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Knotfest: el otro carnaval que Colombia necesita

Una crónica desde el Knotfest, un festival infernal con Slipknot, Behemoth, W.A.S.P. y más.
Knotfest Colombia 2019 - Fotos: @DAVIDMICOLTA y @MATHBALVUENAPH CORTESÍA PARAMO
Knotfest Colombia 2019 - Fotos: @DAVIDMICOLTA y @MATHBALVUENAPH CORTESÍA PARAMO
Por
Redacción Shock

Un tráfico infernal para ver a bandas infernales, disfraces extraños, mujeres que escupen fuego, sexagenarios que le pueden partir la mula a cualquiera y un festival que, alegremente, acá no terminó en asonada.

Por Felipe Barrera 

Comienzo mencionando algo que es parte integral de la experiencia de ir a un concierto: la llegada. Desde temprano se anunciaba que el tráfico por la autopista norte en Bogotá estaba terrible, con tiempos de más o menos dos horas para llegar al Hipódromo de los Andes desde el norte de la ciudad. Cómo habrá sido la cosa que hasta Nergal de Behemoth se tomó un minuto para mencionar en su cuenta de Instagram el sábado lo horrible que estuvo el tráfico.

Cuando llegué, A.N.I.M.A.L y Stratovarius ya estaban relajándose hace rato en sus respectivos camerinos. Gracias, querido tráfico bogotano, nunca me fallas porque siempre me fallas.

No puedo hablarles sobre las bandas que no vi, pero sí diré que las personas que estuvieron desde temprano con las que pude hablar me contaron que hasta ahí todo había estado bueno. Tampoco me voy a concentrar mucho en los setlist, que han sido, salvo por algunas variaciones, básicamente los mismos que las bandas han venido tocando en sus fechas recientes por Latinoamérica y porque además eso sería hablar de ochenta y pico de canciones.

Al concierto, banda por banda.

Unleashed

Llegué directo a ver el set de Unleashed. Muy chévere. Death del bueno. Había escuchado a esta banda, pero no los conocía tanto —a pesar de que cumplen 30 años de carrera. En la parte de adelante se formaron varios pogos y ahí me di cuenta de que muchos asistentes no estaban calentando. Para nada, se notaba que desde hace rato estaban muy metidos en la onda del festival. Tenía que ponerme al día. Unleashed logró justamente eso.

Cherry Bombs y el concepto del Knotfest

No sabía qué era Cherry Bombs, ya les cuento más sobre ellas, pero acá vale la pena hablar un momento sobre la idea detrás del Knotfest, para los que no lo conocen.

Este festival tiene todo un concepto de carnaval diabólico que va muy en la vía de la propia imagen de Slipknot. Esto quiere decir, simplificándolo un poco, que además de la música hay muchas atracciones. Si llega con tiempo, puede disfrutar tranquilamente los conciertos y también las atracciones. Yo no me pude dar ese lujo y tuve que concentrarme en lo primero.

Apenas uno entra, se encuentra el museo del Knotfest, el cual está lleno de piezas que recorren la historia de Slipknot, así como las diferentes máscaras e instrumentos que han utilizado a través de los años. El museo ilustra también la evolución del propio festival. Afuera se ven llamas saltando todo el tiempo, no solo desde las tarimas principales. Incluso había un ‘Globe of Death’. Si ese término no le resulta familiar, búsquelo en Youtube y a lo mejor se dará cuenta de que ya lo había visto antes en películas como Mad Max. En todo caso, ver uno es algo que siempre será impresionante.

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El festival está muy bien organizado, nada que hacer, y eso se nota también en el flujo constante de personas que se ve por toda la extensión del Hipódromo de los Andes. Como hay muchos géneros de rock y metal diferentes reunidos, se entiende que no todas las bandas sean para todo el mundo. Esto se soluciona con las muchas distracciones que hay para esos momentos en los que alguien quiere alejarse de las tarimas por la razón que sea.

