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Guía esencial para aprender a gozarse al Binomio de Oro

Historia de una agrupación clave en la música colombiana.
Foto: Álbum Internacional, Binomio de Oro
Foto: Álbum Internacional, Binomio de Oro
Por
Jenny Cifuentes

“Un grande nubarrón se alza en el cielo, ya se aproxima una fuerte tormenta”, con esa frase del hit La creciente del Binomio de Oro, uno ya está emparrandado mentalmente. Viene inserta en el chip de todos, de vallenateros, salseros, raperos, rockeros, o guaracheros nacionales, aunque algunos lo disimulen y lo nieguen.

Por Jenny Cifuentes // @Jenny_Cifu

El Binomio de Oro se armó a mediados de los 70 cuando el tremendo cantante Rafael Orozco (el man bacano del bigote, el lunar, y las pintas de soldado de plomo en los 80) se conoció en una fiesta con el virtuoso acordeonero Israel Romero, conocido como “El Pollo Isra” (quien entre otras, en el 88 en Alemania se alzó como el mejor acordeonero del mundo, y a quien hace casi una década la casa de instrumentos Hohner le fabricó una línea de instrumentos en su honor). Juntos, y rodeados de un combo de brillantes músicos, como el bajista José Vásquez “Quevaz” o “El Papa” Luis Ángel Pastor -bajista de La Provincia-, escribieron un gran capítulo del vallenato.

El grupo, en su primera etapa, marcó un nuevo sonido, fue como un puente entre las nuevas generaciones y el vallenato tradicional. Grabaron canciones con bellas letras, inspiración de grandes compositores, y también temas sabrosos de alto voltaje que hacían bailar hasta al más tieso. Quisieron innovar, fueron revolucionarios, experimentaron con teclados, cuerdas, baterías electrónicas, pero mantuvieron la esencia del vallenato. Así, con un estilo original, contagiaron no solo el Caribe sino las demás regiones del país que traqueaban cortes como Dime pajarito La gustadera. Y explotó la Binomiomanía. Buscaron ser transgresores en el género no solo con su música, sino también con su imagen en los shows: acudieron a vestuario llamativo (muy influenciados por la estética de orquestas como Los Hermanos Rosario, Wilfrido Vargas o El Gran Combo), y montaron coreografías con pasos inventados por Rafa o ayudados por coreógrafas de comparsas barranquilleras.

Trabajaron por salir y lograron su objetivo. El Binomio conquistó público en Panamá, Ecuador, Perú, Argentina, y Venezuela, donde arrasaron en los 80. Hicieron la canción Caracas, Caracas, ganaron premios y hubo allí hasta un dramatizado de televisión en homenaje a ellos. Fue la época en que El higuerón se volvió éxito, y se la gente se emparrandaba con él hasta el techo.

A punta de Binomio, en el 87, el vallenato tronó en el Madison Square Garden de Nueva York. Latinos y gringos gritaron "huepajé". Su música se expandió. Inclusive, iniciando en los 90 grabaron con Wilfrido Vargas el corte América en Carnaval. Su estantería lucía entre muchos premios, varios Congos de Oro que ganaron en el Festival de Orquestas del Carnaval de Barranquilla, y numerosos discos de oro y platino obtenidos por ventas de sus placas. Provocaban euforia. Una vez, al ganar su segundo Congo de Oro, el Coliseo de Barranquilla casi se cae -de verdad, la estructura del lugar se sacudió al límite-, pidiendo que los músicos volvieran a escena a interpretar el batatazo Qué será de mí; el que dice: “yo no sé, qué pasará, ay amor si tú no estás”.

Lamentablemente esas páginas alegres y gloriosas del vallenato se tiñeron de luto cuando Rafael Orozco fue asesinado el 11 de junio de 1992 a los 38 años. Tras el duro golpe, Israel Romero siguió guerreando con su grupo. Lo convirtió en El Binomio de Oro de América y fue reclutando talentosos artistas jóvenes, y volviendo sólido su proyecto que exhibía más de un cantante.

El Binomio de Oro de América

Al Binomio de Oro de América le dicen "la Universidad del Vallenato", ha sido escuela de cantantes que juiciosos han hecho la tarea, se han graduado y han salido a formar sus agrupaciones, entre ellos Gaby García, que fue el primer “reemplazo” de Orozco. Su buscado parecido con él no fue muy bien recibido en algunos sectores. También llegó Richard Salcedo, la voz de Oye mami qué pasó, tema que marcaba una tendencia muy diferente al Binomio pasado.

Jean Carlo Centeno y Jorge Celedón grabaron a dúo el famoso Un osito dormilón, con el que hemos gozado, mamado gallo hasta el cansancio y esperado para corear: “Uuun osito dormilón le regalééé”, y también se unieron para interpretar el popular tema Olvídala.

Este último fue usado en Argentina en 2011 por la marca de jugos BC para un comercial de exprimidores, que sonaba la versión que hizo la agrupación de cumbia Los Palmeras y mostraba en la pantalla, exprimidores en terapia psicológica cantando Olvídala:

El público de Los Palmeras quedó tan emocionado con la canción que la banda publicó este año una nueva versión invitando al cantante Axel.

Jean Carlo y Celedón tienen ahora carreras fructíferas, pero siguen queriendo al Binomio. A inicios de este año en la Arena Monterrey, México, ambos fueron protagonistas de un “reencuentro” junto a la actual alineación -engrosada además por el hijo de Israel Romero- y otros exponentes de una nueva generación. Por las filas binomistas además han pasado Alejandro Palacio, quien interpretó Niña Bonita también al lado de Jean Carlo Centeno, Didier Moreno, Orlando Acosta o Dubán Bayona, intérprete de la sonada Me sobran las palabras.

El "Pollo Isra", luego de la cumbre con Rafael Orozco, ha seguido enrumbando su agrupación hacia la conquista de públicos diversos. Algunos critican el estilo que adoptó calificándolo como “vallenato llorón”, pero la verdad es que continúa calando en muchas audiencias. Su ritmo no da tregua. En 2006 y 2007 el Binomio de Oro de América fue nominado en los Grammy Latino en la categoría Cumbia-Vallenato. La publicación de discos no para: hace unos meses lanzaron el sencillo La promesa, con corte un tanto baladezco, adelantando su nueva producción. Este año han estado dando shows en Ecuador, Chile, Estados Unidos, y pronto pondrán las agujas en el rojo en el Estéreo Picnic.

Esa será la oportunidad de que los “Binomistas” saquen la casta y con el frío que hace, bailen pegado, ojalá éxitos parte del repertorio del Binomio viejo; esos que lo hacen a uno beberse una plata ajena a la madrugada de la talla de Sombra perdida o las infaltables La creciente y Qué será de mí; y los que vinieron después, que son los de siempre de las playlist, tipo Olvídala, que se cantan a grito herido cuando la fiesta arde abrazados con los amigos. El Binomio de Oro de América en el Estéreo Picnic es para gozar, para poder gritar como lo hacía Rafa y lo hacen ahora los nuevos: "¡Reeepítemelo Pollo Isra! ¡Ay hombe!" Porque bien lo recalca la canción: “la parranda es pa amanecé, el que se duerma lo motilamos”.