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El Rey de Reyes del Festival de La Leyenda Vallenata

Con duelos entre los más versados acordeoneros del país y homenajes a ‘El Gran’ Martín Elías, el Festival de La Leyenda Vallenata celebró sus 50 años.
Por
Jenny Cifuentes

Con duelos entre los más versados acordeoneros del país y homenajes a ‘El Gran’ Martín Elías,  el Festival de La Leyenda Vallenata celebró sus 50 años y eligió al ‘Rey de Reyes’.

Por Jenny Cifuentes @Jenny_cifu

Este fin de semana se celebró el  Festival de La Leyenda Vallenata, uno de los encuentros musicales más relevantes de Colombia, al que asiste público de todas partes del país dispuesto a gozar con las interpretaciones de artistas consagrados y nacientes, que hacen su aparición en diferentes tarimas. Un evento en el que diestros acordeoneros compiten durante varios días por la corona de Rey Vallenato, y que cada diez años (desde 1987), realiza una edición llamada Rey de Reyes, convocando a quienes ostentan el título de Rey, para batirse en una contienda que define quién es el mejor entre los monarcas del acordeón: el Rey de Reyes.

En época de Festival, Valledupar es la tierra prometida.  El jolgorio la posee y la parranda es omnipresente. Hace 5 décadas, Rafael Escalona, Consuelo Araújo Noguera y Alfonso López Michelsen crearon allí el Festival, para hacer lucir un género que nació campesino, entre potreros y corrales.  Hoy el certamen –que eligió como primer soberano a Alejo Durán en abril del 68, pero que empezó gestiones meses antes-, se ha agigantado, tiene nombre en mayúsculas en el panorama nacional y festeja 50 años de historia.  Por eso, para que estas “bodas de oro” fueran con toda, la ciudad se puso la pinta, queriendo seducir a turistas y locales: lanzó el Monumento a Los Juglares con las  imágenes de Diomedes Díaz, Poncho Zuleta y Jorge Oñate, dio brillo a otras obras como las esculturas en forma de monedas con los rostros de Leandro Díaz, Lorenzo Morales, Rafael Escalona, Emiliano Zuleta y ‘El Cacique de La Junta’, y entre otras “medidas de embellecimiento”, construyó grande la frase “Yo Valledupar”, para que habitantes y foráneos se hicieran fotos. Así, engalanada, y tronando vallenato, la ciudad del Cacique Upar, epicentro del culto al acordeón, hizo gritar a todos estos días: ¡Ay hombe, que viva el Festival!

Con el tradicional Desfile de Piloneras que inundó las calles de color y baile,  resonando la famosa estrofa: “A quién se le canta aquí,  a quién se le dan las gracias,  a los que vienen de afuera, o a los dueños de casa”, despegó la jornada del jueves 27, que en la noche concentró a la audiencia en  la inauguración del evento en  el Parque de La Leyenda Vallenata: un musical lleno de memorias con la aparición de Ivo Díaz (hijo de Leandro), 20 de los Reyes participantes, dos  Rey de Reyes  y  Los Niños del Vallenato de la Escuela Rafael Escalona. Un show que además, tuvo su momento culmen con   Jorge Celedón, Iván Villazón y  Peter Manjarrés interpretando Los Cuatro Aires,  canción oficial del Festival este año, mientras las pantallas desplegaban la imagen del fallecido Martín Elías (quien  había participado junto a ellos en la grabación del tema).  Así, con una gran producción, luces, pirotecnia, alegría y tristeza a la vez,  se dio inicio a la fiesta de los acordeones.

Duelo de duros

La corona de Rey de Reyes,  engrosaba hasta ahora  el expediente de tres duros con el fuelle: el ya desaparecido Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza (1987), Gonzalo Arturo ‘El Cocha’ Molina (1997) y Hugo Carlos Granados (2007).  En esta ocasión, 21 acordeoneros, Reyes jóvenes y veteranos, batallaron para ser el cuarto con el título. Y fueron sólo 21, porque a la justa hay Reyes que no se inscriben. Por ejemplo, Alfredo Gutiérrez, quien ha sido tres veces Rey Vallenato - y que según muchos, ya debería tener una edición en su honor -, optó por no participar, al igual que Sergio Luis Rodríguez, actual compañero de Jorge Celedón, quien argumentó tener muchos compromisos.