Otra cosa que es importante mencionar es que, además de un tercer escenario más pequeño, hubo dos tarimas principales grandes contiguas (a la Wacken, el festival de metal más grande del mundo), lo cual permite que tan pronto termine una banda la siguiente comience su presentación en la tarima de al lado y el público no se tenga que mover mucho o nada. Esto es, sin duda, un acierto en términos de logística y está comprobado que funciona muy bien, al menos para estos festivales rockeros.

De vuelta a Cherry Bombs…

Es un colectivo de siete mujeres que hace un show que yo definiría como ‘burlesque rockero’. Combinan varias técnicas circenses como escupir fuego y la danza aérea con tela, también bailan en ocasiones con bastones en llamas —utilizando un recurso de la tradición dancística polinesia. Todo esto ambientado con música de bandas como Beastie Boys, Marilyn Manson, Rage Against the Machine y otras. ¿Suena raro? Lo es, un poco, pero fue un buen interludio para digerir todo lo que se ha visto hasta ese punto —prepararse para lo mucho que queda por ver— y un poco para redondear en tarima el concepto del festival.

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Shawn Crahan comentaba que durante el Knotfest México, él salió un rato a la tarima a ver el show de Cherry Bombs y vio a la gente moviéndose lateralmente, no hacia la tarima y hacia atrás. Dice él que cuando el público se mueve hacia los lados, es una mala señal. Y bueno… ya todos sabemos lo que desafortunadamente ocurriría en México un par de horas después.

Testament

Luego vino Testament. ¡Geniales! El set comenzó con un sonido bastante malo, pero esto no duró más de media canción y luego quedó perfecto. También noté que en este momento fue cuando todo el público de los dos escenarios realmente se unió por primera vez y se sintió la verdadera cantidad de gente.

Ver a estos señores es una clase magistral de ‘shredding’ del gran Alex Skolnick, sin restarle importancia, claro está, a lo buenos que son todos los demás miembros. Otra sorpresa, al menos para mí, fue que en lugar de Gene Hoglan, salió nada más y nada menos que Dirk Venbeuren de Megadeth al escenario. Estos son los bateristas entre los que rota Testament en 2019 ahí pa’ que sepa, Gene Hoglan y Dirk Venbeuren, ¡no me jodan!.

Debo decir que Testament reúne muy bien la que es quizás la característica más importante de una buena banda de thrash, death y otros subgéneros del metal: ser crudos manteniendo un nivel de destreza muy alto.

Lo más bonito de un festival de estos es ver una serie de buenas presentaciones, sentirse feliz por ello, luego mirar el reloj y el cartel y darse cuenta de todo lo que queda y emocionarse aún más.

Accept

Sin lugar a dudas, la sorpresa de la noche.

Regla de oro cuando se hable de Accept: por favor no diga nada similar a “es como el AC/DC alemán”. Uno ve a estos tipos en vivo y confirma de inmediato que esa afirmación no solo es atrevida, sino también muy simplista. Esta es una banda que me gustó mucho por un tiempo hace años y confieso que les perdí la pista por completo. No sabía si seguían activos, con qué formación, ¡nada! De ahí mi sorpresa.  

Lo primero que hay que decir es que el único miembro original que queda en la banda es el guitarrista, Wolf Hoffmann, los demás se han ido uniendo en diferentes etapas. Uno nota de entrada la ausencia del altamente reconocible cantante original, Udo Dirkshneider —que también sigue activo y cantando en un gran nivel—, pero en su remplazo está el estadounidense Mark Tornillo, quien se unió en 2009 y me parece ocupa un lugar nada fácil de una manera extraordinaria.

