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Fuerza negra para gozar, lo nuevo de Son Palenque

Justo Valdez, nos habló sobre él, la banda y su nueva producción. 
Por
Jenny Cifuentes

La agrupación, instalada en los picos del sonido afro nacional, pionera de la champeta, transgresora, responsable de importantes capítulos en la música local y con más de tres décadas en su expediente bajo la batuta de Justo Valdez, presenta su nuevo álbum: Kitu Prieta Pa Saranguia (fuerza negra para gozar), luciendo invitados de lujo como Michi Sarmiento, Mario Galeano y Pedro Ojeda (Ondatrópica). Un discazo que es un bombardero de sabor, en el que se une tradición con la modernidad, para que las agujas lleguen al rojo.

Por: Jenny Cifuentes @Jenny_Cifu

En San Basilio de Palenque, en el año 51, nació Justo Valdez, líder creador de Son Palenque.  Vocalista, tremendo tamborero, compositor, pionero de la champeta criolla y rama de un poderoso árbol genealógico: hijo de Cecilio Valdez Simanca ‘Ataole’ - virtuoso percusionista y héroe sonoro de la tradición palenquera -, sobrino de José Valdez Simanca, ‘Simancongo’ - gran marimbulero miembro fundador del Sexteto Tabalá- y primo del legendario tamborero Paulino Salgado ‘Batata’. 

Sus primeros años entre labores del campo, estuvieron acompañados de la música de su pueblo y del virtuoso golpe del tambor de su padre. “Mi papá, quien falleció en el 80, fue mi maestro, a él lo nombro en varias de mis canciones,  por ejemplo en Unye Unye, que grabé en los años 80 para el sello Victoria y decía: “los tambores que yo tengo, son la herencia de mi padre, que con ellos me mantego,  yo no quiero que se acaben”.   

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En su juventud, Justo, arribó  a Cartagena y empezó a trabajar como albañil y vendedor de gafas. Los tiempos de despegue fueron difíciles para él y sus futuros compañeros de agrupación,  quienes también habían emigrado de Palenque a la ciudad.  Pero el latido de la música los regía, y una noche en las playas de Marbella, durante la época en que la psicodelia afro costeña brillaba y retumbaba en los picós, nació  Son Palenque con un nombre acogido del ritmo del son, que también quiere decir “ellos son de Palenque”.  

Piloteado por la voz de Justo, el tambor de ‘Ataole’, Enrique Tejedor y Luciano Torres en los coros, Tomás Valdez en el tambor alegre y Pánfilo Valdez como segunda voz líder, el grupo arrancó ensayando en un colegio en el que ‘Ataole’ trabajaba como vigilante. “La primera presentación que hicimos, fue en el colegio Rafael Núñez en Cartagena.  Ese mismo día en la tarde, se estaban calentando los carnavales de noviembre en la ciudad y  llegamos a un templete donde estaban varios músicos en vivo y el animador Armando López. Hablé con López, le pregunté si podíamos tocar una canción y se negó.  Pero en vista de que el artista que tenía el turno, el vallenato Silvio Brito, se estaba demorando mucho en ubicar sus instrumentos, el tipo, para que no correr el peligro de que la gente se fuera, dijo: “suba Son Palenque”, y cantamos el tema Dame un trago, que después fue un éxito.

Argelio Pérez, un promotor de CBS, me ofreció grabar y acepté. Además, nos hizo llegar al Festival de Música del Caribe (evento relevante realizado en Cartagena) en su segunda edición, y nos presentamos allí con un formato muy folclórico”.  

La banda debutó en estudio con dos cortes: El Palo de Mamón - única canción que grabara ‘Ataole’-,   y Aloito Pio, tema de Justo cantado en  lengua palenquera, que los ubica entre los precursores en registrar música en este lenguaje.  “Recién llegados a  Cartagena la gente se burlaba de nuestro acento, decía que la lengua palenquera era maluca, que usarla era símbolo de ignorancia porque no sabíamos hablar. Pero cuando estábamos en  tarima teníamos mucho éxito.  El público pensaba que éramos un grupo africano, haitiano o jamaiquino.

Para el tercer trabajo, hicimos Itan pa loyo (significa me voy para el arroyo), que fue la primera canción de terapia criolla, y a ese estilo luego se le dio el nombre de champeta. Lo grabamos con instrumentos, imitando a la música africana y le gustó tanto a la gente,  que fue el tema oficial de fondo de la tercera versión del Festival de Música del Caribe”. 

Así, como lo narró Valdez, con un sonido particular, gestado en el tambor e irradiado en canciones que lucían letras con el valor de lo simple y lo cotidiano, Son Palenque publicó numerosas producciones de voltaje apabullante, que agitaron corazones y caderas. Incendiaron tarimas en los carnavales de Barranquilla, alternando con Joe Arroyo, Irene Martínez, Los Soneros de Gamero y otras figuras del momento.  Su canción El Sapo se convirtió en un hit y los discos del grupo dispararon las ventas. El virtuosismo de los músicos era desbordado. 

En la década ochentera,  la agrupación mostró por primera vez música raizal palenquera y chalupa con arreglos modernos recreados con bajo, guitarra y saxo; además inventó varios ritmos como el  bautizado “son palenque” (golpe en la tambora característico de muchos de sus temas); y  registró en LP  folclor africanizado, pegando éxitos como Palenque Palenque y el ya nombrado El Sapo incluidos en recopilaciones internacionales. 

