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"Hago más estando en mi país que afuera": OneChot, cantante venezolano

"Voy a hablar de las cosas buenas de Venezuela para que la gente sepa que todavía pasan cosas bonitas".
Prensa OneChot
Prensa OneChot
Por
Jhonny R. Quintero

La explicación más fácil para su nombre artístico, OneChot, es que recibió un balazo en la frente y, evidentemente, sobrevivió a él, pero en realidad se debe a que en Jamaica confundían “Juancho” con “one shot”.  Juan David Chacón no es solo uno de los principales exponentes del reggae en Venezuela, sino que además es un conocedor del género (es el autor del libro Regue y Rastafari: dos formas de entender el Caribe), un sobreviviente de la violencia urbana en Venezuela y activista de los derechos humanos. En 2003, Amnistía Internacional lo llamó para que fuera parte de la campaña Basta de Balas. Actualmente es vocero de esa organización, e hizo un álbum que se llama Tu Voz es tu Poder que se estrena pronto y es una campaña en la que cambian el CD por medicinas.

Por Jhonny R. Quintero // @JhonnyRQuintero 

Vino a Colombia por su tour en el que celebra 20 años de vida artística. Pero, a diferencia de la mayoría de artistas venezolanos, al final de la gira volverá a su país, del que se niega a migrar a pesar de que la situación de Venezuela hace que su oficio se haga más difícil. En esas dos décadas le ha cantado a todo, a la violencia, al amor, a la desigualdad, al despecho, a Caracas, y desde diferentes ritmos como el Reggae, el Dub, el Dancehall, entre otros.

Su último álbum tiene varias colaboraciones particulares y multiculturales. En él participan Jhoabeat, un beatboxer que hace todos los instrumentos con la voz; la cantante Hanah Kobayashi,  venezolana descendiente japonesa; Jerry Wale, y Víctor Cuilca, ambos músicos  jazzistas.

Shock habló con el artista venezolano sobre su música, su visión de la situación de Venezuela y Reggae.

¿Por qué ritmos como Reggae, Dancehall o Ska han pegado tanto en esta parte de Latinoamérica?

En el caso de Venezuela, somos la extensión de Caribe más grande del continente, ni siquiera sumando todas las islas dan una extensión tan grande. Nosotros somos la representación del Caribe en su máxima presencia y más bien no entiendo cómo tardó tanto en que esto pasara. Primero, el Canal de Panamá fue nuestra mayor influencia porque allí fue donde convergieron por primera vez todas las culturas caribeñas en un mismo sitio y de ahí se difuminaron a lo largo de toda Latinoamérica. Somos la semilla del Caribe.

En la investigación del libro Regue y Rastafari: dos formas de entender el Caribe, ¿qué es lo más destacado que encontró?

Todo viene del Mento, después vienen el Ska, el Ragga Steady, Reggae, y luego viene el Dancehall, y siempre estuvo el Dub que era como el lado B de los discos. Siempre preguntaban “¿qué ponemos en el lado B? Pon lo mismo pero sin la voz”, y ahí los ingenieros se dedicaban a inventar con los efectos y terminaron por crear una cultura que es la del Dub. Jamaica es la Meca de todo esto, pero no se quedó ahí, se expandió. Hoy en día Saint Croix es la isla donde más reggae se hace. Si vas a buscar reggae en Jamaica no vas a encontrar nada. La situación allá es ruff (rough).

Con el tiempo no solo ha explorado varios ritmos, sino que sus letras han pasado de ser sociales a románticas, ¿por qué?

El tercer álbum (Natural) fue mi clímax de las letras románticas porque acababa de salir de una relación que me dejó marcado y lo solté todo ahí. Compuse ‘No voy a pensar en ti’, ‘Canción bonita’, ‘Eternamente’ que son temas de amor. Pero ya volví a la protesta, no tan fuerte como antes porque siento que hay que llenar de ánimo a la sociedad venezolana en este momento tan único. Yo siento que caer en el mea culpa no es lo que debo hacer. La estamos pasando mal, pero podemos mejorar.

Precisamente por ese momento que está pasando Venezuela es que muchas de sus bandas más importantes han migrado del país, ¿por qué usted no se ha ido?

