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Festival de Gaitas en San Jacinto: ¿de qué nos estamos perdiendo?

Fuimos hasta una de las cunas del folclor Caribe para enrumbarnos en una de las mejores fiestas autóctonas de Colombia.
Festival de Gaitas en San Jacinto - Foto: Ángela Ojeda
Festival de Gaitas en San Jacinto - Foto: Ángela Ojeda
Por
Raúl Riveros

En el puente festivo de la Asunción de la Virgen, que coincide con el cumpleaños de San Jacinto y con la mitad de agosto, se celebra el Festival Nacional Autóctono de Gaitas. ¿Por qué es uno de los bastiones del folclor Caribe? ¿Por qué es la fiesta que ha hecho famoso al pueblo en todo el mundo?

Por: Raúl Felipe Riveros // Fotos: Ángela Ojeda

Faltando una semana para la fecha los interesados en asistir al Festival Nacional Autóctono de Gaitas tuvimos un susto grande por una publicación de la Junta Organizadora, donde decían que no habían recibido los recursos financieros necesarios para llevarlo a cabo. Afortunadamente el gobernador de Bolívar reaccionó rápidamente al ver sus redes sociales inundadas de reclamos (¡qué coincidencia!) y aceleró el giro para confirmar el evento.

Empezó entonces la travesía de músicos, periodistas, artesanos, vendedores y curiosos de todo tipo a esta hermosa región de los Montes de María, tan llena de cultura y de talento, pero al mismo tiempo tan abandonada y golpeada por la violencia. Cuentan los sanjacinteros que hace unos años difícilmente se podía salir de las casas en las noches y era común escuchar ráfagas de tiros y luego encontrar los cuerpos botados en alguna parte.

Pero hablemos de temas más amables. Con el despegue del Festival Nacional Autóctono de Gaitas se dio inicio al concurso de parejas bailadoras, al de decimeros, de canción inédita y a los más esperados por el público: el de gaitas en categoría profesional y aficionada. Participaron principalmente concursantes de San Jacinto y de pueblos y ciudades cercanas de la costa, pero también hubo algunos de regiones más lejanas que no tienen tradición gaitera. Llamó especial atención el grupo La Zona Gaitera, cuyos integrantes son músicos que viven en Quito, nacidos en Bogotá, Bucaramanga e incluso hay uno argentino que toca la gaita hembra. Promueven la música de gaitas en Ecuador, donde han logrado difundirla fuertemente y esperan organizar por primera vez un encuentro musical de este tipo en Quito. Han viajado varias veces a San Jacinto, para aprender de los maestros del pueblo todos los secretos y la magia de este instrumento ancestral.

LOS MAESTROS GAITEROS HOMENAJEADOS

Y es que este municipio bolivarense ha sido bendecido con una gran cantidad de músicos de renombre, que durante el festival permanecen disponibles para departir con propios y extraños y para enseñarle a los más jóvenes y a los que apenas inician este hermoso camino del folclor. Caminando por sus polvorientas calles nos encontramos con Rafael Pérez, compositor de Un fuego de sangre pura, canción interpretada por Los Gaiteros de San Jacinto que les dio el Grammy Latino en el 2007, y quien dijo "en Las Palmas ya casi no hay palmas, en el Guamo no quedan guamas, en Corozal se acabaron los corozos y ahora pa' remate en San Jacinto el Festival de Gaitas se volvió de acordeones". Con esta jocosa analogía el maestro protestaba porque en las noches en tarima se le estaba dando prioridad a las presentaciones de cantantes vallenatos y una menor importancia a las gaitas. Durante el resto de tiempo que compartimos, el maestro se esmeró en contar historias de compositores del pueblo, como Andrés Landero y Julio Fontalvo, mientras amenizaba la charla con vallenatos y cumbias de acordeón de la autoría de ellos.

La cultura musical de San Jacinto no se limita a las gaitas. Además de los mencionados por “Rafa” también es oriundo Adolfo Pacheco, quien inmortalizó La hamaca grande y El viejo Miguel, donde cuenta la historia de cuando su papá se marchó del pueblo. El denominado "último juglar" vivió unos buenos años en Barranquilla, pero ahora tiene una tierra en San Jacinto donde puede criar a sus gallos, su otra pasión.

Nos despedimos del Maestro para continuar disfrutando de los concursos y las costumbres san jacinteras. En la plaza están Juan Chuchita y Catalino Parra, contándole a una nutrida audiencia sus anécdotas con Los Gaiteros de San Jacinto, mientras que por las calles principales se lleva a cabo el desfile en honor a los gaiteros fallecidos, que incluye una visita a sus tumbas en el cementerio. Les tocan y les dejan arreglos florales. Al maestro Toño Fernández, principal responsable de que se conozcan a Los Gaiteros de San Jacinto en todo el mundo, le tocan Candelaria, una de sus más famosas canciones.

En esta versión del Festival de Gaitas también se homenajeó a Fernanda Peña, nacida hace 105 años en San Cristóbal, corregimiento de San Jacinto. Es una cantadora que ha luchado incansablemente por la cultura del pueblo, principalmente por preservar el son de negros y el bullerengue, ritmos que se tocan y se bailan en la tarima mientras se le entregan placas y todo el público la ovaciona.

 

Fernanda Peña, la homenajeada del #FestiGaitas2019 con 105 años de edad canta bullerengue y baila en la rueda de baile con pelaos de 14 y 17 años igualita a como lo hacía en su pueblo San Cristóbal. ¿El secreto? Ser feliz.