Qué sonido tan prolijo y qué setlist tan emocionante. El público gozó mucho con esta banda. Sé que los estereotipos de la precisión alemana a estas alturas son un lugar común que pareciera inevitable, pero si las bandas de rock y metal alemanas quieren huir de esos estereotipos, ¡pues que dejen de sonar tan sólidos en tarima! Uno no puede dejar de pensar en cómo estos tipos son una verdadera escuela, no solo en cuanto a su sonido, sino también en cuanto al manejo del escenario. De verdad, ¡qué nivel! “Un relojito”, como dicen algunas personas.

Acá voy a decir algo con lo que muchos podrán no estar de acuerdo y me disculparán Kiss y otras bandas que han tenido conciertos muy buenos en el país, pero Colombia no había visto una presentación de Hard Rock a este nivel. Me refiero estrictamente a la interpretación, no solamente al show.

La cosa se pondría mucho más oscura…

Behemoth

A mí me gusta el metal pesado y esta era una de las bandas que más estaba esperando.

El concierto comenzó con la grabación de Solve, el coro de niños repitiendo una y otra vez que no perdonarán al dios cristiano que abre su último disco, I Loved You At Your Darkest, y que le eriza a uno la piel porque deja claro que lo que viene es grande, grande y siniestro.

El show de Behemoth es relativamente sencillo, a pesar de tener un componente de teatralidad importante. Sé que eso puede sonar contradictorio, pero lo digo porque son básicamente ellos cuatro en tarima, con sus respectivas pintas (y maquillaje), en ocasiones con alguna pieza ornamental frente a sus micrófonos y un cambio de sombrero —inspirado en el del Papa— de Nergal, y ya. De nuevo, puede parecer contradictorio, pero es que estamos hablando de una de las bandas grandes en una corriente musical en la que muchas bandas grandes apuestan por espectáculos gigantes y súper elaborados. Para no ir nada lejos, vean a Slipknot. No lo digo tampoco como algo malo, sino que considero que el verdadero show es la tremenda presencia escénica de estos cuatro tipos y su sonido: tocan duro… muy duro. Para una banda obsesionada con la simbología, es curioso que la representación más contundente de lo que es Behemoth terminen siendo ellos mismos sencillamente ahí parados tocando, imponentes, y no todo lo demás alrededor, que tampoco sobra.

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El nombre Behemoth es perfecto para este grupo porque, además de ser un demonio mencionado en la biblia católica (Job 40: 15-24), el término también se ha colado en el inglés de uso común para referirse a algo de gran tamaño o poder, y así es su sonido: enorme. Sé que hay muchos metaleros a los que les gustan las corrientes más pesadas que acusan a Behemoth y a su líder, Nergal, de ser muy comerciales y —aunque suene chistoso— de haberse vuelto híper melódicos recientemente, pero hay algo que sí es cuando menos discutible: no es nada fácil encontrar otra banda con un sonido así de gordo, así de pulido y a la vez demoledor. Más ahora con la inclusión de una serie de arreglos orquestales y corales en sus últimos dos álbumes.

En un punto Nergal se quejó del público, en lo que yo interpreté como un chiste: “What’s wrong Bogotá? You’re awesome but tonight you are pretty fucking lame.” (¿Qué pasa, Bogotá? Ustedes son maravillosos pero esta noche están putamente flojos). El público asumió el reto y se prendió mucho más, cosa que el mismo Nergal reconoció al final de su presentación. Queda claro que cerrar un sábado en Rock al Parque (2015) le deja la vara muy alta a las bandas en cuanto a la respuesta del público, porque acá también el público estaba cumpliendo.

También cabe mencionar que Behemoth es una de las pocas bandas con más de veinte años de actividad que puede darse el lujo de concentrar la mayoría de su setlist en la parte más reciente de su discografía sin que eso le moleste al público. Todo lo contrario, es lo que la gente pide.

De Behemoth a W.A.S.P. se puede trazar al menos un paralelo claro. Ambas bandas pueden decir que han estado —con algunas décadas de diferencia— entre los blancos favoritos de las denuncias de distintos grupos religiosos y que dicen defender la “preservación de la moral pública”.