Porque siento que mi misión es colaborar con el rescate del rumbo democrático del país. Venezuela me ha dado todo, y ahora que el país me necesita a mí siento que es muy injusto que yo me vaya. No estoy en desacuerdo con los que se han ido, están dejando el nombre del país bien parado donde quiera que vayan. Yo siento que hago más estando en Venezuela que afuera.

Y al quedarse, ¿qué retos ha encontrado?

La migración de los músicos es cada día más. La clausura de sitios y bares para tocar es muy alta. Hoy en día se han abierto lugares nuevos porque los bares clásicos de la escena del reggae ya no existen, y muchos sitios han ido mutando a tendencias musicales que venden. Pero siempre surgen lados B de gente que se preocupa por la cultura, que quiere hacer cosas, y ahí estoy yo.

Y en ese perder músicos por la migración, ¿cómo le ha ido?

Tengo la suerte de que en mi banda solo se han ido los guitarristas. Afortunadamente mi guitarrista actual, Dr. Norris, que además es mi DJ y productor, es un ser de luz. Él vino a mi banda a llenarla de vitalidad. De mis anteriores guitarristas, Edgar Rodríguez, que es amigo mío de toda la vida, se fue para España. Luego vino Alejandro García, que se fue para Estados Unidos el año pasado.

¿Se puede crecer musicalmente en Venezuela sin el apoyo del gobierno? Porque se ha visto que muchos artistas tienen que adherirse a la política para encontrar espacios en conciertos, eventos, etc.

Yo no toco con el Estado. Para mí, es un régimen y no estoy de acuerdo con ellos en absoluto. Pero hay muchos músicos que respeto y quiero que tocan con ellos. En mi banda hay dos ‘oficialistas’ (adeptos al gobierno) y ellos saben que conmigo no van a tocar con el Estado. Tampoco toco para la oposición porque son más de lo mismo. Yo busco tocar para la gente, y donde me abran tribuna, ahí estaré. Es difícil crecer así, pero se puede.

¿Cómo fue el antes y el después del incidente del balazo en 2012? ¿Cómo lo influyó en su carrera?

Siempre he sido una persona muy espiritual, defensor de los derechos sociales, hago parte de Amnistía Internacional, pero a partir de 2012 veo la vida como un regalo, cada día que abro los ojos le agradezco a Dios. Musicalmente lo que he cambiado no tiene que ver con lo del disparo sino por la situación del país. Siento que ayudo más si hablo bien que reforzando las ideas negativas. He hecho canciones como Rotten Town que es muy fuerte, y el vídeo lo censuraron el mismo día que se lanzó. Se sabía que lo iban a censurar porque la semana anterior el diario El Nacional tuvo un problema por publicar fotografías de la morgue de Caracas y desde entonces el gobierno sacó una ley que prohíbe los contenidos explícitos en los medios. Pero lo censurado llama más la atención del público, y la gente igual buscó el vídeo en Internet. Cada vez que hay una mortandad en Venezuela, el vídeo de Rotten Town se convierte en tendencia, lo que no me llena de orgullo porque me gustaría que fuera ficción. Pero con Hernán Jabes, quien fue director del vídeo, planeamos hacer el vídeo de Renacer, el tercer sencillo de mi último álbum.

Siento que en Venezuela hay más cosas buenas que malas, entonces no puedo enfrascarme a hablar de lo malo cuando sé que hay cosas buenas. Sí, estamos pasando un momento difícil y eso lo sabe todo el mundo, que la gente se está yendo está a la vista de todos, pero no me puedo quedar en eso. Voy a hablar de las cosas buenas de Venezuela para que la gente sepa que todavía pasan cosas bonitas.

¿Cómo cree que desde su arte ayuda a que la situación del país mejore?

Si logro cambiar la visión de una sola persona, estoy haciendo mi trabajo. Si logro cambiar la visión de muchas personas, mi trabajo está llegando a más. Yo lo que busco es trascender, que mi mensaje perdure. Si me reconocen y mi música ayuda a la reconstrucción de un país, ya lo habré logrado.

 

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