Parlantes de la sonoridad afro colombiana se convirtieron en la universidad de la música palenquera. A sus filas llegaron a formarse varios de los cantantes  íconos de la champeta: Charles King, Melchor Pérez y Viviano Torres, etc. quienes luego labraron sus carreras de manera independiente.  A mediados de los 90 en medio de grandes cambios del negocio musical, con el declive de la industria del acetato, y con Son Palenque sin contrato discográfico, Justo Valdez 

- quien dice que es una grabadora y que para componer todo lo lleva en su mente porque aprendió a leer y a escribir hace apenas unos años - se aventó a realizar canciones como solista para el naciente mercado de la champeta criolla. En esta temporada difícil para el folclor, Valdez y sus compañeros, sin parar de tocar, retornaron a las playas de Cartagena a vender gafas a los turistas y a otros oficios para sobrevivir. La vigilia de los estudios se dio hasta 2012 cuando Son Palenque de nuevo prendió candela con el disco Kamajanes de la Música Palenquera, su discografía se siguó ampliando con el trabajo Son Palenque, Afro-colombian Sound Modernizers (2014) y por estos días, con su nueva producción: Kitu Prieta Pa Saranguia.

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FUERZA NEGRA PARA GOZAR

“La alineación de Son Palenque ha cambiado con el tiempo. En este momento están a mi lado: Pánfilo Valdez, gran compositor y la segunda voz del grupo; mi hermano Tomás Valdez, tambolero original de Son Palenque y que ahora toca la batería;  el guitarrista Ludwing Watts;  Wilber barrios en el bajo; en los coros Enrique Tejedor y Luciano Torres; Cecilio Torres en las cañas africanas (instrumento de percusión, hecho de palos de caña cruzados, para que de un sonido similar al piano);  Gustavo Álvarez en las maracas; Alfredo Olmos en la tambora y mi hijo Justo Valdez Cassiani, corista y cantante, en él tengo mi reemplazo.  

Para este nuevo disco, su productor, Lucas Silva director de Palenque Records, tuvo la idea de invitar como arreglista, a Michi Sarmiento, de los pesos pesados de los sonidos del caribe colombiano y maestro de  la salsa (Michi y su Combo Bravo, Fruko,  Joe Arroyo, Ondatrópica), al baterista Pedro Ojeda y al bajista Mario Galeano (Ondatrópica, Los Pirañas), al percusionista Franklin Tejedor (Mitú) y al guitarrista Franklin Montaño (Sidestepper, Bomba Estéreo). 

Me gusta trabajar con músicos como ellos, porque nosotros, los que formamos Son Palenque, somos empíricos, no conocemos de partituras, y ellos contribuyen a ponerle un poco más de movimiento a la música, a enriquecer la parte melódica.

Kitu Prieta Pa Saranguia, que significa fuerza negra para gozar, es un disco con composiciones mías y de Pánfilo Valdez.  Trae doce canciones  donde suena champeta, bullerengue, chalupa, lumbalú, y algunos toques inspirados en ritmos africanos y haitianos” 

El álbum, que luce una portada con la foto  de la banda tomada  Chambacú (un desaparecido barrio de Cartagena, símbolo de resistencia del pueblo afro), es un tote de sabrosura con tremendos arreglos, el poderío del tambor, el orgullo de Justo y su banda por su territorio, su lengua y sus ancestros. Una joya sonora que busca preservar lo tradicional dándole una aureola fresca,  perfecta para prenderle candela a los reproductores.

Le dimos play a cinco canciones de Kitu Prieta Pa Saranguia con Justo Valdez

PACUAPA

Como descendiente de África que soy,  hice esta canción con música inspiración en un tema africano. Tiene mucho sabor y hace que el cuerpo se mueva.

MINAMAPELO

Significa miren los perros, es un tema jocoso, como para carnaval, dice algo como: “hoy me voy con los perros”. Es que como en nuestro pueblo no había una carnicería, la gente se mantenía de pescado de agua dulce, y como había bastante monte, nuestros padres montaban una trampa,  subían con los perros y cogían el conejo o el vendado, para comer con yuca. Se iban con los perros a cazar los animales, a “montear”,  como se dice aquí. Es la tradición con lo moderno, para gozar.

LUCAMINI

Un corte al que le puse el nombre de una señora de Palenque que falleció hace unos meses llamada Faustina a la que le apodaban ‘Chata’. Otro para bailadores, tiene unos  vientos muy buenos de Michi Sarmiento”

YO NO PUEDO MÁS

Es una composición mía.  Un bullerengue sentado, le llamamos así  porque es lento, suave, tiene sus raíces en la zona bolivarense y es parte de la tradición de San Basilio de Palenque. Con la fuerza de los negros tamboleros, y un bajo que sobresale tocado por el cartagenero Edgar Gutiérrez.  

LAMPARITA

Lo hice recordando el Festival de Tambores de San Basilio de Palenque, con melodía de los ancestros de mi pueblo, como mi papá Cecilio Valdez ‘Ataole’, y mi tío José Valdez Simanca ‘Simancongo’. Es un bullerengue alegre como los que tocamos en los velorios en Palenque para despedir a los difuntos.

 

 

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