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Los Makenzy, lecciones para entender el rock en Colombia

Los Makenzy, uno de los actos bogotanos más potentes, están convencidos de que el rock local hay que bajarlo de la nube a punta de trabajo.
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Redacción Shock

Dos años después de su disco debut, Los Makenzy, uno de los actos nacionales más potentes, están convencidos de que el rock local hay que bajarlo de la nube a punta de trabajo. Charlamos con Nicolás Makenzy antes de su próximo show en el Julio Mario Santo Domingo.

Por Fabián Páez López @Davidchaka

Las fusiones. Lo que para los puristas del rock es el coco, para los hermanos Makenzy es la piedra angular de un proyecto que le está dando aire al rock criollo. Detrás de la pinta medio dark, medio punk de Nicolás y Andrés hay una proclividad experimental en un rango amplio, que va del merengue al funk, del country al reggae o de la balada al garage rock, y que hizo de Los Makenzy un nombre fulgurante en el radar de la música local.  

Luego de lanzar su homónimo álbum debut en 2016, de abrirle a Queens of the Stone Age en Bogotá, de pisar las tarimas de Rock al Parque y Estéreo Picnic, y de formarse muy jóvenes trabajando a doble y triple turno en la gigantesca, ruda y competitiva escena neoyorkina, el dúo bogotano está preparando un nuevo álbum y un concierto el próximo 26 de mayo en el Teatro estudio Julio Mario Santo Domingo.

¿Cómo llegar a ser un referente del rock teniendo fresco en la cabeza un reggae, un country o una champeta? “No nos ponemos a pensar en qué género tocar. Para mí eso sería muy aburrido, a mí me gusta tocar toda la música”, me dice por teléfono Nicolás Makenzy, “pasó que después del primer tema que lanzamos, que fue Sad, dijeron que tocábamos garaje-rock. Luego lanzamos Aura y la gente pensó: ‘estos manes tocan como garage con baladas. Y luego lanzamos un country. Ahí la pregunta fue: ‘estos manes qué hacen’. Y así ha sido toda la vida. Hemos lanzado cosas muy diferentes la una de la otra. A la gente que le gusta, le gusta y ya. Tampoco nosotros hemos encontrado el estilo. Cuando le abrimos a Queens of the Stone Age, por ejemplo, a la gente le gustó un resto y es un honor, porque generalmente el público no aguanta a la banda que abre”.

Esa fluctuación entre ritmos se cruzó también con la maduración de Los Makenzy. Su repertorio, aunque no muy extenso, es variopinto en ritmo e intensidad. Darle play a la lista de las más sonadas de la banda en Spotify es como viajar en bus por las dispares carreteras nacionales: después de una melodía oscura y triste como Jaco o Nona viene la sacudida rocanrrolera de Las nubes del cine o el descenso hasta la playera Wasting Time.

Ahora que están a punto de lanzar su segundo álbum, ¿qué se siente componer con más cancha en la música?:    

“En el primer disco éramos adolescentes que no habían vivido absolutamente nada. Todo lo que escribíamos era ficción. Las letras son situaciones inventadas. El primer disco fue un reencauche de lo mejor que teníamos: llevábamos 10 años haciendo canciones y al productor lo que más le gustó era lo que habíamos hecho cuando teníamos 15, y el disco nació cuando teníamos 23.

En este disco, en cambio, todo ha sido muy real y muy aterrizado. Por ejemplo, en Nona yo estoy hablando de mi abuela, que tiene alzheimer; en Yako, Andrés habla de su perro, que murió. En Delirios yo estoy hablando de mi situación encarcelada sexualmente con mi esposa, en este momento tan difícil de encontrarse teniendo un bebé. En Waisting Time estoy hablando de que no quiero salir con gente que me haga perder el tiempo. También es dedicada a mi esposa y hay temas dedicados a mi hijo. Son experiencias propias de lo que hemos vivido. Ha sido muy difícil plasmar nuestras vidas en las canciones, pero en este disco creo que estamos empezando. Y es chévere porque la gente se siente identificada con tus historias”.

Bajar al rock de la nube

Además de continuar con su tránsito natural, de coronar tarimas y concretar nuevas producciones, Los Makenzy también están aleccionando esa figura amorfa polémica, debatida e incipiente a la que llamamos escena de rock colombiano.  En un país que lleva años discutiendo y tratando de hablar de rock, y donde el grueso del público prefiere el vallenato o la música folclórica, abrir los oídos es más una clave para quejarse menos y aprender a leer la industria: ¿dónde estamos parados? ¿cabe en esta tierra un movimiento grande de rock nacional?

“Colombia es muy chiquito y tiene mucha riqueza musical. En últimas, a Colombia el rock le importa un carajo, porque tiene muchos géneros para escuchar y mucha buena música. En otros lugares el folclor no es tan extendido. Hay una serie de eventos geográficos y posiciones sociales que influyen. Si hablamos de Colombia, la escena de vallenato está bien formada. Un vallenatero puede vivir de solo tocar en Colombia, para un rockero es muy difícil. A nosotros nos pasa algo muy extraño y es que cuando vemos las métricas en YouTube o en Spotify, resulta que después de haber ido un par de veces a México te escuchan más allá que en Bogotá.

Eso tiene que ver con una cultura de culto a la música. En México la gente es superfan. Es mucha más la gente y van a ver música nueva todo el tiempo. Es un pueblo más rockero, ¡qué le vamos a hacer! Acá, si hay un concierto de Foo Fighters, se llena el estadio. Público sí hay, pero ¿qué pasa que nosotros como rockeros no le hemos tocado fibras a ese público o no le hemos llegado? No sé a qué se debe, pero sé que sí hay público”.

“Es muy pretencioso todavía todo. Todo está como en las nubes. Cuando ACÁ anuncian a ‘La gran banda revelación’, luego nadie habla de esa gran banda. O ‘la gran banda revelación’, que se gana todos los premios, nadie la va a ver y no llenan 4000 personas. Todo está en el aire, demasiado inflado. Es demasiado pretencioso hablar de escena en un lugar donde hasta ahora se está viendo cómo sustentar un proyecto tocando covers. Ni siquiera hay tantos bares en la ciudad como para darle un espacio a todos los músicos que hay. Falta mucho de parte y parte. Tal vez a los músicos nos hace falta no creernos tan la verga y llegarle más a la gente, a tocarle más fibras: crecer artísticamente y que el público llegue y se enganche. De pronto el rock es muy creído y en esta cultura del bacán y del Sagrado Corazón y de que todo se debe hacer pidiendo disculpas, es muy difícil que el rock sobreviva.

Las bandas de rock, los temas que pegan son los de pop. Y las bandas de rock son bandas de poperos que tocan rock, porque es mejor tocar rock. Y las bandas de rock que tocan rock, pues no las admite nadie. Todo me parece un mal chiste.

Estamos en una etapa extraña. En el medio. Medio hay lugares, medio no hay tanta competencia. Uno se queja de cosas que no conoce. A pesar de que es un privilegio lo que estamos viviendo, falta mucho. Menos quejas, más trabajo. Los sitios no se preocupan porque todo sea más chévere y las bandas se quejan mucho, pero no se preocupan por llevar público. Nos estamos quejando de algo que nadie está haciendo. Es un poco sensacionalista y extraña la escena”.

Vea también: Los Makenzy, la banda de rock que le hacía falta a Bogotá

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