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Una conversación infernal con Kerry King de Slayer

El cielo puede esperar, pero el infierno también
Por
Eugenio Chahin

Antes de su más reciente concierto en Bogotá el guitarrista de la emblemática banda de thrash habló con Shock sobre ídolos, seguidores y amigos. También de la vida de su banda a pesar de la muerte.

Por: Eugenio Chahin

¿Verdad que Kerry King no puede ser nombre real? Pues, de hecho, sí que lo es. Es exactamente “Kerry Ray King” y no se trata de un seudónimo malote de heavy metal, sino del hombre hecho heavy metal en un nombre. De manera que para este guitarrista la suerte parecía estar echada ya desde que decidió venerar tempranamente a Sabbath y a Priest al interior de su habitación suburbana de adolecente en Los Ángeles; pero, sobre todo, cuando quiso tener su propia banda, y convertirla en una más extrema y temible que las de todos sus ídolos juntos. Ahora todos sabemos que en el camino aprendió uno que otro truco en las seis cuerdas cuando hizo parte de una de las primeras alineaciones de Megadeth; pero eso no podía durar demasiado porque King no es tipo más condescendiente del mundo y Dave Mustaine puede serlo mucho menos, así que desde 1981 su historia es enteramente la de Slayer, esa banda que aún hoy encierra todo lo que no es falso en el mundo del metal y que sigue sacando adelante junto al bajista/cantante Tom Araya por los escenarios del mundo entero. Muy a pesar de la industria y del tedio y de la muerte misma.

En 2017 King puede parecer un poco más asentado o medido que su yo adolecente de los tiempos de Show No Mercy y de Hell Awaits, álbumes seminales de speed metal, llenos de represión hostil y de testosterona suburbana, que devendrían en el sonido thrash con el indiscutible Reign in Blood de 1986, una producción que en adelante supondría el ingreso de aquel sub género a la madurez y la inmortalidad. De todos modos si te sientas a su lado por estos días para entrevistar a su yo de 52 años de edad, podrás notar enseguida que aún sigue viva esa chispa que aún lo hace tan músico como fan. De hecho cualquier seguidor prototípico de Slayer es casi siempre en alguna medida una versión caricatura de King. Y no hay nada sutil en esta imagen. Se trata de un tipo intenso y real y vocal, que te va a decir lo que se le pasa por la cabeza y de repente te puede divertir tanto como consigue intimidarte. Un balance que, curiosamente, también logra en la música de Slayer.

Esta conversación sucedió durante la última parada de su banda en Bogotá, en medio de la gira de su más reciente álbum Repentless, ya tras la muerte del otro guitarrista fundador Jeff Hanneman y la salida del baterista insignia Dave Lombardo. Esa noche, unos minutos antes del show del 03 de mayo, King quiso hablar un rato con Shock sobre… ¡heavy metal! Por supuesto, cómo podría haber sido de otra manera.   

Para la primera vez de Slayer en Colombia (2006) viniste con Jeff Hanneman. Durante la segunda (2011) él ya estaba enfermo. Y para esta, él ya no vive. ¿Qué recuerdas de este lugar en ese arco de tiempo?

Ni siquiera recuerdo el primero. Yo hago la tarea de hacer el setlist, y revise hasta el anterior pero no seguí hacia atrás a ver si había otro, porque pensaba que solo habíamos hecho uno. Cuando acabemos esto tengo que revisar en internet el que me perdí. El último lo recuerdo, no exactamente, pero sí haber venido aquí; los shows todos se te confunden en un punto. Sur América en general tiene un público muy ruidoso, es increíble, voy a pedirle a mi manager que tome mi teléfono y grabe el primer coro porque será una locura.

Para las listas Repentless resultó un disco especialmente potente, así como para el público. De todos modos era el primero sin Hanneman. ¿Qué cambió necesariamente en las dinámicas de composición y grabación? Y, ¿Cuánto lo extrañaste esta vez?

