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“Mi responsabilidad es contar mi barrio”, Delaossa

Hablamos con el rapero malagueño sobre la creación de su álbum debut 'Un Perro Andaluz' durante la gira que lo trajo a Colombia.
Delaossa - Fotos: @souloneryounger
Delaossa - Fotos: @souloneryounger
Por
Santiago Cembrano

Escribir las introducciones de las entrevistas siempre es retador. ¿Cómo presentar en un par de párrafos, de forma concisa, a un artista y su obra? Pues, bien: con el rapero Delaossa (Málaga, España) no hay necesidad de pensarlo tanto. 

Por Santiago Cembrano // @scembrano – Fotos por @souloneryounger

Para presentarlo, basta con citar Intro, que abre su álbum debut Un Perro Andaluz. En este corte, el MC español cuenta que creció en un sitio humilde en el que se le rendía culto a la virgen, que comía en plato hondo en casa de su abuela (nada de Burger King), que en su barrio todos oían reggaetón mientras él escuchaba rap y que le juró a su madre que comería de esto. Luego formó su colectivo Space Hammurabi sin medios ni presupuesto.

Toda esta información llega en poco más de medio minuto de rapeo. Delaossa aprovecha el tiempo y el espacio al máximo para dejar claro de dónde viene: cada renglón esta lleno de data. Su escritura es explícita y directa, avanza con energía para construir su mundo e introducir al oyente a éste. En Un Perro Andaluz sus raíces no están bajo tierra, sino que son visibles y están iluminadas: representa a su barrio El Palo, a su ciudad Málaga y a su colectivo Space Hammurabi (conformado también por Raggio, Easy.S, Carrión, Sansón, J. Moods y Kas Rules). Y así como sabe de dónde viene, también sabe a quién le canta; lo enuncia en Dicen de Mí: “Esto es pa’ todos los niños en el punto como en The Wire, pa’ todas esas niñas sin recursos haciendo la calle”.

El debut de Delaossa llegó con puentes tendidos en forma de colaboraciones con exponentes de la movida latina (el argentino T&K y el colombiano Métricas Frías) y la española (N-Wise Allah). Además, ya había girado por América Latina con apenas unos sencillos encima, antes de sacar su álbum, y lo volvió a hacer a finales de 2019 para presentar oficialmente Un Perro Andaluz. El proceso fue rapidísimo. Su cotidianidad cambió y ahora no vive rodeado de drogas y violencia como antes. Pero, precisamente, todo ha sido tan rápido que aún recuerda esas épocas en las que vivía en Madrid y tenía que buscárselas como fuera para poder comer: ese balance entre su buena situación hoy y el ayer precario impulsa su rap.

Durante su paso por Colombia en su gira de Un Perro Andaluz, hablamos con Delaossa para explorar cómo creó su álbum debut, para quién canta, cómo equilibra su nueva vida con la crudeza que muchas veces necesita el rap y más.

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¿Tiene la tarjeta sanitaria llena de nieve de ayer?

Yo no he estado esquiando en la nieve la noche anterior.

En el intro de Un Perro Andaluz habla de que en su barrio no oían rap, sino reggaetón. Ese contexto reggaetonero –que es evidente en el disco también por las referencias- ¿de qué forma impactó en lo que quería hacer con su música y el rap?

Sí, desde chico, cuando estaba en el instituto, yo y dos más éramos los únicos bichos raros que escuchábamos rap y vestíamos ancho, con pantalones Dickies. La gente de allí nos criticaba. En El Palo, mi barrio, se escuchaba reggaetón y yo también he escuchado mucho reggaetón, por eso tengo esas referencias en mis letras. Me sentía un poco marginado al principio, pero ahora todo el mundo escucha rap. Seguro que he tenido influencias líricas de eso, en la forma de fluir. No sé de qué forma exactamente, pero la influencia está, bastante.

Y si nadie en El Palo escuchaba rap, ¿cómo llegó a él?

A mí mi hermano me pasó un par de discos, uno de Cypress Hill y otro de Rage Against The Machine –que no es rap rap, más rap metal –. Y ya me puse a diggear, con unos chavales de mi instituto, y conocimos a Hablando en Plata, Violadores del Verso y otros grupos de España que había por ahí, y ya luego con los yankees: Nas, Gang Starr. Y cuando conoces a más gente que comparte tus gustos, pues vas intercambiando el conocimiento y así.

