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Elio Boom: pionero de la champeta y rey del vacile

Un hombre clave para el género.
Foto: Rafael Bossio // Fundación Gabo.
Foto: Rafael Bossio // Fundación Gabo.
Por
Paula Ricciulli

En momentos en los que la champeta alcanza éxito internacional, uno de sus pioneros, Elio Boom, es el retrato del arduo trabajo de un género por borrar estereotipos y posicionarse como uno de los favoritos del país.  

Por Paula Ricciulli //  @ricciup * 

Cuando era niño, Elio Boom le lustró los zapatos a uno de sus ídolos: el cantante vallenato Diomedes Díaz. “Yo era pequeñito, eso fue en las playas de Turbo, Antioquia, Diomedes estaba ‘pegao’”, cuenta Elio. "Eran unos zapatos marrones. La lustrada valía unos 100 pesos, y Diomedes me dio como 500. Le dije 'gracias, usted canta bien'. Yo estaba feliz”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Años después, Diomedes y Elio volverían a encontrarse, pero esta vez no para limpiar zapatos, sino para cantar juntos en el escenario, a comienzos de los 2000. Ya para entonces Elio estaba consolidado como uno de los pioneros y grandes exponentes de la champeta, un género musical que hoy es un símbolo cultural de Cartagena y el Caribe colombiano. Tiene por lo menos unas 4 décadas y reúne elementos de la música africana, caribeña y colombiana. Uno de sus elementos más polémicos es la forma de bailar, muy evocativa a movimientos sexuales. En palabras de Elio “hay parejas que salen de bailar y es a culear”.

Durante mucho tiempo, la champeta fue estigmatizada por las clases medias y altas de Cartagena pues despreciaban a quienes la escuchaban. Como sucedió (y pasa aún con muchos géneros musicales), la acusaban de burda o soez. La palabra “champetúo” ha sido usada despectivamente para referirse a los habitantes más pobres de La Heroica. 

“La champeta es algo tan rico, tan dulce, tan elegante, que la melodía se te mete por los poros. Hasta al que no le gusta lo pone a mover los pies. Es pura sabrosura”, dice Elio. Pero por más pegajosa que fuera la champeta, no todo el mundo estaba listo para ella. “No querían la champeta en las discotecas, ni a los negros”, según cuenta Elio a quien, antes de ganar reconocimiento, le negaron la entrada a una de las discotecas más importantes de Cartagena.

“Algunos decían que era música para feos, para locos, para negros. Pero no podían evitarlo: cuando sonaba, tenían que pararse a bailar”.

Según Elio, aún existen muchas personas con prejuicios negativos alrededor de la champeta. “Hay quienes quieren que la gente afro siga pobre, no tenga educación superior. Si los negros logramos sobresalir es por nuestro talento: si el negro no es boxeador es futbolista y si no es futbolista es cantante. Nuestra gente ha sufrido mucho y la champeta ha sido una herramienta de resistencia fuerte”.

Hoy “todo el mundo es champetúo en Cartagena y en Colombia”, según cuenta el productor Yamiro Marín, que ha trabajado con varios artistas de champeta, incluido Elio. La realidad le la razón: champeteros como Mr. Black han posicionado canciones muy exitosas como El serrucho, Apretaíto al picó o Bandida. Por su parte, Kevin Florez ha logrado colaborar con artistas internacionales, como Nicky Jam o Ñejo. En 2019 Las Sailor Moon, una nueva versión de una champeta de los 90, superó los 20 millones de visitas en YouTube. La champeta también sorprendió en el show de medio tiempo del Super Bowl, gracias a Shakira. 

Pero sin Elio, Las Sailor Moon no hubiera existido. Él fue el primero al que se le ocurrió hacer canciones de champeta inspiradas en series de animé japonesas. Los caballeros del zodiaco es uno de sus mayores éxitos. “A mí se me ocurrió hacer una canción así porque yo llegué a la casa y estaban mis sobrinos viendo Los caballeros de zodiaco. Entonces yo iba a poner el noticiero, que empezaba a las 6:30 p.m. aquí en Cartagena, y los niños se pusieron rabiosos porque yo les quité el programa. En ese tiempo la serie les gustaba a niños y también a adultos. Por eso fue que pegó, con “dame tu fuerza, Pegaso”, la gente se enloquecía".

