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La Factoría: la realeza del underground que marcó la fiesta en los 2000

Papi chulo, Todavía y Que me maten fueron himnos.
Portadas La Factoría.
Portadas La Factoría.
Por
Paula Ricciulli

En Panamá nació un concepto de fiesta único en Latinoamérica e inolvidable para una generación. La Factoría fue pionero en la mezcla de géneros que hoy distingue al canon de lo latino. Esta es la historia del compilado que dejó huella en nuestras minitecas.

Por Paula Ricciulli // @RicciuP

Son muy pocos los que no conocen al menos una canción de La Factoría. O los que no bailaron Asesina, o Papi Chulo. O los que no cantaron Todavía a grito herido a media noche. Aunque estas canciones fueron un fenómeno para la fiesta en Latinoamérica, muchos no tienen claro cuáles eran sus artistas o qué era La Factoría en realidad, y se refieren a sus participantes indistintamente.

La Factoría merece más reconocimiento, ¿por qué nunca lo tuvo? Para Pablo Maestre, DJ Pablito, creador del proyecto, la razón es que La Factoría no tuvo una gran inversión financiera detrás. “Fue un producto genuino, no algo diseñado por una disquera para tener éxito”. Él agrega que ellos mismos creaban los afiches y flyers de sus priemras fiestas. 

Maestre creó La Factoría en los 90 como un concepto hecho por y para DJ, que funcionara muy bien en las fiestas. Para eso mezcó reggae y dancehall con canciones ya conocidas dentro del pop, como Todavía, que versiona From The Bottom of My Broken Heart de Britney Spears; Ritmo de la noche de Goodfella, que es una versión de Rhythm Of The Night; Asesina, que incluye elementos del clásico ochentero Sweet Dreams; u Hombre de poco hablar, que tiene un sample de Save a Prayer, de Duran Duran y Can’t Get You Out of My Head, de Kylie Minogue, así como la icónica frase de Flavor Flav, “Yeah Boy!”.

“Quisimos hacer una música que combinara el pop, la melancolía y la ironía del amor y que incluyera cosas que sonaran como las canciones del top 40, pero panameñas. Nunca buscamos convertirnos en un fenómeno, solo lo hicimos con el propósito genuino de poner a la gente a bailar”, agrega Pablito.

“No cantábamos por plata o por fama. Cantábamos porque nos gustaba la música y queríamos demostrar nuestro talento”, nos cuenta Barbero, quien participó en La Factoría y Cuentos de la cripta, otro compilado icónico panameño que incluye las inolvidables El gato volador, Quieren chorizo, o El cubo de leche, y se mantiene como uno de los más vendidos de ese país. Varios de los artistas que estuvieron en La Factoría, participó también en Cuentos de la cripta. 

Pablito, además, quería grabar con mujeres, pues el género había sido tradicionalmente masculino. A Joysi Love, quien canta Todavía, Pablito la conoció luego de que el entrenador de su gimnasio se la presentó, luego de escucharla en una fiesta de Navidad haciendo covers en karaoke de la cantante Olga Tañón.

Lorna (Lorna Zarina Aponte) nos cuenta que participó en varias competencias de rap en Panamá y eso le permitió conocer al legendario productor Rodney Clark, mejor conocido como El Chombo, creador de Cuentos de la cripta. Él conocía a DJ Pablito y él decidió incluir a Lorna en La Factoría, quien fue responsable de uno de sus hits más importantes del disco. 

“Yo ya había participado en La Factoría con la canción Papito ven a mí. Papi Chulo fue continuación de ese tema. Me inspiré en una canción electrónica (Groove is in The Heart, de Dee Lite) y el productor, al grabarme, bajó el pitch y quedó un poco más lenta. Los coros los grabé con mi hermana Vanessa. El tema es muy sano, era en doble sentido. Fue una letra que pensábamos que no iba a gustar”, nos cuenta Lorna.