En Dicen de Mí dice “esto es pa’ todos esos niños como en The Wire, pa’ esas niñas sin recursos haciendo la calle”. ¿Cuál es el porqué de esa dedicación? ¿Busca representar eso que vio o vivió y que la gente se entere?

Ese tema en concreto es de contemplación. Dicen de Mí es de lo que veo y lo que transmito, porque pienso que es mi responsabilidad contar mi barrio, tanto lo bueno como lo malo; y no solo mi barrio, sino la zona que lo rodea. Ese tema va de eso, de lo que veo cuando salgo a la calle, debo denunciarlo y reflejarlo de alguna forma para que la gente entienda lo que hay. Hablo de las putas, de los chavales que están vendiendo droga, de un viejo que va a ver a su mujer y le pone flores en la tumba, etc. Entonces mi intención era reflejar todo ese abanico de personajes que me acompañan en mi día a día.

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Ya ha hablado en otras ocasiones de que la estética de la película de Luis Buñuel, Un Perro Andaluz, le pareció potente y por eso eligió el nombre para el álbum. ¿Cómo funcionó esa propuesta cinematográfica como punto de partida para el disco?

Ya desde hace tiempo tenía ganas de sacar un trabajo llamado Un Perro Andaluz, y en ese momento no lo sacamos, pero luego cuando empezamos a trabajar mantuvimos la idea de llamar al disco así. Empezamos a hacer canciones que no tenían tanto que ver con la cinta de Buñuel, pero igual queríamos mantener el imaginario del ojo y la navaja, la hormiga en la mano, ese surrealismo de los sueños. Cuando tuvimos varias canciones intentamos cerrarlo con esa estética, que se ve en la portada. Y bueno, en el contenido no tiene tantísimo que ver con la película, pero sí en la estética y cómo luce. La película tampoco va de nada, si te pones a pensar, son más sensaciones. Me gustaba el concepto del perro andaluz porque somos andaluces, y al final quién no es un perro, buscándose su pan por ahí, viniendo a Bogotá a cantar, ¿sabes?

En Let It Go rapea “yo me crie entre diablos y ahora levito” y a lo largo del disco se nota que, de niño y mientras crecía, vivió situaciones jodidas en su barrio, El Palo. ¿Cómo esa crianza marca lo que rapea hoy y cómo es hoy?

Marca todo, en realidad. Cada vez la cosa va mejor, nos escuchan más y salimos más, y cada vez hablo de cosas más positivas, pero cuando empecé hablaba de lo que vivía en ese momento: drogas, fiesta, peleas, lo que fuera. Uno habla de lo que vive, siempre, y por suerte o por desgracia ahora estoy viviendo algo diferente. Pero sí que hace tres años estaba más en el barrio y era más negativo, más explícito. Lo que vives es lo que sale.

Otro sentimiento que me da el disco, en particular canciones como Ya lo sé, es que le insistían que sacara el disco antes de que lo hiciera. ¿Le costó creer en su potencial para hacer música? ¿Qué barreras hubo a la hora de hacer y publicar Un Perro Andaluz?

Justo lo hablaba con Gharuda el otro día, que yo siempre he hecho música, pero hasta que no te lo tomes en serio no empiezas a recibir los frutos. Yo había hecho temas y a la gente le gustaba lo que hacía, pero hasta que no me puse en plan tengo que sacar un disco esta fecha y tengo que cumplir con estos plazos… creo que tienes que tener un poco de presión, porque si no te relajas y te demoras cuatro años en sacar un disco y al final no tiene nada que ver el primer tema con el último. Tienes que plasmar una etapa. Y fue eso: la gente me decía hermano, déjate de drogas y de borracheras y ponte con el puto disco, es lo tuyo. Y así fue. Ya ahora sé que hay que trabajar, tengo otro ritmo de trabajo. Cuando no tienes que buscar dinero en otro sitio, sino que depende de la música que haces, ahí sabes que es tu trabajo y que tienes que hacerlo, es lo que te da de comer. Y es lo que siempre he querido hacer. Gano dinero con ello y lo disfruto. Fue una apuesta arriesgada, podría no haber salido. Pero le apostamos a la música, si no salía no se podía decir que no lo intentamos.