Con los inscritos, con meses de  preparación a su espalda,  arrancó la disputa. Los competidores fueron divididos al inicio en tres grupos de siete. El  viernes, con la Plaza Alfonso López a reventar, los  concursantes, que tienen que tocar a la perfección los cuatro aires del vallenato: paseo, merengue, puya y son, con la obligación de cantar por lo menos uno de los temas,  acompañados de diestros guacharaqueros y cajeros (por citar un par: Álvaro 'El Ñame' Mendoza, mago con la guacharaca, o  Rodolfo Castilla, toda una institución de la caja), se dieron candela  en la primera eliminatoria.

Entre los espectadores de la Plaza, se vieron cabezas de dinastías de instrumentistas, como el maestro del acordeón Ovidio Granados, padre de Juan José Granados, y hermano de Almes -quienes se midieron en tarima-, y también reconocidos cantantes apoyando a sus compañeros de fórmula: Jorge Oñate a su acordeonero Álvaro López,   o Iván Villazón, a su acordeonista Saúl Lallemand. Incluso, desde las redes, Carlos Vives manifestaba su aliento para Christian Camilo Peña, quien lo ha acompañado en shows por más de un año. Con fanaticada numerosa o pequeña lanzándoles “vivas”, de los 21 pasaron 15.

Me lleva él o me lo llevo yo. 

Al día siguiente, en el mismo escenario, con una temperatura brava y bajo el  sol achicharrante, en una jornada que empezó algo más tarde de lo previsto, y que tuvo su toque con la rechifla al ex presidente Ernesto Samper, al que la gente le gritó en coro: “8.000”, no propiamente “a sus espaldas”, los asistentes pudieron presenciar el despliegue de virtuosismo de los 15 músicos citados a seguir la contienda.  Al final de la tarde el jurado escogió 10 para continuar. Me lleva él o me lo llevo yo, zone. 

Cada Rey tiene su “barra” que carga pancartas, volantes y hasta camisetas. Al igual que en varios festivales nacionales, desde que empiezan a aparecer los nombres de los que clasifican, el descontento de sectores de público se hace evidente y las afirmaciones de que “eso es por la rosca” o “los organizadores ya tienen su ganador desde el principio”, afloran.  Pero eso hace parte del fervor por los músicos, de la fiesta, y termina divirtiendo. No falta el eliminado herido desahogándose en Instagram, ni los chismes en el ambiente que se crecen. Hasta cuentos falsos de presionar en el fallo le montaron a Carlos Vives, que como decía Diomedes en una canción: “No se mete con nadie”.  Tan cansones se pusieron que el propio Vives desmintió el runrún en sus redes e instó a la gente a cambiar su forma de pensar.  Pa que se acabe la vaina.

En la Feria Ganadera, en la mañana del domingo 30, diez acordeoneros con tremendo nivel,  demostraron su dominio y concentración ejecutando repertorio tradicional, sabroso, y emocionando a sus oyentes -bueno, a los que lograron entrar, porque al sitio no le cabía un tinto y quedó muchísima gente por fuera-.  De esa sesión, fueron seis los elegidos para la batalla musical a muerte que se daría en la noche: la gran final, en la que una nota los hace ganar o perder la gloria.  

En la corte del Rey de Reyes

En un escenario bellísimo en el Parque de la Leyenda Vallenata, con un luminoso acordeón de fondo, los Reyes: Almes Granados, Navín López, Álvaro López, Christian Camilo Peña y Wilber Mendoza, citados a duelo, armados de acordeón, mostraron por qué son titanes del folclor. La realeza en pleno enfrentándose. En una competencia apretada, con el público al borde de un colapso nervioso, los jurados (entre los que estaba incluido el famoso acordeonero  ‘Juancho’ De La Espriella), eligieron como IV Rey de Reyes a Álvaro López, dueño de la cadencia, la nota fina, y las interpretaciones magistrales de los ritmos vallenatos.

‘Alvarito’, como es conocido, destripador de instrumentistas amateur,  hijo de Miguel López (Rey Vallenato en 1972) acordeonero de dinastía (familias que han vivido eternamente en el vallenato y sus dotes pasan de generación en generación), fue el último acordeonero de Diomedes Díaz, y tras la muerte de ‘El Cacique’, se unió a Jorge Oñate. Luego de recibir la corona y sentarse en su silla dorada, aclamado por la audiencia, dijo: Este triunfo se lo dedico a Diomedes y a Martín Elías. Diomedes, no te defraudaré nunca. Me encomendé a ti para ganar”. Grande ‘Alvarito’.

Homenaje a ‘El Gran’ Martín Elías

La partida de Martín Elías entristeció la ciudad, el folclor y el Festival, pero el luto vallenato se vive con cantos y acordeones, y en Valledupar, estos días sonó Martín hasta debajo de las piedras. La gente además, manifestó estar a la expectativa por el lanzamiento del disco Sin Límites, que dejó grabado, próximo a publicarse.  

