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Virtudes y reparos de la segunda edición del Cosquín Rock en Colombia

¿Qué puede ofrecer el Cosquín como festival, además de un buen cartel? 
Fotos: Alejandro Gómez  y Natalia Pedraza en Cosquín Rock 2018
Fotos: Alejandro Gómez y Natalia Pedraza en Cosquín Rock 2018
Por
William Martínez

El festival de origen argentino acertó en juntar, en un mismo escenario, a hitos del rock en español que ofrecieron shows impecables. Sin embargo, los problemas técnicos y las malas condiciones de un lugar que pareció pequeño para 10.000 personas hicieron densa la jornada.

Por William Martínez // Fotos: Alejandro Gómez y Natalia Pedraza

Cuando el Cosquín Rock Colombia anunció su segunda edición en mayo pasado, dos cosas saltaron a la vista. Por un lado, su line up pasó de 8 agrupaciones a 14, prueba de que el público colombiano cumplió las expectativas del festival de origen argentino en su primera edición, realizada el año pasado en el Club Bellavista Colsubsidio.

Por otro lado, los headliners de este año eran cuatro estandartes del rock en español: Ska-P, Café Tacvba, Auténticos Decadentes y 2 minutos. Un cartel, a primera vista, atractivo. Sin embargo, se trata de agrupaciones que cada año o máximo cada dos años pisan suelo colombiano, con excepción de Ska-P, que no tocaba en el país desde 2014. Esto abre una pregunta: ¿podemos esperar del Cosquín Rock grandes novedades —quiero decir: bandas que difícilmente podrían tocar en el país sin la gestión del festival — o lo suyo es hacer un buen compendio entre viejos hitos del rock en español y bandas emergentes?

Lo cierto es que la fórmula funcionó: este sábado cerca de 10.000 personas colmaron Multiparque, al norte de Bogotá. ¿Qué representó el cambio de lugar del Cosquín? ¿Qué significó que el festival decidiera abrir un segundo escenario? ¿Qué puede ofrecer el Cosquín como festival, además de un buen cartel?  Reflexionamos sobre las virtudes y reparos de su segunda edición en Colombia.

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Las virtudes

  • El Cosquín Rock fue efectivo en una operación: juntó en un mismo escenario a clásicos del rock en español que, al menos en Colombia, suelen tocar por separado. Fue interesante, además, que esas leyendas trajeran nuevas noticias: Café Tacvba tocó algunos temas de su nuevo álbum, Jei Bei (2017), en el cual volvieron a un sello independiente después de grabar con Universal durante años; los Decadentes, por su lado, presentaron algunos temas de su MTV Unplugged, que fue grabado en Buenos Aires el pasado 24 de mayo; finalmente, Ska-P, que pudo ser el plato fuerte de la noche, tocó un par de canciones de Game Over 1 (2018), su más reciente entrega.

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  • Regresó el punk. En tiempos en los que los festivales musicales se acercan más una pasarela de modas que a una descarga con vísceras, 2 minutos, Los Suziox y Ska-P hicieron que la mayoría del tiempo los celulares estuvieran en el bolsillo. Los pogos se replicaron por todo el escenario y el personal de logística tuvo que redoblar esfuerzos para contener la masa de cuerpos delirantes. Al finalizar el toque de Ska-P, se veían plantillas de zapatos, cordones, accesorios, latas de cerveza. Los vestigios de un tsunami a pequeña escala.

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  • Fue positivo que la organización, en un cartel con predominancia de punk y ska, le abriera espacio a Asian Dub Foundation, un grupo londinense de drum and bass y reggae, con melodías tradicionales de la India y líricas con matices propios del rap, que desde 2010 no pisaba suelo colombiano. Fue la presentación más virtuosa del día y recibió el aval del público.

Los reparos

  • Para algunos asistentes el cambio de lugar no fue favorable. Mientras que el Club Bellavista Colsubsidio, donde tuvo lugar el Cosquín el año pasado, ofreció un espacio amplio, bien podado y con múltiples zonas de esparcimiento, Multiparque no tenía zonas para parchar, para sentarse a comer y  beber con tranquilidad, a pesar de que los puestos de comida y de licor estaban por todas partes. Ante esto, la gente recurrió a los andenes y a las escaleras y se recostaba en las polisombras que cercaban el parque. Se sentía, además, la aglomeración. La hostilidad de caminos que se convirtieron en trochas por el aguacero que cayó durante buena parte de la tarde. Si bien la lluvia intensificó la densidad del ambiente, Multiparque en sí mismo no es un lugar ideal para recibir tal cantidad de gente. Si la gente paga cerca de $170.00 para escapar de la urbe demoledora que es Bogotá, ¿por qué debe aguantarse esto?

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  • Se presentaron varios problemas técnicos. Las dificultades con los micrófonos y el cableado, sumado a los retrasos en los vuelos de artistas como Café Tacvba y 2 minutos, alteraron la programación inicial. Para vivir una hora de música, el público tuvo que esperar entre 30 y 40 minutos, lo que desencadenó chiflidos y alaridos. Por otro lado, a diferencia del año pasado, el escenario principal no contó con pantallas electrónicas a los costados. Si uno estaba lejos de la tarima, debía conformarse con ver siluetas.

  • El escenario alternativo, llamado Circo del Cónsul, fue casi un escampadero. No propuso una oferta musical atractiva para enganchar a la gente. El único momento en el que esa pequeña tarima, con apariencia de bar, tuvo una afluencia masiva fue en la presentación de Los Suziox, la banda de punk paisa que celebró sus 15 años de carrera. Pareció un espacio interesante, pero mal aprovechado. Asimismo, eché de menos el espacio de charlas que el Cosquín dispuso el año pasado. En aquella ocasión el periodista argentino Víctor Pintos explicó episodios claves en la historia del rock argentino y en el andar del Cosquín, un festival que el próximo año cumple dos décadas. Por último, los espacios interactivos que presentó fueron islas desiertas durante buena parte del día. La experiencia no trascendió del cartel.

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