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Mi excitante estudio sobre grabarse durante el polvo

Por
Carmenza Zá

Recientemente escuché a una periodista radial decir que “Si las niñas no quieren que sus fotos o videos íntimos se divulguen, pues fácil… que ni se fotografíen, ni se graben” ¿Es enserio? 

Por: Por: Carmenza Zá @zacarmenza // Foto: iStock.

No sólo me indigne por la afirmación de que, en todo caso, somos las mujeres las que debemos cuidarnos de esas situaciones; sino que, además, me asaltó la curiosidad por saber si dicha periodista nunca había grabado uno de sus polvos,  si jamás se habría tomado una foto sexy en tanguita para enviársela al tipo con el que sale o si, quizá nunca recibió un inbox con alguna foto caliente de un pretendiente. ¡De lo que te estás perdiendo, querida!

Y es que, en un reciente estudio, realizado por mí, en la cama de mi habitación y avalado por los últimos tipos que pasaron por allí; concluí que no hay nada más excitante que grabarse y tomarse fotos durante el polvo, para verlas luego. El resultado de la investigación, no fue diferente en los casos en que decidimos borrar el material, que en los casos en los que decidimos conservarlo; ambos sabíamos qué había pasado con la evidencia y a ambos nos arrechó registrarla.

Sin embargo, del otro lado de la situación, están las fotos y videos que nos tomamos para compartirle al otro o el material que, por algún motivo, alguien más posee sin que nosotros lo sepamos. Y claro, en estos casos, bienvenida la desconfianza por lo que ese alguien vaya a hacer con ese contenido. Pero ¿será tan grave como para hacerle caso a nuestra periodista y abstenernos de guardar registro?

Deberíamos empezar admitiendo que sí, que es rica la emoción de saber que uno arrecha a alguien más y que le pone a correr la imaginación a toda máquina. Que las palabras atrevidas y calientes en una llamada telefónica, pueden resultar más contundentes que un polvo aburrido, en vivo y en directo. Que las foticos sexys del tipo que a uno le gusta, pueden mojarle los cuquitos más rápido que cualquier sesión larga y ajena de porno. Que la arrechera se multiplica cuando quién lo calienta a uno está lejos, pero que se controlan un poquito con un video creativo… o un encuentro divertido en skype.

Me incluyo dentro del combo que disfruta el sexo por webcam y por teléfono, que manda fototetas por WA y que se emociona al recibir fotos sexys de la persona con la que esté coqueteando. Eso sí, todos los tipos han sido muy precavidos y ninguna foto de las que he recibido, ha incluido cara y verga en una misma toma. ¡Mi amor, si es que me gustas es completico y no por partes!

Y aunque es comprensible, también está sobredimensionado el miedo a que alguien haga pública esa parte de nuestra intimidad porque, si bien, cerciorarse de la confiabilidad del otro debe ser el primer paso antes de decidir dejar evidencia de algo; pues esa confiabilidad es necesaria para cualquier cosa ¿no?  Confiar en el otro debería ser requisito indispensable para, desde hacer negocios hasta grabarse tirando… ¡Esa es la parte que no hemos entendido!

Me rehúso a dejar de arrecharme con una foto casera, tomada especialmente para mí y, sobretodo, me niego a cortarle las alas a mi imaginación, pensando en cómo poner más caliente al tipo que va a recibir mi material. Y en todo caso, ya que andamos publicando, en cuanta red social existe, el enamoramiento, las peleas, las tusas, las borracheras, ya que  le tomamos fotos a la comida antes de consumirla y le activamos el GPS al móvil, para que todos sepan desde qué lugar del mundo estamos trinando; deberíamos perderle el miedo a decir:

Si, huevón, la de la foto con la mano entre los calzones soy yo… Sí, y también soy la del video amateur de porno que alguien, sin mi consentimiento, colgó en las redes. Y sí, no estoy haciendo nada diferente a lo que todo el mundo hace, nada más que de mí hay registro… ¡Y ni te imaginas cuánto me arrechó hacerlo!

 

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