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Los errores más comunes de los tipos a la hora de tirar

No hay nadie que sea “buen” o “mal” polvo, pero hay errores comunes.
Los errores más comunes de los hombres en el sexo
Los errores más comunes de los hombres en el sexo
Por
Carmenza Zá

No hay nadie que sea “buen” o “mal” polvo, pero hay errores comunes. A continuación una lista, sin orden específico, de cosas imperdonables que merecen piernas cerradas para siempre.

Por @ZaCarmenza // Foto: Getty

Yo soy de esas románticas que creen que no hay nadie que sea “buen” o “mal” polvo porque, después de todo, tirar es un asunto de dos (o más) y el éxito o fracaso de esta empresa, es responsabilidad de todos los implicados. Así que, puede que el tipo que me dé la peor experiencia a mí, resulte siendo el polvazo para otra vieja.

Sin embargo, existen errores más que comunes cuando de tirar se trata y, disculpará el público masculino por escogerlos como ejemplo, pero es que mi experiencia con las mujeres es limitada -casi nula- y, bueno, puede resultar hasta pedagógico el asunto.

Claro que hay unos errores más graves que otros y por supuesto que algunos se presentan con mayor frecuencia que los demás, pero esta lista no tiene ningún orden específico y no pretende condenar a unos más que a otros, sencillamente porque todos son imperdonables y, cualquiera que los cometa, merece que se le cierren las piernas definitivamente y para siempre.

El primero de ellos es, sin duda, la vergüenza. Esto no es exclusivo de los hombres, claro, pero es que el porno y Pasión de Gavilanes nos educaron para querer hombres que anduvieran sin camisa por ahí, sintiéndose cómodos. Y bueno, no es necesario tener el cuerpo de modelo de Calvin Klein, ¡pero de eso se trata! Si uno ya se va a comer a un tipo, es porque cumplió los requisitos y uno ya está convencido, ya se le mojan los cuquitos pensando en él.

Si lo estás haciendo bien, bebé, ninguna mujer sensata se va a fijar demasiado en tus gorditos, cicatrices, tatuajes mal hechos. Tú preocúpate en moverlo rico y ¡prende la luz!

En el otro extremo están los hombres DEMASIADO seguros de sí mismos, que no dejan de hablar de ellos y de presumir cómo se ven o lo que están haciendo. Son esos que se lo comen a uno como si estuvieran en una película porno o en sesión fotográfica de bajo presupuesto y que mandan cada vergazo acompañado de una pose.

No me desconcentres cariño, de repente me asusto y empiezo a buscar dónde está la cámara oculta o a pensar en qué momento va a salir el equipo de Brazzers de debajo de la cama. ¡Vamo’a calmarno!

En un punto medio se ubican esos tipos que hablan demasiado y uno no sabe si es que les importa mucho complacer o si, definitivamente, no saben qué carajos es lo que están haciendo.  Es el típico “¿te gusta?”, “¿te pongo en cuatro?”, ”¿más rápido?”, “¿más despacio?”, “¿Aserejé?”, “¿ja?”, “¿dejé?”.

Está bien, cariño, si yo no te digo qué o cómo me gusta  pues tal vez los gemidos, el sudor, la mordida de labio, las lágrimas, los gritos de dolor o la llamada a la policía te den señales de cómo la estoy pasando, ¿no crees?

Otro de los errores más comunes es ese que cometen los tipos que andan afanados y como si el sexo se tratara sólo de rapiditos: se les olvida el juego previo y ya lo quieren es andar metiendo sin hacer nada antes. Está bien, a veces nosotras también estamos desesperadas, las ganas no dejan ni que uno se baje los calzones siquiera y toca correrlos hacia un ladito para dar paso a la acción… pero pueden estar seguros de que un buen juego previo, un poco de manitas, lengüita y cositas al oído, les garantizan la mitad del orgasmo.

Del afán sólo queda el cansancio. Mi amor, ¿así de rápido acaba todo?

A veces no sólo están de afán sino perdidos y no saben cómo o dónde tocar. Están, por un lado, los tipos que acuden a la fórmula sencilla y se quedan tocando nada más las téticas, como si uno no sintiera rico en el cuello, la espalda y como si el par de senos fuera la palanca de cambios del carro: mueven hacia arriba, hacia abajo, hacia un lado y luego espichan el acelerador y hasta ahí les llegó la fórmula o, por otro lado, esos arriesgados y aventureros chicos que exploran lugares más que placenteros, extraños.

Está chévere que a tu ex le gustara que le chuparan los dedos de los pies y que lamieras detrás de sus rodillas, pero ya que crees que mis tetas son  la palanca de cambios de tu carro, le voy a decir a Waze que te avise por dónde ni se te ocurra meterte.

Finalmente, están esos que lo olvidan a uno cuando hay fútbol. Yo le agradezco mucho a las mujeres que entienden de este deporte porque me hacen creer que no es tan sencillo como yo me imagino y además se ven muy guapas con las camisetas de los equipos. Pero, desde ya, pido disculpas por todo el odio que voy a destilar en esta columna mientras dure la Copa América, pero es que para mí el futbol es sinónimo de mal sexo y de que me dejen a un lado mientras gritan goles y putean árbitros.

¡Yo también estoy en la banca, sin nada de acción y tú estás llorando porque Zidane no mete a James! ¡Métemelo tú a mí, caray!

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