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¿Qué deberían hacer las plataformas de streaming con las letras violentas?

¿Cómo deberían actuar las plataformas de streaming frente a los mensajes de odio? ¿Debería el algoritmo decidir por los consumidores?
Johnny Escutia - Foto: Instagram
Johnny Escutia - Foto: Instagram
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Redacción Shock

Fue gracias a Safaera, la canción de Bad Bunny, que conocimos quién era Johnny Escutia. Todo empezó el pasado 15 de mayo de 2020, cuando varios usuarios notaron que en sencillo Safaera, perteneciente al último disco de Bad Bunny, YHLQSMDLG, no estaba disponible en Spotify. En Twitter una usuaria llamada Ana Luz hizo el reclamo a la plataforma de streaming:

Horas después se descubrió que Safaera no desapareció de la plataforma por censura: simplemente se trató de un cambio en la licencia de derechos de autor. Sin embargo, se expuso la música de Escutia al mundo. Temas como pedofilia, violaciones y asesinatos a las mujeres son recurrentes en su música. En una canción llamada Novia pequeña, el rapero habla explícitamente de cómo va a torturar y violar a una mujer, para luego desmembrar y desaparecer su cuerpo.

En otra canción llamada Sin tu piel se burló del asesinato de Ingrid Escamilla, una mujer que apareció desmembrada en México D.F en febrero de 2020.  Incluso hizo una canción sobre la youtuber mexicana Yuya en la que hablaba de cómo quería torturarla y asesinarla. Ella se pronunció al respecto: “Hay un hombre que desde hace un tiempo me ha estado amenazando a mi familia y a mí abiertamente. Esta persona ‘escribe’ canciones y las ha estado publicando en diversas plataformas, tocando temas deplorables, habla sobre la pedofilia entre otras cosas”, dijo Yuya en su Instagram.

Sobre la respuesta de Yuya, Escutia afirmó “Este es un mensaje para Yuya: Quiero pedirte disculpas por la canción que hice y porque sé que te hizo sentir incómoda. Nunca pensé que tú fueses a escuchar esta canción. No tenía yo un canal de YouTube grande, con millones de plays ni nada. Era un círculo muy pequeño, era un chiste local entre nosotros los raperos. Nunca pensé”.

Pero las denuncias contra Escutia no se basan solo en las letras. Raperas como Audry Funk, Ximbo y Masta Quba dijeron haber sido víctimas de ciberacoso por parte de Escutia e incluso amenazas de muerte. Ana Luz, quien hizo el hilo que puso en evidencia al rapero, también afirmó haber sido amenazada por Escutia y sus seguidores en redes sociales.

En sus términos y condiciones para los artistas, Spotify advierte que no permite contenido de odio en su plataforma. Por “contenido de odio”, se entiende a los contenidos que promuevan la violencia a un grupo o individuo basado en características como raza, identidad de género, religión, orientación sexual, nacionalidad, discapacidad, entre otros criterios. “Seguimos implementando tecnología de monitoreo de contenido que identifique contenidos en nuestra plataforma que hayan sido reportadas internacionalmente como contenido de odio en distintos registros internacionales”, dicen las comunicaciones oficiales.

En 2017, la plataforma retiró la música de 37 bandas neonazis luego de la denuncia del portal Digital Music News. “Spotify toma acción inmediata para remover cualquier este material tan pronto se llamó la atención al respecto. Nos alegra que nos hayan alertado sobre este contenido y hemos removido la música de estas bandas”, dijo Spotify en un comunicado.

Eso es lo que dice el papel, pero en la práctica la cosa no es tan sencilla. Es Spotify es posible encontrar algunas canciones del polémico Grupo Marrano, de México, creador de un género que ellos han bautizado como “pornocorridos”. Sus canciones tienen referencias claras a la violación y al maltrato a la mujer. De hecho, durante un tiempo circuló una petición online para retirar sus canciones de todas las plataformas de industria musical mexicana.

"Voy a dejársela írsela toda

pues traigo fuerza de más

y si entre más, más, más, se queja

más se la voy a atascar."

“Mucha gente no comprende que lo único que intentamos hacer es divertir, entretener haciendo uso del recurso de la parodia y el lenguaje obsceno, y que somos un personaje ficticio. Las letras de nuestras canciones son en gran medida fantasía, y algunas de las pocas vivencias reales las exageramos para divertir y hacer reír. Nos han tachado de misóginos sin ver que en el fondo nos estamos burlando totalmente de esas aberraciones”, dijo el grupo en entrevista con Shock en 2019.