Posted by Festival Nacional Autóctono de Gaitas de San Jacinto on Tuesday, August 20, 2019

El festival avanzaba y algunos grupos quedaban eliminados de sus concursos, pero se mantenían en el pueblo tocando en casas y en ruedas en la calle que se armaban de manera espontánea, donde se turnaron los instrumentos para que todos los que deseaban pudieran deleitar al exigente público. Mientras, el Tres Esquinas pasaba de mano en mano y se formaban las parejas bailadoras. Los músicos compartían anécdotas y se encontraban con viejos amigos en sus momentos de descanso. Lo más emotivo era presenciar lo que parecía un duelo personal entre el "machero" y el de la gaita hembra, con sus caras coloradas como si fueran a estallar, mientras el público se regocijaba con ese sonido hipnotizante de la gaita.

¿CÓMO SE HACE UNA GAITA? ¿QUÉ ESTÁ EN JUEGO EN LAS COMPETENCIAS?

Todo este festival gira en torno a las gaitas y muchos de los visitantes aprovechan el viaje para adquirir las suyas en los varios talleres que hay en San Jacinto. Desde las semanas previas los artesanos realizan el proceso de buscar un tipo de cactus conocido como cardón, para quitarle las espinas, sacarle el centro, limpiarlo por dentro y utilizar su madera. Ahí ya se le puede agregar la cabeza hecha con cera de abejas mezclada con carbón molido previamente calentado para poder darle la forma. Se le agrega la boquilla y se perforan los huecos con una varilla caliente, cinco en el caso de la hembra y dos para el macho.

En las presentaciones, el sonido de esta prima de la flauta se acompaña del llamador, el tambor alegre y la tambora, además de la maraca, que es tocada por el mismo que interpreta la gaita macho, y lógicamente de la voz, que suele ser muy fuerte para acompañar de manera apropiada la parte musical. Los jurados califican cuatro aires: puya, porro, cumbia y gaitas, y tienen en cuenta la nitidez y la perfección de cada instrumento, además del ensamble de todo el grupo y de la emoción que inspiren. Un concurso muy entretenido es el de decimeros, algo muy similar a una ronda de trovas o una batalla de freestyle: los participantes deben repentizar y de manera improvisada enfrentarse a un rival con frases cantadas, retándose y burlándose el uno del otro mientras buscan impresionar al jurado y al público.

Por su parte, en la competencia de canción inédita no puede dejar de sentirse un sinsabor pues son muchos los temas que han quedado así, sin grabarse, debido a la falta de apoyo. Maestros veteranos y otros compositores jóvenes promocionan canciones que no han sido grabadas previamente y así los visitantes pasemos dichosos cada minuto en este pueblo, se evidencia que no se está trabajando de la manera adecuada y que el esfuerzo por preservar la cultura sanjacintera recae en unos cuantos que lo hacen por amor al arte.

 
Festival Nacional Autóctono de Gaitas en San Jacinto, Bolívar - EN VIVO

¿A quién no se le eriza la piel escuchando una gaita? ¡#TelecaribeMeSuena al #FestiGaitas2019 desde San Jacinto, Bolívar!

Posted by Canal Telecaribe on Sunday, August 18, 2019

Los medios también hacen su parte. Telecaribe llegó para transmitir a nivel nacional la premiación de todas las categorías después de una última presentación de cada grupo finalista. Pero también hay que reconocer el trabajo de la emisora virtual RadioGaita440 que estuvo todo el Festival Autóctono de Gaitas y que desde hace febrero de 2019 presenta música autóctona y folclórica del Caribe, principalmente de gaitas, las 24 horas del día los siete días de la semana desde su sede en Cartagena. Gracias a este espacio se han podido promover muchas canciones en distintos lugares del planeta, como Bogotá, donde ha sido tanto el incremento de la movida gaitera que el que ganó el primer puesto en la categoría aficionada fue Mapaná: un grupo de rolos que sorprendió en cada una de sus presentaciones y que han llegado a este gran nivel en parte gracias a participar en Ruedas y otros espacios que se llevan a cabo en Bogotá.

En la categoría profesional, el grupo que se llevó la Ocarina de Oro –el galardón que se entrega a los ganadores– fue Gaitas y Tambores, un grupo sanjacintero de la dinastía de la familia Yepes. Orlando y Dionisio, dos hermanos que han mantenido este legado familiar, son las cabezas visibles del grupo y les han enseñado a muchos músicos de afuera del pueblo, entre ellos los de La Zona Gaitera, quienes se pusieron muy contentos con el triunfo de sus maestros y fueron unos de los asistentes a su casa a la celebración.

EL REMATE GAITERO

Desde la una de la mañana hubo festejo en el patio lleno de arena de la casa de los Yepes, al lado del corral de gallinas, tocando gaitas a la luz de la luna, en una noche despejada con un cielo lleno de estrellas que fueron testigos de un momento memorable. La poca luz no dejaba ver mucho, pero no importaba porque el sonido de la gaita permitía ver toda la tradición de un pueblo, de campesinos, indígenas y negros que a través de los años han expresado sus sentimientos y sus costumbres musicalmente, y que en esa madrugada encantaron a todos los visitantes privilegiados que pudimos estar allí.

Con la llegada del amanecer se pudo ver con claridad a los que el sueño les había ganado y descansaban en una silla o hamaca mientras los músicos se seguían rotando para el deleite general. La matrona de la casa mató dos patos y un gallo para hacer un sancocho que le dio energía a todos. Así se extendió la celebración hasta el atardecer cuando cada quien se fue marchando, totalmente agotado pero también extasiado por esta parranda y por un fin de semana conmovedor, inspirador y de muchas emociones y aprendizaje en este pueblo encantador, del que se ha oído hablar en todo el mundo gracias a sus gaiteros, y al esfuerzo de tantos maestros que esperemos que no se cansen nunca de mostrarnos toda su cultura.

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