake es una gran estrella

Drake es experto en escritura SEO, hábil a la hora de forjar frases que se hagan virales: ya he visto más de un caption de Instagram que dice “I’ve been losing friends and finding peace”, como él canta en Fair Trade, perfecto material para emprendedores y gurús del coaching.

Sus canciones son promesas de consistencia, nos dan frases para relatar nuestro trayecto hacia el podio y para dedicarle a la ex.

Aunque en You Only Live Twice se compare con Michael Jackson, Drake nunca lo alcanzará, sobre todo porque ese tipo de fama y estrellato no son posibles en el fragmentado siglo XXI; pero Drake sí tiene un buen argumento para ser el rey del pop, con su sensibilidad inigualable para lograr un sonido limpio y encantador, para mezclar la sensación de familiaridad con la del lujo máximo inalcanzable para el 99% de su audiencia y así lograr una identificación sentimental y aspiracional.

De hecho, CLB tiene más sentido si se piensa como una playlist en la que todos los temas pueden ser hits, útiles para cualquier ocasión.

Y pueden ser hits porque ya los conocemos bajo otros nombres y otras versiones, porque nos llevan a una zona cómoda. Es tan fácil escuchar al Drake de 2021 e identificar los moldes de sus canciones del último lustro: el afrobeat, los samples de soul, las canciones sobre la traición, las melodías sentimentales, los rapeos llenos de rencor, las baladas de R&B y la capacidad para hablarles tanto a los hombres como a las mujeres. En la época del algoritmo, Drake es una gran estrella porque interpreta a la perfección qué quiere la gente, y sabe cómo llamar su atención y dárselo, una y otra vez.

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Portada album musical certified lover boy de Drake
Certified Lover Boy (2021), álbum musical de Drake.
// OVO - Republic Records

Para Certified Lover Boy, Drake llama la atención desde la portada. Diseñada por el artista británico Damien Hirst, muestra tres filas de cuatro emojis de la mujer embarazada, cada una con distinto color de piel, de pelo y de ropa. ¿Drake las embaraza a todas? ¿Es un gran patriarca del rap contemporáneo? ¿Es antiaborto? La interpretación es libre; la polémica, inmediata.

El gesto es barato, pero funciona: fue publicada unos días antes del lanzamiento del álbum y rápidamente se convirtió en meme, fue reinterpretada desde distintas cuentas y marcas y se hizo omnipresente en las redes sociales. Es la descripción gráfica de la música de Drake: muy similar, con apenas suficientes cambios y actualizaciones como para que la estrategia funcione. Y es la descripción también del éxito de Drake: lo importante es capturar miradas, ser el foco. ¿Que es inmadura para un hombre que va a cumplir 35 años? Qué importa.

Qué importa si Certified Lover Boy es insufriblemente largo, si no tiene una dirección clara, si las canciones son casi indistinguibles entre sí y tampoco se diferencian de las de los discos anteriores, si sus chistes (“Say that you a lesbian, girl, me too”, canta en Girls Want Girls) no pegan, si su honestidad es cuestionable y se siente fabricada, si más de un beat se siente aguado y recalentado hasta el hastío. Qué importa. Aunque el cosmos se ha ido reacomodando alrededor de nuevos talentos, Drake sigue siendo una estrella rutilante, que puede establecer hits en el tope de la lista de ventas casi sin pararse de la cama.

Los números de Drake

Al colaborar con nuevos artistas y estilos, los impulsa (y los copia, dirían los más críticos). Es amigo de las estrellas de la NBA y del cine. Es la carne viva de la cultura pop para una, dos o hasta tres generaciones.

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En el ranking de Billboard publicado el 18 de septiembre, las 21 canciones de CLB hicieron parte del top 40, y el álbum debutó en el número 1 en ventas. La canción que encabezó la lista fue Way 2 Sexy y solo una del top 10 no era suya.

En los 63 años del Hot 100 de Billboard, esta es la segunda vez que un artista mete 21 temas en la clasificación. La primera vez también lo hizo Drake, con Scorpion, en julio de 2018. Hay más cifras que funcionan como argumentos, pero la conclusión es clara: estamos ante uno de los artistas más exitosos en la historia de la música.

Aún si en otras categorías su afirmación flaquea, la abundancia de sus ventas es el principal punto que Drake puede esgrimir para justificar su lugar entre los más grandes de la historia del hip hop, como presume a lo largo del disco. Esta es, quizás, la ocasión en que más se ha permitido pensar en su legado y resaltar cuál considera que es su lugar en la cultura.