Otro ejemplo es la tristemente famosa canción de Eminem, Kim, de su disco The Marshall Mathers, en la que narra una pelea con su esposa en la que termina asesinándola.

 ¡AH ALGUIEN AYÚDEME!

¿No lo haces? perra, nadie puede oírte

¡Ahora cállate y toma lo que está viniendo hacia ti

Se suponía que tú me amabas

¡AHORA SANGRA! ¡SANGRA PUTA!

¡SANGRA! ¡SANGRA PUTA! ¡SANGRA!

Estas canciones están bajo la etiqueta de “Contenido explícito”. Sobre este tema, Spotify aclara: “nuestras etiquetas de contenido explícito se aplican con base en información obtenida de quienes tienen los derechos de autor. No podemos garantizar que todo contenido explicito esté etiquetado como tal”.

Por varias razones a lo largo de la historia, muchas canciones han sido censuradas o retiradas de radio. A comienzos de los 90, Fuck Tha Police de N.W.A fue censurada en varias emisoras y el FBI envió una carta a la disquera manifestando su rechazo a la manera en la que la policía era representada. También existen casos en los que los mismos artistas deciden modificar una canción, pues ya no se sienten identificados con ella, como es el caso de Café Tacvba, que decidió ya no tocar su famosa Ingrata en los conciertos en vivo, o The Cure, que a veces reemplaza el Killing An Arab (matando a un árabe) por Kissing An Arab (besando a un árabe).

¿Canciones como la de Johnny Escutia deben retirarse de las plataformas de streaming? Para Carolina Sintura, del colectivo feminista SietePolas: “La violencia que describen sus canciones (de Escutia) es tan explícita y evidentemente misógina que es un alivio saber que no circula más, al menos en algunas de las plataformas digitales más populares. Además, es un caso concreto fácil de discernir pues existen políticas internas de cada compañía y plataforma que buscan limitar y evitar la circulación de contenido que contenga discurso de odio. Las letras de las canciones en cuestión se ajustan tan evidentemente a esta prohibición que su retiro de la plataforma difícilmente podría ser rebatido”.

Sin embargo, para Carolina el debate es mucho más complejo, pues la violencia de género no puede ser definida por un algoritmo. “Cuando se abre la puerta a eliminar o prohibir contenidos artísticos por el tema que abordan debemos entrar en un juego de definir unos límites que siempre son difusos y en la determinación de esos límites se puede llegar a afectar la libertad de expresión. ¿Quién decide qué es la violencia de género ante un caso menos transparente y cuáles son los límites de estas políticas? Una vez abierta esta posibilidad, ¿qué pasa si alguien alega que algunos contenidos de música urbana, reggaetón, vallenato o música popular, al reforzar estereotipos sobre el cuerpo femenino como objeto, recurren a un tipo de violencia de género? ¿Quién decide ahí y a quién le damos la potestad de definir lo que sí es y no es admisible? Por otra parte, una vez la violencia de género entra a ser un criterio a través del cual decidir si se permite o no la circulación de contenido artístico, ¿por qué no admitir otros criterios que algunos alegarían que son similares? Por ejemplo, el contenido que contenga cualquier tipo de violencia física o verbal. Por ahí desaparecerían todos los contenidos que protestan contra la policía o las autoridades o incluso la música que les habla a las mujeres sobre defenderse de los abusos de los que pueden ser objeto. Como todo lo que tiene que ver con controlar las expresiones artísticas, sobre todo en una cultura machista, misógina, patriarcal y conservadora, se puede convertir rápidamente en un arma de doble filo y esta es una realidad de la que debemos ser conscientes”.

Carolina añade que “la acción que realice o no la plataforma oficialmente pasa a un segundo plano cuando el público en general toma una posición inequívoca frente al consumo y circulación de un cierto tipo de contenido y cuando sienta una posición tan clara y masiva de rechazo. Este tipo de reacción tiene, tal vez, una incidencia mucho mayor que a que puede tener el control oficial de contenidos por parte de la plataforma (tan controvertido y difícil de efectuar, en cualquier caso)”.

La discusión sobre si las canciones violentas deben ser retiradas de las plataformas no tiene una respuesta única. Lo cierto es que difícilmente sus algoritmos y su tecnología van a ser los únicos recurso para determinar si una canción debe estar ahí. Es el usuario con su poder de decidir qué quiere escuchar, así como denunciar lo que no le gusta, el que determinará qué canciones merecen permanecer. El debate no debería ser si la plataforma retira el contenido o no, sino por qué encontramos atractivas ciertas temáticas en la música que escuchamos. 

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