W.A.S.P.

¡Me perdí a W.A.S.P.! Pero esperen, no me quejo mucho porque la razón fue que estuve tan de buenas que tuve la oportunidad de ir al backstage y ver a algunos miembros de Slipknot justo antes de que salieran al escenario. Un recuerdo muy chévere de toda esta locura.

Al final de W.A.S.P. vi a Filo, el ultracarismático cantante y guitarrista de Denim, un dúo colombiano que hace un rock altamente inspirado en los sonidos de los 80. Por favor chequéenlos —si pueden en vivo, mejor—, nadie está haciendo algo parecido. Al día siguiente fui a ver a Denim y se me ocurrió que, en todo caso, la voz de Filo era infinitamente mejor que la mía para comentar acerca de todo lo que fuera W.A.S.P., así que aproveché, le pregunté qué tal estuvo, y esto fue lo que me dijo:

“Siempre dicen que la tercera es la vencida. Blackie (Lawless) hizo una mención de esos conciertos cancelados. W.A.S.P. hizo un viaje por sus diferentes épocas, incluido The Crimson Idol, el primer disco conceptual de la banda. Ya había tenido la oportunidad de verlos, no aquí en Colombia, pero este fue sin duda un concierto muy especial porque atravesaron estas diferentes etapas de la banda y eso fue muy interesante. No sé si fue por cuestión de tiempo pero no tocaron Wild Child, que es su canción insignia, pero cerraron con I Wanna Be Somebody, tocaron  L.O.V.E. Machine. Fue un setlist lleno de muchísimas cosas, entonces los fans de W.A.S.P. lo disfrutamos y aquí estamos súper felices.”

Con “La tercera es la vencida”, para los que no lo saben, Filo se refería a que W.A.S.P había tenido que cancelar sus presentaciones en Colombia dos veces ya. La primera vez fue en 2010 por falta de un permiso —con el público ya en el teatro Metropol— y la segunda en 2015, debido a un supuesto incumplimiento del promotor de la gira por Sudamérica. Así que había muchos fanáticos colombianos frustrados que ayer pudieron quitarse la espinita por fin de ver a una banda que llevaban tanto tiempo esperando.

Bueno, y ahora sí había llegado el acto central. Los artífices de lo que había reunido a tanta gente —toda vestida de negro—  ese día.

Slipknot

Antes de ir al Knotfest tuve la oportunidad de sentarme con Shawn Crahan (también conocido como Clown), miembro fundador de Slipknot. La entrevista estuvo increíble porque él no se guarda nada y nos habló de muchos temas que seguro les interesarán bastante a los seguidores de la banda.

Knotfest 2019 - Foto: @davidmicolta Cortesía Paramo

“Slipknot es mi supervivencia”: Shawn Crahan

Hablamos con Clown sobre el Knotfest, su difícil vida personal, los primeros años de Slipknot y la cancelación de su presentación en México

Cuando estaba en el backstage pude escuchar cómo repasaban las canciones antes del show y qué monstruosidad. Ya sabía que lo que se venía era una avalancha y, en efecto, así fue. Regresé, pues, a ocupar mi lugar entre el público.

Cayó el telón y arrancaron a mil con People=Shit.

Este montaje de Slipknot es realmente enorme y lleno de color. Corey Taylor dijo en una entrevista que era su intento de hacer algo a la Iron Maiden. Como lo mencioné antes acá, los shows de las bandas más grandes del metal son gigantes, pero de maneras diferentes: Iron Maiden tiene su escenario que cambia todo según la canción y sus Eddies; Metallica tiene sus mega pantallas que nadie más tiene; Slipknot tiene un escenario de tres pisos lleno de luces y fuego por el que sus nueve miembros se mueven todo el concierto.

