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La Virgen de Fátima protagoniza el disco ateo del mes a cargo de Magallanes

Que el ex-procurador Ordóñez no nos vea reseñando este disco porque se pone bravo.
Foto: Dani Elisa
Foto: Dani Elisa
Por
Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

Entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917 la Virgen María se les reveló a tres niños pastores en Fátima, Portugal. Se dice que, en las apariciones, la madre de Dios entregó tres profecías secretas: el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la conversión de la Rusia soviética y el intento de asesinato de Juan Pablo II. Se volvió mito urbano creer que también uno de estos secretos revelaba la fecha del fin del mundo, lo que hizo que este episodio de la fe también fuera alimento carnudo de las teorías conspiracionistas en todo el mundo. Y ahora, también se volvió fuente de inspiración de un nuevo disco colombiano.

Por: Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

Andrés Gualdrón es un viejo conocido de la escena musical independiente bogotana. Primero como solista y luego como líder de la banda Animales Blancos, se destacó como el autor de un sonido ecléctico y ambicioso, experimental y sin concesiones, que recogía elementos del rock, el noise, el folk, el jazz, la cumbia y en general de todo el folclor colombiano, combinados con unas líricas punzantes y un fraseo intenso. Luego de tres discos publicados –La vaca (2015), Ciervo de dos cabezas (2014) y Andrés Gualdrón y los Animales Blancos (2011)– que los llevaron a distintas tarimas del país incluyendo Rock al Parque, la banda está en un paréntesis mientras uno de sus integrantes vuelve de un viaje de estudios. Pero Gualdrón no entró en receso, por el contrario cocinó Fatima, un disco que acaba de lanzar bajo su nuevo proyecto musical de matices totalmente distintos.

Así nace y se presenta en sociedad Magallanes, el proyecto solista y electrónico de Andrés Gualdrón. Su primer lance, Fátima, es un disco ateo inspirado en las apariciones de la Virgen de Fátima, su profecía de los tres días de oscuridad y sus vínculos con la paranoia apocalíptica del 2012. No es un disco bailable a pesar de contener una cadencia particular; es más bien una mirada satírica a un hecho religioso insertado en nuestra cultura pop. Es una banda sonora para una película inexistente que muestra los terroríficos mitos de la religión católica, sazonados con la construcción de la culpa y el arrepentimiento.

“-¿Quieren ofrecerse a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviarles en acto de desagravio por los pecados y orar por la conversión de los pecadores?
-Sí, sí queremos.
-Tendrán que sufrir mucho.”

Tres días de oscuridad – Magallanes

¿Por qué arrancó a hacer Magallanes? ¿Qué no le estaba dando los Animales Blancos?

Pues en primer lugar hay que decir que Los Animales Blancos todavía sigue, en estos momentos, inmerso en un proceso muy silencioso. La historia de los Animales ha sido muy zigzagueante y caótica y básicamente hemos hecho todas las cosas que los “expertos” no recomiendan hacer: cambiar radicalmente de sonido de un disco a otro, de formato, hasta de nombre, etc. Entre esos cambios que sucedieron aparece el hecho de que yo abrí el grupo progresivamente para que funcionara con aportes de todos sus miembros. Eso desplazó la figura de un cantautor (que era lo que pasaba en el primer disco) a la figura de una banda. Tras el lanzamiento de La Vaca me sentí un poco desorientado con todo lo que había pasado y decidí que era el momento de retomar lo que había pasado en el primer disco de Los Animales Blancos: hacer una música de habitación, solitaria, meditativa, más tranquila. Desentenderme del montaje en vivo y centrarme en hacer un disco con mis propias herramientas.

Por otra parte, las canciones que escribí para los Animales partieron todas de la guitarra y la voz. Es un repertorio de música que va desde 2009 hasta 2014. Ya en ese momento estaba agotado de componer así y detestaba todo lo que me estaba saliendo. Con Magallanes guardé la guitarra, y eso coincidió con la época en la que empecé a conseguir más equipos para un estudio personal. Empecé a componer directamente sobre el teclado, a hacer música instrumental, a olvidarme de hacer canciones, y ahí sucedió toda la química, en ese cambio de procedimiento al componer.

Usted viene de una escena musical muy marcada por la figura del cantautor, por nombres como el de Luis Alberto Espineta o el propio Charly García. Luego en la universidad usted estudió composición y entró en contacto con sonidos ambientales, electrónicos, y además es un constante seguidor y comentarista de la cultura pop. ¿Magallanes es un reflejo fiel de toda esa trayectoria y de esas influencias?

Sí hay mucho de eso parce. Magallanes es una vuelta atrás muy fuerte. Porque está lo que usted dice, la electrónica, el interés por la mezcla y la grabación y las herramientas digitales para el sonido, la música contemporánea, toda la amalgama de influencias de internet... pero musicalmente es volver a una época donde yo alucinaba con los discos ochenteros de Charly García, con el rock progresivo, con el jazz rock de Espineta-Jade. Por estos años también surgió esa estética retro del vaporwave y sentí que era un momento adecuado para insistir con toda esa música setentera y ochentera que me marcó en la adolescencia y que tanto he disfrutado siempre.

Puro collage…

El disco es un collage pero no tanto musicalmente. En la manera en la que contrapone elementos visuales religiosos con sonoridades que no necesariamente se asocian a eso puede ser. Sin embargo y a diferencia de otras cosas que he hecho, procuré conservar una línea sonora más o menos coherente. También el hecho de que combine samples con palabras y música puede verse como cercano al collage.

 

El viernes tocando Milagro Solar en el lanzamiento de Magallanes. Video del buen @culebro.

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¿Cómo se encontró con esa historia de Fátima? ¿Familiares religiosos?

No, puro YouTube. Mi familia es atea y yo soy ateo, no tiene nada de devoción el asunto. Por esa época yo estaba envideado viendo videos de conspiraciones de toda clase, de los Rothschild, de la Atlántida, y me encontré la del sample de Tres días de oscuridad, que es una conspiración católica pero que se mezcla con lo del fin del mundo en 2012.

¿El orden de las canciones del disco tiene alguna razón lógica o narrativa? ¿Son como un rosario con sus gozos?

Inicialmente traté de que tuviera un orden, que los tracks siguieran el orden de la profecía dependiendo del título de la canción (hay unos títulos que tienen que ver con la aparición, luego con el milagro solar que convenció a todo el pueblo de que la Virgen sí se había aparecido, luego con los tres secretos…). Pero al final me eché para atrás y lo ordené más intuitivamente para que siguiera como una progresión el disco y tuviera sus contrastes.

En Magallanes usted dejó un poco atrás algo que en su música siempre fue algo muy fuerte que son las letras. Ya no está el fraseo intenso cuasi-rapeado o las interpretaciones delicadas. ¿Cómo se siente en ese giro?

La relación con las letras y con el canto siempre ha sido complicada para mí. En un punto sentí que tener que hacer letras y cantar era una camisa de fuerza muy fuerte para un montón de ideas musicales que quería explorar. Así mismo tenía una gran necesidad de despersonalizar la música, de poner el sonido y la ensoñación que produce el sonido en el primer plano. La voz y las letras no me lo permitían, eran como anclas muy fuertes a mi propia personalidad y a lo que ya había construido. Magallanes también es un proyecto con un sonido específico, con una exploración muy particular, y la voz no entraba dentro de ella. Si uno va en busca de concretar una idea tiene que estar en capacidad de sacrificar cosas que le permitan a esa idea florecer. En el caso de Magallanes la voz era un elemento que la música no necesitaba y por eso sólo aparece en una pequeña porción de una canción del disco.

 

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