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Mujeres poderosas en el rock: ¿Adorno o militancia?

Una radiografía de lo que es ser mujer en la escena rock colombiana
Por
Mayra Hernández

Los estereotipos definitivamente nos jodieron la vida. Sobre todo en el momento en que una condición física, como tener un pene y dos huevas o una vagina y dos tetas, determinaron en algún tiempo pasado y oscuro las capacidades y habilidades de lo que podía, o no, hacer un hombre o una mujer.  

Por: Mayra Hernández // @mayaelectrik

En el terreno musical pasaron años y siglos enteros para que una mujer evadiera la odiosa etiqueta de  “cantante buenona” o la “groupie de turno”, para ser considerada como artista y músico por mérito propio. Cuenta la leyenda que no fue hasta la irrupción de Janis Joplin en el panorama musical de los años sesenta que una mujer fue considerada estrella del rock. Por primera vez una humana con vagina, libre y rebelde hasta el cogote, y dueña de un talento hipnótico era reconocida en el masculino mundo rockero.

Ella fue la primera. Los años han pasado y ahora, sorprendentemente, Suramérica es el lugar del mundo donde se concentra el mayor número de bandas conformadas solo por mujeres. Este es uno de los datos que Prika Amaral, la poderosa guitarrista de la agrupación brasilera de metal Nervosa, se grabó de memoria en una conferencia sobre música e igual de género en Lyon. Algo que es toda una proeza en estas latitudes latinoamericanas donde las posiciones y visiones machistas se encuentran a flor de piel, incluso, en escenas como la rockera, punkera y metalera a pesar de su carácter contestatario. Pareciera que la escena musical sigue dominada por hombres, o será que, como lo dice el periodista de la cultura popular, Santiago Rivas, ¿lo femenino no es visible porque la gente sigue asumiendo de plano que la gran mayoría de rockeros son hombres?

Lo cierto es que esta realidad sigue cambiando. El  2017 es uno de los años en que evidentemente han resonado con mayor fuerza los discursos de la nueva ola feminista. Por eso aprovechamos para responder esas preguntas junto a un grupo de poderosas mujeres que representaron en grande, con todo los voltios, la actitud y el voltaje, con agrupaciones como Sin pudor, Póker, Nervosas, Marisol Hernández de La Santa Cecilia y Juliana Ronderos de Salt Cathedral. Todas hablaron sobre lo que significa caminar la trocha musical como mujeres en una escena principalmente masculina y cómo la música ha sido un vehículo para la participación femenina.

Alrededor surgieron preguntas y respuestas sobre el nivel de machismo de la escena, y de la industria en general, y lo oportuno que son los escenarios de solo mujeres, o si simplemente, ya es hora de borrar la raya de la diferencia y hablar desde la igualdad a la hora de armar carteles monumentales para los festivales locales.

Diez mujeres poderosas respondieron sin pelos en la lengua incluso para hablar de la violencia de género y de lo que pasa cuando nosotras mismas nos autocensuramos. Tatiana Almonacid, bajista de Sin Pudor, dio precisamente un ejemplo de por qué no hay que callar y contó sin tapujos cómo la música ha sido un catalizador para sanar su caso de violación.

Siga, pase, escuche y únase al debate. Las puertas están abiertas para construir una escena más igualitaria

 

 

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