Captura YouTube

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Elio no nació en La Heroica, sino en Turbo, pero como dice Manuel Reyes, de la Corporación Champeta Criolla, “él no nació aquí, pero Cartagena ya lo convirtió a la champeta”. Además del vallenato (su papá era cantante vallenato aunque, según Elio, “nunca pegó”) creció escuchando sonidos africanos y jamaicanos, y a Michael Jackson. También le gustaba la música panameña: su nombre está inspirado en el cantante Nando Boom. “Cuando empecé me decían que tenía la voz igualita a él y yo decía, en broma, que era mi primo”. Así fue como pasó de ser Francisco Elio Corrales Cuestas a Elio Boom.

Habla duro, y camina con la confianza de alguien que sabe que su presencia llama la atención. Cuando va por la calle, mucha gente se detiene a mirarlo: algunos porque lo reconocen y a otros porque les llama la atención su alegría y espontaneidad. Le encanta soltar canciones a capella en medio de la conversación. Es la personificación del vacile: sonriente, auténtico y dicharachero.  

Como cantante de reggae se dio a conocer en la radio de su municipio a finales de los 80, época en la que se recrudecieron los enfrentamientos entre guerrilla y paramilitares. “En ese tiempo no podías tener el pelo en rastas: o te lo cortabas o te mataban”. Pero su pelo era fundamental para su imagen.

“Yo quería tener mi identidad, no verme como cualquier cantante que no tiene vacile. Me hacía cortes y peinados raros, con tal de llamar a atención. Vi a Bob Marley con rastas, se veía bacano y dije: “no joda, soy rasta”.

De Turbo emigró a Cartagena, donde vendió dulces, cargó bultos y cantó en los buses. Su estilo era más ragga, pero a Yamiro le pareció que tenía flow para la champeta, así que le sugirió que incursionara en este género. A su primera canción le puso, muy apropiadamente, El arranque y así comenzó en en 1994. Meses después creó uno de sus mayores hits: La turbina, que se mantiene como una de las canciones más importantes de la champeta.

La turbina nace de una película que yo me estaba viendo por TV en la que 2 manes estaban robando y se iban a escapar en una avioneta. Cuando llegaron a la avioneta querían escapar y uno le decía al otro que lo hundiera, porque la hélice no daba vueltas. Uno de ellos tuvo que guindarse de la hélice y prendió. Eso lo combiné con una palabra africana “Ubalauca”, significa algo dulce, algo suave, y me gustó. Luego le metí una frase de un amigo, que era “húndelo todo”, de una vez me mandé por la vaina erótica. Es una canción que en realidad es “plebe” pero tiene un sentido significativo. Es una melodía bonita, una vaina bacana, le ha dado la vuelta al mundo”.

Elio ha grabado hasta ahora 8 álbumes y algunos sencillos, y sigue trabajando en nueva música. Es de los que no se vara, y combina su música con diferentes negocios. Alguna vez tuvo una discoteca en Bogotá, un restaurante en Cartagena, y hoy vende discos africanos que consiguió en un reciente viaje a Europa. Actuó en El inútil, una popular telenovela de comienzos de los 2000 y su música sonó también en algunos capítulos. Recientemente participó en un cortometraje en el que, en una invasión zombi, los muertos vivientes se alejan de sus víctimas gracias a las canciones de Elio. Cuando los sobrevivientes le dicen “Elio, nos salvaste”, él responde: “No fui yo, fue la champeta”.

Si bien la mayoría de artistas de champeta está de acuerdo en que quiere que el género salga adelante, cuando se habla de quién es el “el rey de la champeta”, la opinión no es propiamente unánime. Elio se considera el rey del género, así como Charles King, otro de los pioneros de este estilo, quien junto a Viviano Torres y Louis Towers creó un proyecto llamado Los reyes de la champeta, con el que han girado por varias ciudades del país.

Daniel Álvarez

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King reconoce que siempre va a haber rivalidad en la música. “Todo el que sale dice que es el número uno, y eventualmente llega un momento de madurez en el que reconoce que todos tenemos el mismo valor”. Sin embargo, se ríe mientras dice bromeando “mi reinato viene desde la cuna. Ahora todos dicen que son el rey, pero mientras Charles King esté, no hay ningún otro rey. Para ser rey hay que demostrarlo, hay que manejar lo que tiene que ver con la humildad y trascender enseñando. Esto no pasa con otros artistas, que creen que son reyes, solo por su desempeño en competencias musicales, pero no son reyes en conocimiento o que la gente los acepte por eso”.

Mientras los artistas se pelean por el título, la champeta sigue creciendo. Con corona o sin corona, Elio siempre será pionero en un género que no la tuvo fácil, pero que a punta de talento demostró su fuerza y hoy el mundo reconoce su valor. 

*Texto realizado en el marco de la Beca de periodismo cultural de la Fundación Gabo. 

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