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Hagámosle barra a Haití en la Copa América Centenario

Si está de moda subirse en el bus de la victoria de los débiles, es hora de apoyar a Haití en la Copa América Centenario.
Selección de fútbol de Haití
Selección de fútbol de Haití
Por
Héctor Cañón

La desigualdad social que oprime a nuestro planeta se extiende de manera descarada en las canchas de fútbol. Messi, el jugador más rico de la Copa América Centenario, gana en un minuto más dinero del que un ciudadano haitiano del común recibe en un mes. Por eso, a menos que enfrente a Colombia, nuestro equipo en la Copa América Centenario es Haití.

Por Héctor Cañón Hurtado @CanonHurtado

Haití es el país más pobre del continente y la selección de fútbol que lo representará en la Copa América Centenario es el reflejo de la vergonzante miseria en la que vive el ochenta por ciento de sus 10 millones de habitantes. El equipo, que suele jugar de azul rey como si el color de su uniforme fuera una ironía para sacarle en cara al mundo su indiferencia, no tiene la más mínima opción de dar la vuelta olímpica en el Metlife Stadium de New Jersey el próximo 26 de junio.

Es más, si sobreviviera a la primera ronda se convertiría en la selección más importante de su precaria historia futbolera y en una banda de legendarios héroes deportivos para sus paisanos. Tal vez entonces el sueldo mensual de mil dólares que reciben sus seleccionados podría aumentar.

Esa pobreza, cotidiana y futbolística, no es un secreto para nadie. Si Haití le ganara hoy a Perú, uno de los tres equipos más débiles del fútbol suramericano, aquellos que hayan cometido la locura de apostar a su favor recibirían 8 dólares por cada uno que hayan arriesgado. En caso de coronarse campeón, después del plop colectivo en el planeta futbolero, los aventureros que se le hayan jugado por los isleños convertirían cada dólar en mil.

Esto, amigos, no es una invitación a apostar. Ni más faltaba. No queremos que pierdan su dinero ni que se vuelvan “apostahólicos”, pero sí que consideren la posibilidad de hacerle barra a Haití solo por la satisfacción que genera apoyar a aquellos que están más necesitados que nosotros de alegría, de héroes que les permitan creer en los beneficios de una identidad colectiva, de un alivio a la miseria de todos los días.

La voracidad del mundo capitalista no tiene fin y la industria en la que se ha convertido el fútbol no conoce la compasión por el dbi﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽odría aumentar un trisébil. Hoy, cuando Haití enfrente a Perú en su primera participación en el siglo de vida que tiene la Copa América, el precio que se pagó por las boletas más costosas será igual al ingreso per cápita anual de sus habitantes: alrededor de 800 dólares.

Ahí, por supuesto, no para la desigualdad. Messi, quien viene de ser juzgado en Barcelona por fraude fiscal, gana en un minuto más dinero del que un ciudadano haitiano del común recibe en un mes y con los 52 millones de dólares que Neymar debió pagarle al fisco brasilero, por evasión de impuestos, se podría aliviar para siempre la angustia cotidiana de miles de isleños.

En cuestión de fútbol, para Haití todo tiempo pasado fue mejor. A pesar de no haber clasificado a ninguno de los 20 mundiales que se han disputado desde 1930, también tuvieron en la década de los 70 una generación dorada que los hizo celebrar en las polvorientas calles de Puerto Príncipe, su capital, la pasión por su selección de fútbol. En 1973, a mitad de camino de la dictadura de 22 años de Doc Duvalier y su hijo Jean Claude (quienes se nombraron a sí mismos presidentes vitalicios y saquearon los escasos bienes de la nación), fue por primera y única vez el rey del torneo de selecciones de la Concacaf. En el 71 y el 77 debieron conformarse con la medalla de plata.

En esta Copa América, cuatro décadas después de sus días de gloria, son un equipo integrado por futbolistas que están a años luz de los divos del balompié en dinero, calidad y fama. Wisla Cracovia de Polonia, Mohun Bagan de India y Jacksonville Armada de Estados Unidos encabezan la lista de clubes exóticos para los que juegan sus estrellas.

Sin embargo, seis años después del terremoto que arrasó con el país y dejó alrededor de 250 mil muertos y más de un millón y medio de desplazados, sus jugadores han batallado, en medio de la descarada desigualdad, con un ímpetu renovado. Según han confesado, el recuerdo de los familiares y amigos muertos en el desastre son el principal aliciente que los lleva a batallar en la cancha, aún cuando los uniformes y los guayos aparecen, a veces, minutos antes de que se de el pitazo inicial.

En 2013 perdieron 1-2 con la encopetada selección España, que se pavoneaba por las canchas con su chapa de campeona mundial. “Yo no soy un extraterrestre, soy humano y mi trabajo es meter el gol si me llega el balón. En la cancha todos somos iguales”, declaró sin vanidad Wilde Donald Guerrier, el mismo jugador que le anotó a la selección Colombia en el pasado juego amistoso.

Hoy, tras varios altibajos, ocupan el lugar 74 del ranking de selecciones de Fifa y están por encima de países poderosos a nivel económico como Canadá, Omán y Jordania. A la Copa América Centenario clasificaron tras caer en cuartos de final de la Copa de Oro con Jamaica, equipo que a la postre habría de quedar subcampeón

Hagámosle barra a Haití. No es necesario esperar otro terremoto para poner nuestros ojos sobre la atormentada isla ni para extenderle nuestra solidaridad a un pueblo que, aunque sea difícil de asimilar, sufre más hambre, desigualdad e injusticia que el nuestro. 

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