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La reencarnación de Illya Kuryaki

Por
Redacción Shock

Por: Nadia Orozco @cornfake

Es cierto, no fueron el primer grupo argentino ni mucho menos latinoamericano en hacer rap, de lo que sí se puede dar fe es que se consagraron como una oda a la experimentación en el género al mezclar sus dotes en el hip hop con el rock y el funk. Álbumes como Chaco se convirtieron en verdaderas piezas sonoras que hoy en día hacen parte del libro gordo de la historia musical del continente. Sus letras enigmáticas, su sello musical, su potencia en tarima, la imagen de niños malos con pintas raras y una estética inspirada en las artes marciales, al mejor estilo de Wu Tang Clan y un ADN artístico innegable (Dante Spinetta hijo de Luis Alberto Spinetta y Emmanuel Horvilleur hijo del fotógrafo Eduardo Dylan Marti) se convirtieron en ingredientes claves de una fórmula que los convirtió en una leyenda viviente.  

En el 2001 Dante y Emmanuel decidieron tomar rumbos distintos, y aunque ninguno de los dos sepultó el mundo musical por completo, el año pasado casi que por un pedido especial de sus hijos decidieron juntar sus poderes, ponerse sus mejores ajuares y gritarle al mundo su nueva consigna: funk is back, motherfuckers. Hicieron su entrada triunfal a Colombia en los Premios Shock del 2012 y regresaron a la tarima de Rock al Parque para cerrar el festival el año pasado. Esta vez vuelven a aterrizar en la capital para compartir escenario con la que según ellos es una de las mejores bandas de Latinoamérica: Systema Solar. 

 

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Tuvimos una corta charla con Emmanuel antes de su concierto en Bogotá. 

 

¿Cómo están ahora? 

Estamos descansando en estos días, venimos de hacer shows grandes, tocamos en el Cosquín  Rock nuestro festival más grande. Así que estamos descansado porque se vienen unos shows ahora nos vamos a Paraguay, luego Texas y luego a la vuelta bajamos al sur, pasamos por Colombia a hacer el show que va a estar buenísimo. 


Inevitablemente ya no le tocan al mimo público de la década de los noventa. Esta reunión también supone cantarle a nuevos oídos… tal vez más jóvenes. ¿Cómo se sienten con esto?  

Yo creo que hacemos nuestra música e intentamos llegarle a la mayor cantidad de gente posible. Acá en Argentina ha aparecido un público nuevo y muy grande; hace poco hicimos una grabación en vivo en el Luna Park, el concierto más importante que hemos tenido a la fecha y se ve una gran composición de ese público que es nuevo, ellos se acercan ya sean porque escucharon referencias de nosotros y porque somos una banda clásica, pero también porque sacamos algo nuevo. No somos una reunión solo porque tocamos canciones del pasado, sino porque creamos una nueva estética y un nuevo sonido, de eso se trató Chances. Naturalmente se suma gente nueva a aquellos que nos conocían de los noventa.


Aunque no han estado alejados de la música, han pasado diez años desde que no tocan con IKV ¿Se sienten cómodos entrando en los nuevos procesos de una industria musical, cambiada y acomodada a nuevas estructuras? 

Yo creo que en algunas cosas somos vieja escuela, a nosotros nos interesa dejar plasmado algo que hable de una época y Chances se suma a nuestros trabajos más importantes como Chaco, Versus, Leche y para eso hemos trabajado casi un año. Nosotros sentimos que es importante plasmar todo ese momento en un disco, obviamente hemos tenido que hacer canciones sueltas o singles, también nos gusta; la verdad es que es un paso secundario, lo importante es poder crear un universo y un concepto y para eso nos juntamos para hacer canciones. 

El ritmo y el tiempo de los procesos también cambian. ¿Cómo es el proceso de producción al interior de IKV?

Es un proceso como siempre pasa cuando nos juntamos es largo, no somos una banda de hacer discos en tres meses, entonces es una búsqueda, nos vamos por diferentes regiones y va quedando en la superficie “lo que va ganando”. Hemos hecho muchas canciones para Chances, pero así es la manera como trabajamos. 


¿Qué se siente volver a ese ritmo de giras, conciertos, entrevistas, viajes?


En realidad nunca nos hemos ido, Illya tiene más atención, pero en estos años también trabajamos como solistas. Pero en este momento estoy disfrutando mucho todo lo que está pasando porque es algo que está creado por nosotros y es como catalizar algo que viene desde hace muchos años, desde que sacamos nuestro primer disco, entonces todo lo que está pasando es el resultado de nuestra historia, de que siempre estuvimos pensando en nuevas letras, sonidos, historias y creemos que este momento lo estamos cosechando por todo lo que plantamos durante años. 

Chances, al igual que sus discos anteriores es un trabajo de subidas y bajadas. Por momentos parece estar hecho para bailar y para la euforia, pero luego llega un momento en que todo se pone oscuro…

¡Sí! Claro, Siempre nos gustó eso; nos gusta la agresividad y la cámara lenta, nos gusta la oscuridad y la luz, nos gusta hablar del amor y el desamor, nos gusta el blanco y el negro; eso somos nosotros, es ahí donde nos sentimos a gusto, mezclando líricas que pueden ser pop y otras no tanto o a veces una lírica más dark con una música bien divertida. Eso es Illya Kuryaki y esas son nuestras personalidades. Somos así. 

Ustedes marcaron de alguna u otra forma muchos reglamentos de como se venía haciendo el rap. Le metieron una parte experimental y se adueñaron de ese concepto de mestizaje sonoro. ¿Se puede decir que ese sello sigue presente en este disco? 

Este es un disco donde Illya juega a hacer juega a hacer música sobre ingredientes clásicos. Funky futurista o Yacaré son canciones modernas, pero también hay otras como Águila Amarilla que suenan a rock nacional. Jugamos a adueñarnos de algún género y estilos donde tal vez no habíamos incursionado y los hacemos nuestros...el bolero o el afro beat, obviamente está el funk, que es un caballo. 
    

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