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Dejen de joder, el fútbol no tiene la culpa de los problemas del país

El odio es el opio del pueblo colombiano.
Por
Héctor Cañón

En el último partido de la Selección Colombia, frente a Costa Rica, perdimos 2-3. Honorables mamertos, yo creo que ustedes tienen la culpa por tirarle la mala energía, que han acumulado durante años y años de injusticia social, a la selección. ¡Vamos Colombia (campesina y futbolística)!

Por Héctor Cañon Hurtado // @CanonHurtado // Meme redes sociales

Ahora resulta que los que mercan orgánicos en los supermercados quieren satanizar a los que celebran los goles de la Selección Colombia porque el país vive la vergüenza de un nuevo paro agrario. Eso es puro marxismo-leninismo trasnochado y afán de proyectar en las redes sociales una imagen de niños buenos, que abren de par en par sus corazones y conciencias para solidarizarse con los que cultivan la tierra con el propósito de que todos podamos comer. ¿Y quién se acuerda de los campesinos cuando soportan la injusticia y no salen a bloquear carreteras? ¿Quién, mientras la Selección Colombia brillaba en el pasado mundial y los agricultores estaban igual de jodidos que hoy, saltaba por ellos? ¿Quién los defiende cuando se pasea por los interminables corredores de un almacén de cadena? 

Casi nadie porque ojos que no ven corazón que no siente. Casi nadie porque sería impopular postear a favor de los agricultores en redes cuando todo flota en la calma chicha en la que vivimos los colombianos desde tiempos remotos. Casi nadie porque casi nadie sabe lo que es cultivar la tierra, bajo el sol y la lluvia, con las propias manos.

Es fácil publicar a favor de los campesinos mientras se le compra a los hipermercados, mientras de onces se zampa uno una Coca-Cola con papas fritas, mientras no conocemos a ningún productor directo de los alimentos que consumimos sin reparar siquiera en su procedencia ni en sus valores nutricionales. 

No entiendo, honorables mamertos, el razonamiento de que al infortunio que atraviesan los campesinos del país a causa de la corrupción rampante del Estado, de la voracidad de los grandes capitalistas y de la falta de conciencia social y ambiental de todos los que viajamos en este barco, debamos sumarle una enemistad con la selección Colombia. 

El fútbol es solo un deporte maravilloso que, más allá de las ansías de acumular de los que solo juegan a eso donde quieran que los pongan, les brinda a los pueblos la oportunidad de resolver la dualidad que los separa en medio de una fiesta. ¿No aportaría más anunciar que se apoya a los campesinos y también a los cracks de la selección? Es decir, solidarizarse con cualquiera de las dos causas es, en primera instancia, una iniciativa energética. Nadie puede meter los goles que Bacca no meta, pero tampoco me imagino a ninguno de los que se indigna con los que celebran a la selección midiéndosele a bloquear la Panamericana, teniendo en frente a los robocops del Esmad, prestos a impedir el derecho a las manifestaciones públicas de inconformidad. Tampoco me los imagino con las manos encallecidas y las uñas negras de quienes cultivan la tierra.

En el fútbol, más allá de alentar, no se puede hacer nada para empujar la causa. Bueno, tal vez comprar la camiseta. No la original de Adidas, porque eso alimentaría al imperialismo yanqui, ni la “made in China”, porque eso promovería la semi esclavitud en la que viven algunos trabajadores de ese país. La paisa, de 40 luquitas, que es casi idéntica a la original y que demuestra nuestro gran talento para la falsificación. En la cuestión del paro agrario, que es apenas otro capítulo de la profunda desigualdad socioeconómica del país, sí hay algunos pasos sencillos que aportarían mucho más que las publicaciones en redes sociales en contra de la selección Colombia. 

Honorables amigos: compren productos de temporada directamente al productor. Pilas porque para eso van a tener que tomarse unas polas menos en la noche y madrugar. Apoyen las movilizaciones en las ciudades y no se vayan a emputar cuando vean que un montón de pueblo lo hace con la misma camiseta con la que Cardona quiere llevarnos a ser campeones. Firmen el Referendo por el Agro. Y, por último, visiten a los campesinos en sus hogares. Para eso, amigos, hay que ahorrar alguito de plata y no desperdiciarla en mecato, guaro y cigarrillos.

Pongámonos la mano en el pecho y tengamos un tris de honestidad: ¿A quién beneficia el conflicto que quieren generar entre el equipo de fútbol y los campesinos en crisis? Pues a los responsables de la crisis. ¿Por qué? Porque pone a un grupo de colombianos a pelearse con otro, en vez de estar unidos en torno a dos ideas que, en mi opinión, no son contradictorias. 

Es obvio que la situación de los campesinos es vital y que el fútbol es solo un entretenimiento. Por eso mismo, para qué poner a la gente de un mismo y sufrido país a enemistarse por situaciones que no están en un mismo nivel. El fútbol es una diversión y no es inteligente renunciar a las diversiones cuando se agudizan los problemas. Eso sería facho, amigos. Al contrario, en esos momentos se hace indispensable conservar espacios para la alegría y el encuentro con los demás.

El odio es el opio del colombiano. Piénsenlo. 

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