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Lecciones de valentía por Cabas

Visitamos al artista barranquillero en su apartamento en Bogotá y hablamos con él de todas las veces en que ha sido valiente.
Por
Mariangela Rubbini

La década del 2000 inició en Colombia con una explosión de nuevos ritmos, sonidos e inesperadas fusiones de folclor con rock, pop y electrónica. Artistas como Carlos Vives, y agrupaciones como El Bloque de Búsqueda, La Mojarra Eléctrica y Sidestepper, entre otros, abrieron el camino para que en nuestro país comenzaran a explorarse nuevas sonoridades y para que el público se interesara en mirar más hacia adentro que hacia fuera. El Reino Unido, Estados Unidos, e incluso el sur del continente, habían sido hasta ese momento nuestros principales referentes musicales. En los inicios de esa década, el artista barranquillero Andrés Cabas, hijo del músico y renombrado compositor Eduardo Cabas de la Espriella, autor de La Cantaleta, publicó su primer álbum homónimo. En este disco, bailable, enamoradizo y cadencioso a la vez, Andrés fusionaba los géneros que habíamos adoptado de afuera, con ritmos tradicionales muy nuestros como la cumbia, el fandango, el porro y el bullerengue. De esa primera placa discográfica, fueron canciones como Mi Bombón, Tu Boca y Ana María las que lo pusieron en el mapa nacional y en los primeros lugares de la radio como uno de los exponentes de la que entonces, empezamos a denominar como Nueva música colombiana. Con sus siguientes trabajos, llegarían éxitos radiales como La caderona, La cadena de oro, Bolita de trapo, He pecado y Bonita, entre otros.

Cuando se publicó ese primer disco, Andrés pasó de la tranquilidad y el placentero encierro en su habitación y en el estudio de grabación creando y componiendo canciones, a convertirse en una celebridad del mundo del entretenimiento. Entró en el nocivo ambiente farandulero con tanto ímpetu que le costó tener que irse del país por un tiempo para poder tomar un poco de distancia. Durante esos primeros años de carrera artística, se sumió en una montaña rusa de experiencias que le jodieron un poco el ego, que lo metieron en la rumba pesada y que lo exhibieron de revista en revista con títulos sensacionalistas. Que hablaran de él por su música y su talento, pasó a un segundo lugar. Cabas había sido uno de los primeros artistas en arriesgarse a explorar un terreno musical que no muchos habían descubierto hasta entonces, y su maravillosa y valiente osadía comenzó a verse opacada por una cantidad de noticias banales que giraban alrededor suyo.

Desde el comienzo, Cabas tuvo que aprender a lidiar con algo que lo aterraba: la fama. Vivió, uno tras otro, amores demasiado intensos y violentos. Tuvo que ceder a muchas cosas que no quería ceder, como vencer la pena. Tuvo que esconder la personalidad introvertida y reservada que lo habían caracterizado de niño y adolescente para transmitir algo con lo que en realidad no se sentía tan cómodo. Se enfrentó a crisis que, como él mismo lo dice, tuvo que asumir con mucha valentía. En sus inicios, hubo quienes le dijeron que su música no iba a pegar porque el bullerengue y otros ritmos folclóricos no estaban hechos para la radio. También eso fue Valiente en él. Insistir a pesar de todo porque muy pocos en ese momento, se dieron cuenta de que, musicalmente hablando, en Colombia empezaban a pasar cosas maravillosas e inesperadas. Cabas era uno de ellos.

Casi 20 años después de la salida de ese álbum homónimo con EMI Music, Andrés Cabas presenta una canción que, no solo responde a sonidos y ritmos muy actuales (fue co-producida con los cracks del género urbano en los estudios de Icon Music en Medellín), sino que resume en una sola palabra algo que este artista tuvo que asumir desde el primer día en que decidió dedicar su vida a la música.

Horas antes de que Valiente debutara en la radio y en las plataformas de streaming, visitamos a Cabas en su nuevo refugio para componer en Bogotá, y escuchamos de él algunas de las lecciones de Valentía más fuertes que ha tenido que aprender.