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¿Por qué la nostalgia vende tanto en el mundo de la música?

La nostalgia en la cultura pop se siente más que nunca.
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Por
Juan Carlos Avendaño

¿Qué explica que en el 2019 Betty la fea obtenga más audiencia que producciones más  actuales? ¿Que en el 2018 las ventas de vinilos hayan alcanzado cifras que no se veían desde los 90? ¿Que en 2018 150 millones de personas salieran a las calles a buscar pokemones? ¿O que en 2019 los Backstreet Boys generen gran expectativa con el lanzamiento de un nuevo álbum y una gira mundial?

Por Juan Carlos Avendaño

La nostalgia y la felicidad 

El concepto de nostalgia puede describirse como un sentimiento de anhelo hacia un momento o una situación en el pasado. Ya su etimología lo aclara, pues viene del griego “nóstos”, regreso al hogar, y “álgos”, dolor. Esa cualidad agridulce se entiende por la felicidad y el sufrimiento que genera. Felicidad por los buenos recuerdos que se tienen, y sufrimiento porque se trata de un momento, lugar u objeto que se ha experimentado en el pasado y no es posible realizarlo en el presente. Incluso en ocasiones puede tratarse de tiempos o lugares que no se hayan vivido de manera directa, pero que nos atraen, como cuando nos lamentamos de no haber podido vivir en una época determinada.

Los psicólogos coinciden en que, si bien la nostalgia trae dolor por el presente, es mayor su efecto positivo para la salud debido a que no solo produce felicidad, sino que ese estado de ánimo revitaliza y proporciona energía para afrontar las dificultades del día a día. De hecho, estudios realizados por el psicólogo Constantine Sedikides de la Universidad de Southampton afirman que las personas con tendencia a tener pensamientos nostálgicos le ven un sentido a la vida y con menor frecuencia tienen pensamientos negativos sobre la muerte y la soledad, comparadas con aquellas personas menos nostálgicas. La nostalgia es, entonces, muy beneficiosa para nuestra salud mental y emocional.

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La nostalgia y la música: giras, influencias y videos 

Dicen que las modas son cíclicas. “Todo vuelve”. Y por lo menos en la música, parece cumplirse esta afirmación. En tiempos recientes ha sido quizás más evidente con fuertes movimientos culturales influenciados por los 80. Pero no es un fenómeno inédito. Ya en los años 70 y 80, películas como Saturday Night Fever (1977), Grease (1978), Quadrophenia (1979), Little Shop of Horrors (1986), Rock Odyssey (1987) y Hairspray (1988) impulsaron las ventas y la programación radial de discos de rock n’ roll de los 50, hard rock de los 60 y música disco de los 70. Luego a comienzos de los 90, Kurt Cobain, vocalista de Nirvana, expresaba la gran influencia que habían sido los Beatles en su adolescencia, y si bien la música de Nirvana en apariencia es muy diferente, es posible detectar elementos evocativos del grupo británico, como el tratamiento de la voz en la producción de Nevermind (1991). 

En décadas más recientes también se ha hecho sentir el fenómeno nostálgico en la música. En algunos casos, artistas y agrupaciones en apariencia olvidados obtienen un renovado interés del público al realizar nuevas giras internacionales, llenando estadios sin dificultad.

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Es el caso de bandas como Mötley Crüe, que ante el escepticismo de promotores y empresarios que se rehusaban a contratarlos al considerarlos una “banda muerta” organizaron, en gran parte de su bolsillo, una gira de regreso en 2005, que resultó en un gran éxito. Otro caso para considerar es el de la banda Stone Temple Pilots, parte de la movida grunge de los 90, que regresó a los escenarios en 2008 y que continuó de gira algunos años, hasta la lamentable muerte del cantante Scott Weiland. Y por supuesto, es inevitable pensar en la banda Guns N’ Roses que, si bien se mantuvo activa con diferentes cambios de formación, la gira Not in this lifetime de 2015 finalmente dio a los fanáticos la reunión de la formación original que llevaban pidiendo por 20 años. Por otro lado, un renovado interés en el formato boy band de los 90, gracias a la notoriedad de nuevas propuestas como One Direction en el Reino Unido y BTS, EXO y Seventeen en el k-pop surcoreano, han permitido a grupos como Backstreet Boys y Take That programar nuevas giras mundiales, e incluso volver al estudio a producir material nuevo.

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Por otro lado, muchos jóvenes artistas inician sus carreras evocando los estilos musicales que les han impactado de niños, o que han sido importantes para sus padres quienes les han transmitido a ellos ese gusto. De esa manera nos encontramos con una gran tendencia de redescubrimiento del folk y del rock acústico, mezclado con elementos del rock alternativo. Bandas como The Lumineers, Of Monsters and Men y Mumford and Sons traen al siglo XXI sonidos que recuerdan, guardando proporciones, a Bob Dylan, Simon and Garfunkel y Cat Stevens. También se destaca el caso de la música new wave y el funk de los 80, caracterizados por el uso de sintetizadores y reverberaciones procesadas por gates, así como algunas influencias de la música pop y disco de los 70. Al llegar los 90 su popularidad disminuyó, pero en el nuevo siglo han vuelto a llamar la atención del público. Artistas como Bruno Mars y Daft Punk y productores como Mark Ronson han incorporado en sus propuestas musicales sonidos y estéticas que traen a la memoria a Michael Jackson, Depeche Mode, New Order o Tears for Fears. Adicionalmente, Lorde incluye en su segundo disco, Melodrama (2017), ese inconfundible sonido ochentero por medio de redoblantes procesados, y más recientemente Weezer volvió viral su cover de Take on Me de A-Ha, que incluyó un video con el mismo estilo de animación utilizado en el original.

