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¿Cuál es el bendito miedo de hacerlo por detrás?

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Por: Lola Dolores / Ilustración: Nicolás Molina 

Debo confesar que no lo he hecho, pero sí siento mucha curiosidad por descubrir por qué hay tanto alboroto por explorar los terrenos oscuros y desconocidos del trasero.

Recuerdo la primera vez que escuché acerca del sexo anal. Estaba sentada con amigos hablando sobre cosas de las que hablan los amigos, y el tema apareció seguramente por algún comentario medio chistoso medio verde de alguno presente. Lo primero que vino a mi mente fue ¿por detrás también se puede hacer? Y por muy tonta que suene la pregunta, realmente no tenía ni idea de que por la ventana trasera también se podía entrar.

El incómodo tema comenzó a debatirse y fue evidente quiénes no lo habíamos hecho. Algunos hacían cara de asco, otros, de curiosidad, y yo solo me dediqué a escuchar las experiencias de quienes sí lo habían hecho.

Desde aquella conversación han pasado quizás cinco años y aún sigo sin saber cuál es el alboroto por el sexo anal. Hace poco menos de un año, un sex buddy, o en español amigo sexual, jugó con sus dedos en mi trasero. Se sintió rico, raro, pero rico.

Los encuentros con este man, que a propósito conocí por Tinder, comenzaron a repetirse con mayor frecuencia. Y con ellos, llegaron también las ganas de que este “Tinder boy” jugara más y más con mi trasero. La idea no me disgustaba, siempre que lo hacíamos, pasaba. Dedos coquetones. Sin embargo, nunca contemplé la idea de “dárselo por detrás”. ¿La razón? Sigo sin saberla. A veces pienso que uno sí debe estar muy tragado para hacerlo, o también que el ano no está hecho para que le metan cosas: ¿acaso no existe para botar lo que no sirve?

Sin importar mis cuestionamientos, la curiosidad me mató así que pregunté a varias amigas si lo habían hecho. Las que sí, coincidieron en que era “demasiado rico siempre y cuando supiera cómo hacerse para no salir lastimada”.

Y entonces comencé investigar. Fui a San Google y hasta vi un par de videos porno.

Aún sigo sin hacerlo pero sí he aprendido algunos consejos que pueden ser útiles si  dejo el maldito miedo y de una buena vez me atrevo a disfrutar por detrás.

• Use lubricante, nunca vaselina. El cuento de usar vaselina por delante, por detrás, por un lado o por el otro, está mandado a recoger. Además de ser horriblemente pegajosa, la vaselina rompe el condón porque está hecha a base de petróleo.

• Y sí, por el trasero también hay que usar condón. En este pequeño orificio predominan bacterias que pueden desarrollar una infección urinaria.

• Tantear el terreno. De verdad, chicos, empiecen acariciando, lamiendo e introduciendo un par de dedos para así calentar el trasero. No esperen que por arte de magia abramos las piernas y pase como si nada. No, no, no.

• Si decide hacerlo, piense muy bien con quién. Debe ser una persona con la que tenga mucha confianza. El trasero no se le da a cualquiera, dicen por ahí.

• Olvídese de las cosas desagradables que pueden suceder si su novio o “amiguito especial” se lo mete por primera vez. Eso sí, cuando decida hacerlo, tome una ducha y procure no tener ganas de ir al baño a hacer del número 2.

• No se las tire de estrella porno solo por complacer a su pareja. Si lo va a hacer, hágalo porque quiere y empiece en cucharita. Esta posición permite relajar los músculos del trasero y su hombre tendrá acceso a otras áreas para amenizar el encuentro: pezones y clítoris.

• Último, pero no menos importante: “relájese y disfrute”.

Yo, por ahora, sigo dudando de si vale la pena o no. Me inclino más por que sí. Y si así es, les contaré.

Con cariño,

Lola Dolores.

 

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