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Manual de urbanidad para culear

Algunas recomendaciones que debió haber hecho Carreño, en sus momentos de arrechera.
Por
Carmenza Zá

Tener sexo es de las pocas vainas que son mejores, entre más cochinas sean.  Es un momento de puro instinto y carnalidad; la oportunidad perfecta para sacar nuestro lado más animal. Sin embargo, no hay que olvidar que como es un asunto entre dos o más, también existen normas mínimas para que funcione y como toda comida, es una cuestión de modales.

Por: Carmenza Zá @zacarmenza // Foto: Serie Girls HBO.

Aquí, algunas recomendaciones que debió haber hecho Carreño, en sus momentos de arrechera:

No entre sin avisar.

Esto aplica para aquellos que no han terminado de darle a uno el primer besito y ya están rompiéndole las tangas o, en el peor de los casos, para esos que quieren cambiar de orificio de manera inesperada. En el caso femenino, para esas que han intentado explorar demasiado a profundidad a su compañero y se han ido de aventureras a examinarles la próstata.

¿Su mamá le enseñó a golpear la puerta antes de entrar a algún lugar? Bien, pues lo estaba preparando para la vida sexual sin que usted se diera cuenta. Honre la memoria de su madrecita y hágame el favor de esperar en la entrada, antes de dar un paso hacia el frente.

Mirar y no tocar, se llama respetar.

Esa fórmula varía dependiendo del caso, pero como regla general no toque si no lo han invitado, no se acerque a esas zonas a las que le restringieron el paso y no insista si le limitan el acceso a algo. No a todos nos gustan las mismas cosas y que su expareja disfrutara que usted le lamiera la parte trasera de las rodillas, no lo autoriza a explorar la misma zona si ya le han dicho que no. 

Secretos en reunión, son de mala educación

No me la llevo muy bien con los tipos que juegan a ser narrador deportivo y describen cada cosa que uno está haciendo. Si quisiera alguien que me contara cómo me metió el gol, en el tiro inicial, me estaría comiendo a William Vinasco y al menos lo estaría haciendo con un profesional.

Sin embargo, prefiero mil veces a uno de estos, que a esos que hablan entre dientes y sólo para ellos mismos; ¿Está quejándose? ¿Está acordándose de la anterior? ¿Está rezando? ¿saco la pandereta y hacemos la alabanza juntos?

Acuérdese que el polvo lo está teniendo con la persona que tiene al frente, así que si hay algo que decir: grítelo, gímalo, llórelo, pero no hable con usted mismo porque cuando menos se dé cuenta, va a estar en realidad, tirando solo.

No caliente lo que no se va a comer

Así como su mamá no le dejaba recalentar nada que tuviera tomate, imagine que al calentar varias veces a alguien, sin comérselo, se le va a dañar el arrocito en bajo. 

La gente se cansa de quedar iniciada y es, además, una falta de respeto con la otra persona; usted no le va a pagar el recibo del agua, como para que lo tenga a punta de duchazos para bajarse la calentura.

Lo ajeno, se respeta.

Casos se han visto y existen personas que reservan ciertas cosas para sus parejas o determinados momentos de su vida.

Disfrute lo que le están ofreciendo: si la muchacha sólo se lo quiere chupar porque se está guardando para matrimonio, usted sólo tiene dos opciones: aceptarlo o proponerle matrimonio. Ahí verá.

Y si, querida amiga, usted es la moza y el tipo sólo se arruncha con la esposa, aproveche que a usted no le toca lavarle los calzoncillos y olvídese del romanticismo después del polvo. Si definitivamente le hace mucha falta, tiene la misma opción que los hombres: aceptarlo o huir (descarte en todos los casos el proponerle matrimonio, no vaya y sea usted a la que cambien luego)

No se levante de la mesa, hasta que todos terminen.

No venga sólo a venirse, espere a que su pareja termine o a que se canse y no quiera más. Es verdad que es muy rico comer con hambre, pero del afán sólo queda el cansancio y no es de buen gusto pensar sólo en su placer, dejando de lado el del otro.

Esfuércese, no olvide que el que es caballero repite y hacerlo bien, le garantiza hacerlo dos veces… o más.

Donde comen dos, no siempre comen tres.

Un trío, cuarteto, quinteto u orgía pueden ser buenas experiencias para una relación, pero es fundamental que lo acuerde con su pareja y ambos disfruten igual.

No se le ocurra llegar con alguien más sin decirle al dueño de la casa porque lo pueden poner, tanto al invitado como a usted, de patitas en la calle… y con justa razón.

Tampoco lo vuelva una cosa de todos los días, si su compañero sólo quería experimentar una vez. Esto puede abrirle paso a la inseguridad y dudas por parte de su pareja y, al final, toda visita que dure más de tres días, huele a muerto.

No mire el plato del otro.

A menos de que su pareja sea súper open mind o anden en la movida swinger, morbosear o pensar en la pareja de otro es de un gusto terrible.  Concéntrese en lo que se está comiendo y, si no le resulta suficiente, cambie el plato… pero comer fríjoles, mientras piensa en yogurt, le puede causar más que una indigestión.

El que llega, saluda y el que se va, se despide.

Así como tuvo carácter para pedirle el polvo a alguien, tenga la decencia de avisar cuando ya no quiere más o cuando, por cualquier motivo, tenga que ponerle fin a la aventura.

Nada más grosero que decir que va a llamar al día siguiente y no hacerlo o prometer el cielo cuando las bolas le pesan mucho y lo dejan pegado al suelo. 

Si, por el contrario, garantizó que no iba a llamar y la cosa iba a pasar al olvido, dé por terminada la cosa y no llegue a saludar, sin ser invitado.

Ahora sí, olvide todos los demás modales y proceda a desorganizarse.

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