El negocio de la nostalgia: de la radio a la pantalla 

Todo lo que es tendencia es comercializable. Las modas, el cine, la música, los juegos y los objetos asociados a una tendencia venden muy bien. Los expertos de mercadeo y publicidad lo saben. No compramos productos, compramos emociones. Un objeto puede no hacerles falta, pero si los mueve emocionalmente, sea un disco de los Beatles, un juego de Super Mario o un afiche de Star Wars, lo compran. Lo antiguo vale hoy más, y si está en buen estado, es un tesoro.

Por ello vemos hoy cómo los diferentes estilos musicales son llevados a grandes producciones cinematográficas. Como hemos mencionado, en los 70 y 80 no hubo pocas películas centradas en tendencias y modas de décadas anteriores. En los últimos años ha vuelto a tomar fuerza este recurso. Bohemian Rhapsody (2018) fue uno de los más grandes éxitos del año, tanto en taquilla como en crítica, y motivó a toda una generación, que poco conocía de la banda Queen, a interesarse en su catalogo musical, consiguiendo números muy considerables de reproducciones y compras de canciones.

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La ya mencionada Mötley Crüe espera conseguir resultados similares con su película The Dirt (2019), producida por Netflix. Otro éxito reciente de esta plataforma ha sido la serie Stranger Things, ambientada en los años 80, donde no solo la estética, los objetos cotidianos y el vestuario transportan a la audiencia a 1983̀. También la música ha tenido un rol crucial para dar realismo a la serie. Los compositores Michael Stein y Kyle Dixon, encargados de producir la banda sonora, se decidieron por un sonido cargado de sintetizadores en homenaje a artistas y a compositores de bandas sonoras de los 80.  

En Latinoamérica series televisivas centradas en la vida de Juan Gabriel y de Luis Miguel han conseguido entusiasmar a fieles fanáticos que los recuerdan con agrado y dar a conocer a un público más joven sus historias y su música. En el caso de Luis Miguel, el lanzamiento de la serie coincidió con la programación de su gira de 2018 y 2019, que también promociona su más reciente trabajo discográfico México por siempre (2017). Si bien el artista mantenía cierta regularidad en escenarios internacionales, esta gira ha sido una de las más extensas y exitosas de su carrera en las últimas décadas, y es claro que la producción televisiva ayudó a aumentar el interés del público, refrescando en la memoria el gusto por sus viejos éxitos.

La nostalgia en la nueva era: streaming y sharing 

En una era de cambios tecnológicos, de ciencias informáticas, robótica, redes sociales y realidad virtual, es particularmente interesante que la nostalgia nos lleve a redescubrir sistemas que parecían obsoletos. En la industria fotográfica, por ejemplo, la capacidad de tomar fotos digitales con cualquier celular o dispositivo electrónico resulta práctico, pero la expectativa y emoción de sentarse alrededor de la cámara con los amigos mientras la foto se revela es difícil de emular, y las cámaras instantáneas han recuperado un poco de popularidad en los últimos años, por lo menos como una novedad divertida en eventos sociales. Pues bien, Polaroid viene de lanzar dos nuevos modelos de sus famosas cámaras, con todas las características clásicas de la OneStep (1977), que incluyen algunas mejoras y actualizaciones para adaptarlas a la época, como batería recargable en la OneStep 2 lanzada en 2017 y conectividad bluetooth en la OneStep + lanzada en 2018, lo que permite vincular la cámara a un smartphone y aprovechar las ventajas del mundo digital. En el campo de la música ha ocurrido algo similar. Los vinilos han vuelto a cautivar a los melómanos y los tocadiscos vuelven a tener un espacio en las salas de estar.

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Pero, así como las ventas de vinilos han tomado un nuevo aire, los formatos digitales no han perdido fuerza, y el streaming ha pasado a dominar como el medio de consumo de música más importante. Su rápido impacto ha llevado a la industria musical a pasar momentos difíciles, con las ventas de discos decayendo gradualmente y grandes estudios y casas disqueras desapareciendo o entrando a formar parte de los gigantes del mercado Sony, Universal y Warner.   

Sin embargo, el streaming también ha facilitado a millones de usuarios el acceso a un inmenso inventario de géneros y estilos, y con ello le ha dado la oportunidad a cientos de miles de artistas de conectar con un nuevo público. Los niños y adolescentes de los 70, 80 y 90 son hoy adultos y jóvenes adultos, que de manera sencilla y gratuita (o por una suscripción mensual, de acuerdo con su preferencia de servicio) pueden encontrar en YouTube, Spotify y Apple Music las canciones que los acompañaron mientras crecían, y pueden también compartirlas con sus hijos, formando nuevas experiencias emocionales, y revitalizando el trabajo de sus artistas favoritos en el camino.    

La nostalgia en la música: un balance

La nostalgia afecta la manera en que consumimos la música, y lo ha hecho ya por mucho tiempo. Cualquiera que sea el “presente”, siempre nos agradará escuchar un poco del “pasado”. Con la posibilidad que nos ofrecen las tecnologías en nuestros días, es quizás más fácil que nunca acceder a una cantidad inimaginable de música, y si bien las tendencias modernas lideran en cifras de reproducción, es claro que las “viejas favoritas” siguen dejando su huella.

En cuanto a la comercialización de ese fenómeno nostálgico (películas, series, mercancía), se puede debatir que no es más que un pretexto para vender por vender. Pero también hay que considerar que detrás de toda esa manufactura es posible encontrar personas con un auténtico interés por rescatar el mensaje y el trabajo de aquellos artistas.

Y, ya que hemos aclarado que la nostalgia ofrece beneficios a la salud mental y emocional, ¿qué disco están escuchando o van a escuchar?  

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