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¿La nueva alcaldía vetó a Doctor Krápula?

¿Qué tanto afecta la filiación o la aversión política a los artistas bogotanos? ¿Están dañando las peleas entre una y otra alcaldía los nuevos proyectos?
Lina Martínez
Lina Martínez
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Redacción Shock

¿Qué tanto afecta la filiación o la aversión política a los artistas bogotanos? ¿Están dañando las peleas entre una y otra alcaldía los proyectos de los músicos? Doctor Krápula nos habló de su perspectiva de la “Bogotá para todos”.

Foto Lina Martínez @lainuxfoto

Bogotá es una ciudad con dos cabezas. Una para mirar a hacia afuera y otra para mirarse a sí misma. La segunda es un poco más borrosa que la primera, pero ambas sufren de serias distorsiones. Si la ciudad fuera al psicoanalista, además del bien conocido bipolarismo climático, tendrían que diagnosticarle una constante negación de sí misma que se manifiesta cada que cambian el letrero de la alcaldía.

Hoy, a un año del día que un empresario no quiso que el venezolano Paul Gillman, abiertamente partidario del chavismo, se presentara en el Festival Rock al Parque y promovió que fuera removido del cartel, para algunas voces todavía ronda el fantasma de la censura contra los músicos que se alían o se oponen abiertamente a una corriente o partido político.

Según cuenta Mario Muñoz, vocalista de la veinteañera banda de rock Doctor Krápula, “en cuatro de las secretarías de la administración distrital se dio la orden -que no se sabe quién la dio- de, por ningún motivo, hacer ninguna actividad ni ningún acercamiento con Doctor Krápula por su postura política”.  

Si bien es cierto que en los anteriores periodos de la alcaldía ellos habían sido protagonistas de muchos escenarios de la capital, cuentan que la mayoría de sus presentaciones las hicieron gratuitamente y por afinidad. Ahora, en cambio, “se están perdiendo espacios que hemos gestado”, cuenta Mario.

A falta de nombres oficiales que corroboren la existencia de esa orden, el rumor llama la atención porque, según cuentan los miembros de la banda, ya hay varios proyectos truncados que no solo afectan a una agrupación que se ha ligado por voluntad propia con las anteriores administraciones, sino a los artistas locales.

“Yo tenía una escuela de rock en Usme. Agarrábamos personas con sus proyectos musicales y lo que hacíamos era profesionalizar a los artistas de la zona. Apenas hubo cambio de administración la mandaron cerrar. Eso tenía una financiación, tenía un espacio físico donde se realizaba y tenía todo un engranaje con la alcaldía local de Usme, que apenas cambió la alcaldía dijeron: ‘este proyecto ya no va’, luego de casi dos años trabajando”, cuenta Mario haciendo un recuento en el que también incluye el caso del festival Viva el planeta, organizado por su agrupación.  

El caso Viva el Planeta y las escuelas de rock

“Nosotros venimos trabajando con el distrito desde la administración de Lucho Garzón. El primer acto que hizo él como alcalde fue decir ‘yo quiero a Dr. Krápula tocando en mi posesión’. El primer acto de Peñalosa, en cambio, fue decir ‘yo quiero borrar todos los grafitis que están ensuciando la ciudad, haciéndola ver como un lugar de delincuencia’. Son dos diálogos diferentes con los artistas. El año pasado, por ejemplo, nos tocó hacer el Festival Viva el Planeta en Medellín, luego de hacerlo cinco años en Bogotá con el apoyo del distrito. Cuando llegó la nueva administración nuestro festival quedó con las puertas cerradas, sin apoyo, nos tocó irnos. Lo curioso del tema es que cuando nosotros vemos que esos espacios se cierran es a las bandas que participan[...]No hay la voluntad política, ni una acción para apoyar un festival que en últimas es político, tiene un componente social, ambiental y artístico. No es el Estéreo Picnic. Allá va la gente que no tiene cómo ir al Estéreo Picnic. Y además va la gente que quiere escuchar otras cosas, no solo de música si no de discurso”.

Germán Martínez, miembro de la banda, cuenta que la cosa no es muy diferente con el caso de los Clan. Era una iniciativa que ocurría en ciertos barrios donde se organizaban escuelas de rock dictadas por músicos de bandas locales y en la que él participó hace unos años como profesor. “El Clan nació para darle a los músicos que crecimos sin una formación académica, una pequeña profesionalización. Era darle al que ha practicado un oficio la herramienta para que tenga un buen salario, porque se han hecho profesionales a huevo. Pero esa idea de darle a los músicos locales una oportunidad de trabajo, luego de dedicarle su vida a sus bandas, se perdió, se desenfocó, hoy es otro proyecto”.

¿Bogotá para todos?

Los escenarios distritales, los de los barrios y los gigantes, son una ficha clave para el crecimiento y la profesionalización de la música local. Hay que decir que, bien o mal, con quejas o sin quejas, con cambios o sin cambios, durante los últimos años en la capital se han mantenido y se han creado tarimas que le dan visibilidad a nuevos y viejos proyectos. Naturalmente, al ser tan opuestas las campañas y cuando una alcaldía trata de ponerse sobre la otra, queda en el aire cierto temor por la continuidad de los proyectos. “Es un error incluso que las alcaldías tengan slogan y que tengan colores, porque la alcaldía de una ciudad debe ser el logo y el slogan de la ciudad, para que no venga el siguiente alcalde a borrar todo y a botar papelería, libros, impresos chaquetas y un material que se pierde. Siempre es a borrar lo que hizo la administración anterior. Y eso afecta a la ciudadanía finalmente […] Nuestra pelea no está casada con esta administración porque toquemos o no toquemos, sino porque nos declaramos en absoluta oposición”.

Más allá de los casos mencionados por Krápula, quedan varias preguntas que, más que esperar que las resuelvan las instituciones, o el distrito, merecen plantearse las bandas locales: ¿Desde dónde pedir ayuda de distrito? ¿Vale la pena expresar posiciones políticas o llegará el punto en que para que una banda subsista tenga que mostrarse tan neutral y aislada del mundo político como lo hacen James o Falcao? ¿Las bandas deben ser una marca blanca? O más complejo aún: ¿Es posible despolitizar el rock? ¿Existe la posibilidad de un rock apolítico?

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