El primer disco de La Factoría apareció en 1999 e incluyó temas de Lorna, Barbero, Aldo Ranks, MC Joe (hoy conocido como Joey Montana), entre otros. Uno de sus hits más recordados fue No voy a llorar, de Joysy Love. El segundo surgió en 2001 e incluyó los hits Asesina, de Aldo Ranks, Todavía, Que me maten, de Demphra, Ritmo de la noche de Goodfella y Wepa, de MC Joe. Temas exitosos en toda Latinoamérica. En Colombia su música fue presentada como "champeta", y aunque era muy diferente al ritmo cartagenero, así fue conocida en algunas ciudades del país. 

La Factoría fue creada por un DJ para los DJ, así que los seleccionadores de música de todo el continente contribuyeron a que sus canciones sonaran en las pistas de baile. Hoy siguen siendo “la vieja confiable” para levantar cualquier fiesta en declive de ánimo.

Pero aunque la música funcionó, hubo un detalle que ni Pablito ni los demás artistas tuvieron en cuenta: no tenían una imagen definida, lo que permitía que cualquiera pudiera hacerse pasar por integrante de La Factoria. Efectivamente, sucedió. Pablito cuenta que incluso en Venezuela fueron demandados por los mismos impostores que se hacían pasar por ellos. Eso les llevó a hacer los pocos videos que existen hoy. 

A pesar de los falsos Factoría, que hasta hace poco se seguían presentando (En Bogotá estuvieron en 2016), los artistas reales llegaron a hacer giras por varios países del Caribe y Centroamérica, donde fueron un éxito rotundo. Aunque todos formaban parte del show La Factoría, cada uno conservaba su estilo.

Cuando La Factoría logró el reconocimiento en varios países, llegó un rival inesperado: el reggaetón puertorriqueño. El nuevo ritmo se tomó los principales canales de videos y emisoras del continente. Ya para entonces Pablito contaba con una disquera, pero, según él, el sello no les dio el apoyo necesario para mejorar su sonido. Tras varias diferencias creativas Pablito decidió apartarse de La Factoría, pues ya no se sentía cómodo con lo que se había transformado algo que él mismo creó. “Yo inventé el concepto, no era una cosa de imagen, era un concepto musical, una manera de hacer música para fiesta, pero no una batalla de egos”. Aclara que no tiene nada en contra de ninguno de los artistas, simplemente quiso tomar un rumbo distinto. 

Pablito fue el primero en separarse, y luego siguieron otros discos de La Factoría: Más allá (2004), Nuevas metas (2006), que incluye el hit Perdóname, y un álbum recopilatorio en 2009. Después sus artistas se dedicaron a sus carreras solistas.

Desde entonces Demphra, quien a menudo se presenta como Demphra La Factoría, ha lanzado 6 álbumes, Lorna unos 3 y, recientemente, su colaboración con el Instituto Mexicano del Sonido ganó popularidad por su aparición en el documental de Netflix Mucho, Mucho amor, sobre Walter Mercado. Aldo Ranks y Barbero siguen presentándose en varias ciudades de Latinoamérica y creando música. 

Aunque hoy la industria reconozca más la importancia histórica del reggaetón puertorriqueño, en ocasiones pasa inadvertido el aporte de los artistas de Panamá. “Lo que escuchas hoy es el legado que dejamos los panameños. Es mucho lo que se hizo en Factoría. Dejamos el camino hecho de lo que se está haciendo ahora”, opina Barbero.

Little Phas, quien también participó en la primera versión de La Factoría con la canción Ya no hacemos el amor, cita a artistas panameños como Nando Boom, Renato y, por supuesto, El General, como pioneros en Latinoamérica. “Desde entonces hemos evolucionado, pero en el intermedio perdimos la unión como panameños y ‘nos robaron el mandado’ Puerto Rico, que comercializó más el reggaetón”.

Para Pablito, el legado de La Factoría va más allá de reconocimiento de la industria y llega al corazón de la gente, que hoy casi 20 años después, sigue gozándose sus canciones. “Nosotros estamos en los streams genuinos, la gente nos busca, nadie está pagando para que nos vean. No necesitamos a Billboard ni a los Grammy, simplemente somos la realeza del underground”.

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