Ahorita la música es más individual, parece, entonces ¿qué importancia tiene su colectivo, Space Hammurabi, para su proyecto?

Si no estuviéramos los de Space Hammu yo estaría muy desmotivado y no habríamos llegado a donde hemos llegado. Al final, con la unión nuestra y el coleguismo que tenemos los siete nos retroalimentamos. Eso es lo que nos da energía: si uno hace cosas hace que el otro haga cosas. La hermandad, competición amistosa. Así perfeccionas tus skills, vas mejorando.

Algunas de mis barras favoritas son cuando dice “yo necesito vivir mal pa’ escribir bien y necesito escribir bien pa’ pagar el alquiler”. ¿Cómo equilibra su situación económica, que va mejorando, con esa crudeza que también requiere el rap?

Es una paradoja rara. Esa canción habla de una época en la estuvimos viviendo en Madrid – ahora vivo en Madrid también, pero esa fue otra vez –: nos fuimos con una mano delante y otra atrás, con lo justo. Fueron siete u ocho meses que estuvimos allí y teníamos que vivir como sea, y no había ni un duro. ¿Tenemos que comer? Vamos a robar filetes. Día tras día era eso. Necesitaba vivir mal pa’ soltar esos frasones, y sí estaba viviendo mal: fue una época salvaje. Pero ahora, por fortuna, no estoy hablando de eso, porque creo que lo más justo es hablar de lo que vivo ahora.

Para mantener eso están la nostalgia y la contemplación, también. Y mirar a la calle: si hay cinco homeless frente a tu casa puedes hablar de eso. Y siempre hay que recordar de dónde vienes y cómo te has criado. Y si está bien, hay que agradecerlo, porque recuerdas que la has pasado mal.

T&K (Argentina) y Métricas Frías (Colombia) son dos de los pocos invitados de Un Perro Andaluz, ambos artistas destacados en el panorama latino. ¿Cómo surgieron esas conexiones desde España con esta parte del mundo?

Sí, el disco no tiene casi colaboraciones. Lo de T&K salió porque lo admiro y lo escucho; no sé si me habló él o yo le hablé, pero me dijo props, hermano, tu música mola mucho; y yo como la tuya sí que mola, cabrón, llevamos todo el año escuchándote. Fue un poco eso, admiración mutua. Fuimos a Argentina, nos conocimos allí, y ya cuando tenía el beat se lo mandé y él lo hizo de una, me mandó las barras a los dos o tres días y así quedó, quedé contento con “Let It Go”, es un temazo. Y lo de Santi (Métricas Frías) … él es el mejor que hay, tío. Fue también por redes, y ya cuando lo conocí en persona le dije que era un crack. Lo amo a ese tío, es una máquina, y el tema salió super natural: me envió las barras, le envié el estribillo y con mis barras ahí quedó, “Pura Sangre”.

Y en el disco también está N-Wise, que es otra cara del rap, una figura fundamental del underground español. ¿Cómo fue la experiencia con él?

Nosotros a N-Wise lo hemos admirado a muerte. Yo hace tres años decía quiero una colabo con N-Wise, era el goal. Pa’ mí es un honor, que un tío que representa tanto se sienta identificado con lo mío, lo respete y lo apoye. Le dijimos métete en el disco y dijo de una. Le costó soltar las barras, nos las pasó como la semana antes, y me acuerdo de cuando la escuchamos y estábamos como niños chicos, emocionados. Fue un puto honor. N-Wise es un ejemplo muy claro del querer hacer un feat. con alguien. Me gustaría también con Kase.O, quién no querría. A lo mejor me gustaría también DELLAFUENTE, no tiene que ver tanto con el rap, pero me gusta mucho.

¿Cómo fue la construcción del disco, J Moods?

J. Moods, productor del disco: Empezamos a hacer sencillos, teníamos dos o tres temas por sacar. Ya lo Sé, Dicen de Mí, Puff Daddy iba pal disco y no quedó. No habíamos hablado de un álbum, pero se habló después, y ya nos pusimos a hacer beats. Al principio fue lo que salía, pero luego supimos que no queríamos algo lineal, que hubiera distintas emociones. Cuando había 7 temas o algo así, sabíamos que faltaba de pronto más energía, o un tema que fuera más profundo. Y con eso pensaba en los beats. Es Peligroso Asomarse al Interior y La Función fueron los últimos.

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