Dije que no iba a hablar tanto del setlist, pero solo voy a decir que con Slipknot pasa algo que me parece chévere y es que, a diferencia de otras bandas, no hay una o dos canciones con las que absolutamente todo el mundo se emocione. La gente se mantiene muy emocionada todo el tiempo, pero cerca de donde yo estaba parecía que todos tenían una canción favorita diferente, y como que a todos les dieron gusto.

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Todos sus miembros están en un nivel muy alto y hacen un show tremendo. Personalmente me concentré mucho en Jay Weinberg, quien definitivamente tiene un estilo propio que lo hace uno de los mejores bateristas que tiene el metal hoy. Mick Thomson y Jim Root también son impresionantes, se nota perfecto la química de todos estos años tocando juntos. Corey Taylor también estuvo muy bien, inclusive cuando sorprendió cantando Wait And Bleed y advirtió que era una canción muy difícil de cantar y que necesitaba ayuda para hacerlo. En general, un show que uno no se puede perder si lo que le gusta son los conciertos de rock gigantes.

Knotfest cerró en un punto muy alto y la verdad no vi ni una cara de decepción a la salida porque todas las bandas cumplieron.

No puedo terminar esta crónica sin mencionar la participación de las bandas colombianas: Reencarnación, Random Revenge, Arzen, Perpetual Warfare, Gutgrinder, Poker, Aire Como Plomo y Koyi K Utho. Ojalá que esa participación nacional se mantenga y aumente. Clown habló en la entrevista de cómo ese apoyo a lo local es un elemento muy importante para el festival, así que asumo que se mantendrá en el futuro. Yo no vi las presentaciones de la tercera tarima, pero una persona que sí estuvo ahí por un buen tiempo me habló bien de lo que pudo ver. También sé que muchos estaban esperando a los estadounidenses de Carnifex cerrando ese escenario.

En conclusión

Me sorprendió mucho el festival. Había oído buenos comentarios acerca de su primera versión, pero debo decir que no esperaba que estuviera tan bien organizado.

El público metalero colombiano ya ha dejado claro suficientes veces que es uno de los más fieles si no el más fiel. Muchos hemos tenido la buena fortuna de ver en el país a la gran mayoría de bandas que más nos gustan, viejas y nuevas. Sin embargo, El Knotfest tiene una combinación interesante porque por un lado presenta artistas buenos aunque inesperados y que tal vez no veríamos en el país por fuera de un festival, ya sea porque no son tan conocidos acá por ejemplo, Iron Reagan el año pasado o porque se cree que tal vez no logren llenar los escenarios, y también le permite a algunas bandas muy queridas por el público presentarse en un festival en donde se cumplen todos los requisitos para que las presentaciones sean de primer nivel.

Algunos podrán interpretar lo anterior como un vainazo a otros festivales como Rock al Parque, ¡para nada! Todo lo contrario: otros festivales de rock me han permitido ver a una cantidad enorme de bandas que jamás hubiese imaginado (gratis muchas veces) y por eso muchos como yo debemos estar eternamente agradecidos. Punto. Pero también es una realidad que no se puede ignorar el que en algunos casos —y como consecuencias naturales de organizar un festival con tantos shows— el sonido y la puesta en escena no alcanzan todo el potencial de las bandas. Recuerdo, por mencionar algunas con las que considero esto sucedió, a Haggard, The Black Dahlia Murder, Deafheaven y Symphony X. Un festival como el Knotfest resulta, entonces, ser la ocasión perfecta para ver a muchas bandas muy buenas y en todo su esplendor.

Por esto termino diciendo que creo que deberíamos institucionalizar y apoyar al Knotfest Colombia, así como ya se institucionalizaron otros festivales en el país por buenos y porque el público aprendió a asumir que va a quedar satisfecho.

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Para mejorar: el Hipódromo de los Andes me parece un buen sitio para el festival, pero no se puede ignorar que la llegada sigue siendo un problema complicado. Esperemos que para el próximo año esta situación mejore con la ampliación de la autopista norte o que se encuentre una alternativa.