Escuché Repentless el otro día en el gimnasio, no lo había hecho en meses, y pensé “esto salió bastante bien”. Cuando grabo algo, lo termino oyendo tantísimas veces, luego escucho un par de veces el producto final y lo alejo por unos 7 u 8 meses, a menos de que esté buscando algo para tocarlo en vivo. Hice la tarea para ver si estábamos tocando todo bien y añadir un par de canciones en unos meses y quería saber si teníamos bien las partes; ahí pensé “quedé realmente contento con como salió este álbum”.  La dinámica de grabación no fue tan diferente, porque he estado grabando las guitarras y los bajo por más de veinte años, excepto las guitarras líderes que grababa Jeff.  Así que eso no fue diferente. Lo diferente en el estudio de grabación fue su ausencia, sabes, mi compañero de composición con el que retroalimenté ideas durante toda mi carrera ya no estaba más ahí; eso fue raro, pero sentí que la música que teníamos ahí era bastante contundente, debíamos grabarla y resolverla como mejor pudiéramos; y el mundo respondió con un #2 global (en listas), que es algo que yo jamás esperé.

¿Recuerdas un momento particular en el que le hubieses mostrado (a Jeff) por primera vez un riff clásico tuyo?

No. Los míos (los riffs) eran casi que el opuesto completo, porque jugábamos a la policía el uno con el otro. (Jeff) traía algún riff que pensaba que era un éxito absoluto y yo tenía que señalar lo malo que había con éste; no podías obviar eso, él decía “pensé que esto era bueno, pero tienes razón”. Y lo mismo en mi caso, llevé más de uno y él decía “ese riff no va a volar”.  A veces estas tan cerca de la música que no ves cómo ese riff no es el adecuado para esa canción, o para Slayer en general.

¿Un gran riff? Hombre, por donde comenzar. No puedo decirte, hubo muchos momentos en donde nos presentábamos una canción y decíamos como “hombre, como habría querido que pensaras en eso años atrás”. Pero hay tantos riffs, los sigo escribiendo, y tal vez haya mejores por venir, sé que tenemos muchas canciones esperando a que volvamos a grabar.

 

La gira Clash of the Titans (1990-1991) fue un pináculo comercial para el thrash, y a la vez una suerte de fin simbólico para su era dorada. Ustedes, Megadeth y Anthrax en la cabeza, pero los relativamente desconocidos en aquella época, Alice In Chains, abriéndoles. ¿Cómo interpretas todo lo que pasó después de eso hoy en día?

Creo que eso le pasa a cada género de cada tipo de música. Y ciertamente le sucedió al thrash, las compañías disqueras saturaron el mercado hasta que se convirtió en una parodia de sí mismo. Yo lo señalé en aquel momento: “ustedes, gente de las disqueras, están firmando a cualquiera que suene siquiera remotamente parecido a Metallica, Slayer, Megadeth, Anthrax, Exodus o Testament, a bandas basura”. Eso diluye el mercado y divide a los fanáticos, porque algunos de los más nuevos siguen a las bandas menos trascendentes, mientras que los que siempre habían estado allí siguen amando a Metallica y Slayer, etc; se terminó por canibalizar a sí mismo.

Pero sabes, luego vino el grunge y le pasó igual. Ahora solo hay cuatro bandas, Alice (in Chains) Pearl Jam, Soundgarden y algún par más. Pero saturaron el mercado con versiones genéricas de eso y mató la vibra. Luego varias regresaron hace unos años en medio de una gigantesca ola de energía, de manera que es casi fresco de nuevo, porque se fueron, regresaron y es como si nunca hubieran marchado. Como nosotros o Metallica, estamos atravesando una nueva ola de popularidad, como si el género nunca se hubiera marchado.