Certified Lover Boy

En Champagne Poetry, Drake da la bienvenida a CLB con un brindis que resume su estado mental. Celebra el impulso que le ha dado ser padre, los tejidos de cachemira que lo arropan durante sus paseos en bote y la posición que ocupa en el rap.

Mira a sus oponentes desde la cima del éxito, pero también muestra lo que ha sacrificado para llegar hasta allí. Y en esa nota también cierra CLB. The Remorse se remonta a los inicios de su carrera, cuando empacaba discos con su mamá y la gente lo reconocía más por ser actor de Degrassi.

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Les agradece a sus amigos 40, Noel, Niko y CJ por protegerlo, admite el dolor y la ansiedad como componentes claves de su creatividad y a su hijo como lo único que le duele dejar de lado cuando viaja. Con ahínco, elogia que su trabajo pague una buena vida para su familia.

Entre el inicio y el final, Drake detalla cómo los demás raperos son sus hijos (Papi’s Home), bebe Don Julio 1942 y mira a su círculo con desconfianza mientras busca lealtad (Love All y Fair Trade, que muestra otro flow) El leitmotiv de que Drake solo confía en quienes han estado ahí desde el inicio continúa en No Friends In The Industry, en la que plantea que es el más grande de todos los tiempos, sin discusión.

Knife Talk, oscura y acechante, es una declaración de guerra. Y no sería un disco de Drake si no hubiera un tema con una hora y un lugar específicos desde los que se abre y muestra sus entrañas: en 7 am on Bridle Path apunta con convicción y contundencia contra Kanye West y retoma su caso de ser el más grande mientras se separa, una vez más, del resto del panorama.

En la extravagante You Only Live Twice celebra su carrera, a la vez que justifica su actitud por las traiciones y desplantes que ha sufrido de los que dijeron ser sus amigos.

Por otro lado, la otra mitad de Certified Lover Boy le hace honor al título. Hay coqueteos con mujeres lesbianas (Girls Want Girls), noches de fiesta y descontrol con amor y sexo pasajeros (In The Bible, con una nueva inflexión vocal de Drizzy, y N 2 Deep) y hits ridículos y divertidos (Way 2 Sexy) o hábiles en la captura de otros sonidos (Fountains, con Tems, es un temazo de afrobeat en el que Drake domina la melodía y el ritmo).

Su lado narrativo brilla en TSU —de las mejores del álbum— y su historia de una ex estríper que ahora le pide plata para montar un negocio. Pipe Down lo muestra decepcionado ante una relación que no resultó como él esperaba: ¿cuánto tiene que gastar para que ella se relaje?

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En Race My Mind, una agradable balada, ahora es Drake el que sufre mientras espera a su mujer en casa mientras ella se emborracha en la discoteca. Get Along Better vuelve a analizar qué falló en la relación y cómo la confianza se rompió. En la muy arrecha Fucking Fans admite que su infidelidad arruinó la relación.

La relación de Drake con las mujeres es una columna firme sobre la que él ha erigido su carrera como un rompecorazones romántico que no quiere compromisos, pero a la vez tampoco quiere que estén con nadie más que con él. Drake es re tóxico, dirían los jóvenes.

No es que los sentimientos deban ser coherentes, pero por como él los escribe parece que no fueran parte de una misma historia sino apenas fragmentos y viñetas de un personaje lo suficientemente amplio como para que se puedan relacionar con él desde cualquier situación emocional.

En Fucking Fans pasa de pedir disculpas a entrometerse en la nueva relación de su ex; en Race My Mind empieza con palabras románticas y de sufrimiento y termina explicando por qué ella no merece ser su esposa. Lamenta la deslealtad de una mujer y a la vez la insulta y promete que se va a meter con sus amigas. La conclusión que él ofrece es que no se va a casar, porque nadie lo puede controlar.

¿Pero entonces qué pasa con todo lo demás que ha cantado? ¿Es honesto o solo parte de la escritura —hecha de manera grupal, claro— más efectiva para sonar en radio?

En Certified Lover Boy lo que más ama Drake es a sí mismo. El álbum no se diferencia mucho de cualquier otro de los cinco que lanzó en la década pasada. Relata la presión que siente y los diamantes que surgen como resultado, sus aventuras románticas y el precio de la fama.

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Entre todos los alardeos sexuales y materiales, sin embargo, destaca lo solo que se siente. No es claro si es parte del personaje público, o si en ese aspecto la fachada se agrieta y la luz ilumina lo que vive y le cuesta mostrar. Tal vez, cuando acaba el álbum recordándole a los nuevos que nadie reza por el que va ganando, está emitiendo un grito de ayuda. O quizás todo es parte de la máquina comercial, que sigue andando a buen ritmo, directo al destino de otro álbum de platino.

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