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El famélico y soso regreso de Charly García

“Random” no tiene canciones decisivas, redondas, completas, más bien son como retazos de retazos y restos de lo que fue un compositor enorme
Por
Chucky García

Uno de los grandes del rock en español nada entre las tibias aguas de un nuevo álbum que suena a misa de domingo y que solo junta algunos pedazos de lo que alguna vez fueron su voz e ingenio.

Por: @chuckygarcia

Del Charly de toda la vida hoy parece que solo quedan huesos. Y es literal. Días atrás, con semblante de modelo anoréxica y subido en una limosina visitó varias discotiendas y librerías de Buenos Aires para firmar algunas copias de Random, su regreso al mundo de la música: un mundo en el que en todo caso vaya uno a saber si él aún encaja o si realmente tiene algo nuevo para decir cuando ya tiene en su haber una docena de discos en los que lo dijo todo.

Cuántas cosas le debemos a García, demasiadas. Desde los excesos hasta canciones que con 30 años encima siguen brillando en el cancionero latinoamericano, y no mencionaremos aquí la palabra “rock” para no encasillarlas, porque sin duda están más allá del género: son retratos completos de épocas difíciles, políticas, de eras que finalizaban y otras que se abrían campo; de heridas sociales que aún sangraban y que si bien tenían como punto de referencia a la Argentina le tocaban la fibra a los demás audiencias de los países del continente o de habla hispana.

Vean el video. En la limosina en que Charly salió a vender su nuevo Random incluso luce como un personaje de la serie The Walking Dead, pero no como uno de esos que matan a los zombis con sables y palas sino como un “caminante”, como un autómata atrapado en el asiento trasero del auto. Además, a quién le importan las limusinas ahora que cualquier quinceañera puede alquilar una para salir a lucir su vestido de satín mientras se toma fotos para el Instagram y a nadie más le importa. Hubiera sido mejor salir a vociferar con un megáfono que hace 35 años exactos lanzó Yendo de la cama al living, y que sigue sin ser superado.

Random no tiene canciones decisivas, redondas, completas, más bien son como retazos de retazos y restos de lo que fue un compositor enorme; las nuevas canciones parecen como migajas para encontrar el camino hacia una voz, una prosa y una genialidad que conmovían y retaban lo establecido y que ya no están, en todo caso; por más que hoy nos quieran decir que su regreso es en todo caso un milagro de Dios.

Random suena a misa de domingo, a una de esas misas somníferas en las que un piano aúlla al fondo mientras un cura sin voz trata de hacerse notar con unos textos confusos que a ciencia cierta no van para ninguna parte. Una de esas misas en las que uno habrá de despabilarse solamente en un par de ocasiones, para darse la paz y para depositar una limosna, y tras las cuales uno se va a casa con una sensación de haber sido embalsamado más que liberado con la liturgia recibida.

Muchos dirán que teniendo en cuenta todo lo que ha pasado con Charly García en los últimos años, tanto con su salud como con su condición mental y su rehabilitación Random es su “mejor esfuerzo”, pero en ese caso “mejor esfuerzo” es desempolvar sus álbumes clásicos, un par de los 90 y uno de la década del dos mil como “Influencia” y decirle al icono argentino “gracias por todo y por tanto, pero Say No More, como el título de su álbum de hace 20 años.

Un Charly que ahora y a duras penas puede autografiar los discos que la gente le pasa a través de la ventanilla de la limosina es como el Señor Burns mendigando por atención en el episodio Monty no puede comprarme amor de Los Simpson, y en donde este personaje hace lo que sea por ganar la atención de la gente mientras compite en popularidad contra el multimillonario Arthur Fortune.

Más que un personaje animado de ficción, lo cual es aún más triste, García luce como una caricatura real y pobre de sí mismo y su voz, que siempre fue como la voz de una revolución en sí, desde el primero hasta el último tema de Random es famélica y por momentos como si antes de grabar los temas el otrora coloso hubiera aspirado helio por la boca.

 

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