Muchos de los artistas que presentaron sus shows en diferentes lugares,  dedicaron un espacio para evocarlo.  En el Parque de La Leyenda Vallenata, se vivió un homenaje ofrecido por sus hermanos, los dos acordeoneros con los que trabajó y la que fuera su agrupación.    Luego de la pirotecnia, en pantallas gigantes se exhibieron sus fotografías. Rafael Santos su hermano mayor, le dedicó unos versos, los remató cantando: “soy un hombre complaciente, ¡ay Martín dame valor para cantarle a tu gente!”, e interpretó los cortes Mi Muchacho y Mi Primera Cana, acompañado por el acordeón de ‘Juancho’ De La Espriella. Elder Dayán, junto al acordeonero  Rolando Ochoa, puso a sonar El Terremoto y 10 Razones, y  Luis Ángel cantó Ábrete. Una noche en la que palpitó el cariño para Marto -como le decían-, sentimiento compartido por el pueblo vallenato.

Otro de los tributos al cantante fallecido que se vivieron en El Parque, fue el de Jorge Celedón, quien en su show proyectó imágenes de fondo en las que aparecían juntos, mientras interpretaba La Noche de mis Recuerdos, un tema muy querido por Martín, que Jorgito grabara en el pasado con Diomedes Díaz. Sumado a los anteriores, Carlos Vives, en su presentación de cierre de Festival, como introducción a su tema Quiero Verte Sonreír mostró un video diciendo: “Gracias Martín, por tu familia, por tus canciones, por tu estilo único, por tu autenticidad, pero lo más importante, por tu amistad, por creer en mí, por ser tan cariñoso con mi familia, viaja tranquilo Martín, porque este amigo solo quiere verte sonreír”, al final, en el Parque lleno e iluminado se oyó el coro de la audiencia: “oeoeoe Martín, Martín”.

Como este año, también se eligió Rey de Reyes de las categorías: Canción Inédita, en la que hay disputa entre rudos compositores, y Piqueria, en la que los mejores verseadores, improvisadores y magos del verbo compiten, éstos en sus jornadas eliminatorias y en la final,  también rindieron homenaje a Martín. Una de las improvisaciones  que se escucharon rezaba:”Yo lo pienso todo el día y no me siento contento, de rodillas canto un verso para el gran Martín Elías”

El fervor que desató el vocalista en el público es aún palpable, y evidente además en la romería de la gente a Jardines del Ecce Homo para visitar su tumba adornada con flores amarillas (el color del ‘Martinismo’) y con la M, el logo que lo identificó en los últimos años. Decía Martín: “No es dar el paso, sino dejar la huella”.

Larga vida al Festival

El Festival (que tiene ya estampilla conmemoratoria de 50 años) , en el que se vio a Daddy Yankee y a Carlos Vives ejecutando juntos Nota de Amor, y al reggaetonero botando unas frases para el vallenato; a  Ricardo Montaner cantando el tema de Rafael Escalona Jaime Molina junto a Jorge Celedón y Sergio Luis Rodríguez; a Marc Anthony explotando la tarima bajo una torrencial lluvia y a Silvestre intercalando  nuevo repertorio con algo del pasado. El encuentro que puso a parrandear con aclamados intérpretes como Farid Ortiz, Peter Manjarrés, Iván Villazón, Poncho Zuleta o Silvio Brito, y con Rafa Pérez, Mono Zabaleta, Ivan David y otros artistas de la nueva generación; que  llenó de sentimiento con compositores del talante de Adolfo Pacheco, Rafael Manjarrés o Romualdo Brito, que han nutrido de poesía belleza el vallenato,  dejó claro que es un punto clave para la permanencia del vallenato tradicional y para el desarrollo comercial del género.

A pesar de tener parches, como las quejas de la gente por el alto costo de boletas para acceder a los shows grandes del Parque de La Leyenda (que oscilaban entre 180.000 y 870.000), la polémica desde hace ya varios años por la inclusión de artistas de reggaetón, balada etc. (que al final terminan siendo un hit para el público, aunque con excepciones), la falta de camerinos para los artistas en espacios como la Plaza Alfonso López, -apreciación hasta del mismo Rey de Reyes- o la falta de roadies atentos a solucionar impases que se vieron en algunas sesiones, el Festival de la Leyenda Vallenata celebró sus 50 años con todos los fierros, ratificó su importancia en la cultura nacional, y dejó felices y antojados de volver a todos a los que la sangre les hierve al compás un acordeón. En Valledupar de nuevo, como dice la canción que grabaron Diomedes y ‘Juancho’ Rois: “Ganó el folclor”.

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