Hablando de eso. Ahora saldrán de gira con Lamb Of God y Behemoth en los Estados Unidos. Podría decirse que ustedes han vuelto a la cabeza del género trashaber, influenciado casi todos los sub géneros de metal extremo que les sucedieron: el Death, el Black, el Metalcore o New Wave of American Heavy Metal…

Solo espero que la gente haga lo correcto. Las compañías disqueras ya ni siquiera son importantes ya casi realmente, si bien nos apoyan a nosotros, en el caso de las nuevas bandas ni siquiera creo que necesites un sello disquero ya. Los tiempos cambian. Pero es difícil hablar de mí en este contexto, porque me siento así sobre Black Sabbath. Si no hay Tony Iommi posiblemente no habría heavy metal; alguien podría haber salido con algo similar y los demás podríamos haber seguido un camino que nos trajera aquí, pero sin Tony Iommi ni Black Sabbath no podría garantizar que yo estuviera haciendo esto. Sé que los chicos ahora se sienten así en relación a Slayer y mis contemporáneos, pero puedo señalar la raíz hasta mucho antes que yo. Cargué la antorcha y ahora alguien más la cargará por mí cuando esté acabado.

En los últimos discos Slayer no ha cambiado drásticamente la estructura musical, pero sí parecen poseer una energía recargada. ¿Hay alguna influencia de nuevas bandas o corrientes dentro de la música pesada que les haya devuelto el ímpetu?

Para mí no ha pasado nada nuevo en la escena en más de 10 años. Sí hay nuevas bandas, y está esta cosa americana que nombrabas (New Wave of American Heavy Metal). Sé que hay algunas bandas nuevas de thrash saliendo y si estuviera un poco más al día con la prensa podría nombrar algunas, pero no sé a menos de que la gente me diga. Porque me llegan discos todos los putos días  y si no me lo recomienda alguien, o si me llega de parte de un desconocido, le daré dos canciones en mi reproductor y si no me gusta nunca lo volveré a escuchar. Tengo que escoger.

Cuando Ghost salió –y los quiero, son unos chicos dulces y son amigos míos– Brian Slagel de Metal Blade me dio el cd. Cuando Gary (Holt) empezó a ensayar con nosotros le dije: “Hey, tengo este nuevo disco, Brian Slagel me lo dio, debe ser bueno, dice que es su favorito”. Lo pusimos, y lo odié.  Y nada en contra la banda, es solo que no es para mí. Todo el mundo usa esa cita fuera de contexto, lo he visto un millón de veces, “Kerry King odia a Ghost”. No odio Ghost, solo que no es lo mío.

Esto de Ghost me hace pensar en Mercyful Fate, quienes los influenciaron a ustedes. La gente señala similitudes entre ambas bandas.  ¿Estará Ghost tan lejos de representar esa nueva gran influencia para una nueva generación en el futuro?

Creo que eso me pareció a mí también, pero es solo por cómo se presenta el estilo de las voces. Pero realmente no, he llegado a asimilar eso, pero de todos modos no ha hecho que me guste más. ¡Sigo intentándolo! (risas).

En el pasado has salido de gira con King Diamond (cantante de Mercyful Fate) y con Marilyn Manson, dos eminentes conocedores del ocultismo. Siempre me pregunté cómo sería una conversación sobre lo maligno y lo divino entre ustedes, o si realmente lo único que podía suceder en la tras escena era que destaparan unas cuantas cervezas.  

No soy alguien al que le guste sentarse a hablar de ideologías, porque creo que todo el mundo tiene derecho a tener su propia opinión. Yo las puedo tener, y de pronto se reflejan en mi música, pero no ando diciéndole a nadie: “¡Hey, escúchame a mí y cree en lo que digo o eres un imbécil!”. (Risas). Tom, sea lo que sea, no es un ateo; yo sí lo soy y somos polos opuestos en términos de ideología y esas cosas. Pero él también entiende que Slayer es entretenimiento, y creo mucho más en las cosas que escribo que Tom, pero él es un cantante y sabe que está entreteniendo a la gente, así que ha podido captar eso.

Las canciones de Slayer son una forma de arte, como los versos de Dante o las pinturas de Boccaccio, que contenían duras representaciones oníricas del mal en la tierra. Siempre muy vividas en cualquier caso.

Una de las cosas que más me enorgullecen es cuando termino la letra de una canción y resulta ser un pequeño guion, en donde puedes visualizar todo; especialmente “When The Stillness Comes”, esa canción es tan visual cómo es posible, y cuando la tocamos en vivo me da escalofríos, “Esto es putamente chévere”. Sigo siendo un fan, creo que los chicos perciben esto y lo comparan con mucha gente que lo hace por hacerlo. Nosotros no vamos en piloto automático, tocamos para romperla.  

Bueno, los fans de Slayer, generalmente suelen ser extremadamente apasionados. Hasta el punto de dar algo de miedo, tantas veces…

Solo es que se emocionan. El único consejo que podría darle a alguien así es que cuando bajamos de tocar probablemente no estemos con el mejor de los ánimos. (Risas). Aprecio el entusiasmo y lo entiendo porque he sido así con mis héroes. Me refiero, por años no pude hablarle a Tony Iommi o a Glenn Tipton, pensaba “para qué diablos van a querer hablarme a mí”. Pero es difícil, tanta gente quiere autógrafos y fotos, pero como le decía a este tipo con el que hablaba ahora, si no puedo firmar para todo el mundo no firmo para nadie, porque no quiero hacerlo con 5 y dejar de lado a 90, odio eso.

Por otro lado cada vez parece haber más fans casuales de la banda, que usan tus camisetas muchas veces por moda, sin siquiera haber escuchado a la banda. ¿Cómo te sientes con esto?

Creo que Slayer, más que una banda, es un estilo de vida y sus fans son parte de eso. Ahora, he visto gente así y sé a lo que te refieres, es la razón por la que Gary (Holt) se puso esa camiseta que decia “Kill The Kardashians”. Pero como no conozco a estas personas no puedo condenarlas por usar mi camiseta porque quien sabe, tal vez tengan una canción mía en el iPod, no lo sé. Ahora estamos en tiendas que es algo que jamás pensé que pudiera suceder; pero no puedo juzgar a alguien por usar nuestras cosas, sin haberlos conocido personalmente. De pronto les gustamos, de pronto tratan de ser cool y usar prendas de Slayer porque tenemos 35 años de credibilidad, si ese es el caso no me va tanto. Pero sacamos nuestra mercancía para los fans, y si en algún momento el tema se vuelve mediático, no hay mucho que yo pueda hacer al respecto.  

Como fanático, ¿has vivido alguna experiencia parecida con alguno de tus propios héroes?

La primera vez que conocía Ronnie James Dio estábamos en Japón haciendo un festival que se llamaba Beast Feast y luego cambió de nombre a Loud Park. Creo que tocaba Dio en solitario, y mi manager de producción solía trabajar para Sabbath cuando él estaba con ellos. Así que ambos estaban hablando, y me acerqué al bar ya un poco prendido, pero aún coherente, porque nunca abordo a nadie borracho. Así que fui y le dije “Charlie, preséntame a tu amigo”, que era RJD.

Y este es el tipo más dulce que pudieras conocer en tu vida, la súper estrella más amable. Pero hablarle a RJD era como hablarle a Sport Center, él sabía más de mi equipo o el tuyo que cualquiera, basketball, baseball, sabía todo. No recuerdo el año pero los Indianapolis Colts ganaron el Superbowl y esto era ocho semanas antes de los Playoffs. Él le iba a los Chicago Bears ese año, y le dije “RJD te apuesto cien dólares a que pierden contra cualquier equipo”. Y así pasó. Así que el siguiente verano estábamos en Holanda y Sabbath tocaba antes que nosotros; y así es de grande Slayer en Holanda, Sabbath tocaba antes que nosotros y no debería haber pasado así, me siento mal.  

Nos bajamos del escenario y veo a Ronnie en el pasillo con una copa de vino, lo señalé, y luego me paga en Euros. “¡Cabrón!”. Luego saco un billete de cien dólares de mi bolsillo, y le digo: “¡Firma este hijo de puta!”.  Y aún lo tengo. Pero la moraleja de esta historia, es que después vi a Sabbath cuando tocaban en San Bernardino en Ozzfest, tocaban (Judas) Priest, ellos, Testament. Estaban haciendo un meet and greet después del show, y me hice en la fila, no queriendo importunarlos; faltaban unas veinte personas y le grité al guardia en la esquina: “Quieres hacer el puto favor de apurarle, solamente estoy tratando de saludar”. (Risas). Ronnie casi se cae de su silla de la risa, fue putamente gracioso. Ese es el final de mi historia.

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