Se encuentra usted aquí

Mi primera vez…comprando condones

Por
Carmenza Zá

Me sorprendí una tarde de viernes, en medio de 4 tipos y una botella de Ron, hablando de preservativos.

Por: Carmenza Zá @zacarmenza // Foto: Shock.co.

Mientras uno contaba su experiencia comprando la primera caja de condones de su vida (ver guía del condón shock), en un pueblo catoliquísimo, el otro hablaba de la marca y el color que usaba siempre; hubo risas de por medio porque dos de ellos descubrieron que usaban de los mismos. Tan tiernos, pensé; es como cuando uno descubre que usa la ropa interior de la misma marca que la amiga… ¿No? 

En todo caso y antes de decir, en medio de ese mar de testosterona, cualquier estupidez que pudiera ser usada en mi contra, intenté recordar cuál había sido mi primera vez comprando condones. Intento fallido, porque no recordé ni la primera, ni la segunda, ni la última vez que lo hice… ¿Nunca he comprado condones? ¿Y el par que está en la mesita de noche? ¿De dónde salió?....  Ah bien, ese par que ya es parte de la decoración de la habitación, que ha soportado affairs, ex novios, el verano más largo de la vida y hasta trasteos; ese par que me regaló mi papá, sin decir ninguna palabra y asumiendo que yo entendía la situación. ¿Será que cuando viene de visita y los ve ahí, tan puestecitos, se siente orgulloso de mi? Y si no, al menos ya consiguió que me acuerde de él la próxima vez que vaya a usar un preservativo. Mierda.

Y entonces, el resto de condones que he usado en la vida, ¿de dónde salieron? De un bolsillo, billetera o mesita de noche masculina, sí. Tal vez acompañé la compra en un par de ocasiones, pero seguro sin mirar al tipo de la droguería y haciéndome la pendeja, mientras hojeaba un ejemplar de El Espectador.

Nunca me pregunté por la historia que precedía al noble condón antes de encontrarse conmigo; al parecer es algo que se incluye en el mercado y que no se elige tan al azar. Inclusive, en alguna otra conversación previa (a la que debí haberle prestado más atención); otro amigo me comentaba su frustración por no encontrar en el mercado, los condones de los que admiraba la publicidad.  Tan pendejo, pensé; son sólo condones.

Y como el Ron ya empezaba a hacer sus efectos, creí que esa era la frase perfecta para salir del silencio incómodo en el que estaba, en medio de estos 4 varoniles tipos… ¿varoniles? Sí, el ron ya estaba cumpliendo su misión.

 -“Son sólo condones” dije,  y rematé contando que yo nunca había comprado ni una cajita; que lo que yo echaba en el mercado era comida y tampones. 

A lo que todos respondieron que sí, que ellos también habían tenido que comprar tampones por encargo de alguna mujer; pero que difícilmente se habían encontrado con alguna vieja que cargara preservativos. Y que no, que no eran “sólo condones” que había de todo tipo, color, tamaño y función posible (y bueno, no es como que yo no supiera eso; después de todo, no haberlos comprado nunca, no significa no haberlos puesto, quitado, botado, revisado y hasta rechazado) y que el problema de las viejas era que lo exigíamos, pero no lo cargábamos.

Al final de la jornada y con el orgullo herido, porque recibí una cantaleta más larga de lo que cualquiera puede soportar, salí decidida a comprar mi primera caja de condones. ¿Hay que recordar todo esto de la soltera de casi treinta, independiente y en verano… para que suene un poquito más patético? Peor aún, me decidí por comprarlos en la droguería y no en el supermercado, por aquello de vivir la experiencia completica.

Entre a la droguería. Me acerqué al mostrador *Aquí es donde empieza a sonar, como banda sonora Eye of The Tiger* ,  le pedí al farmacólogo una caja de preservativos y, justo cuando creí que la misión estaba cumplida y que ya podía darle check al tema de los condones en mi To Do List, al tipo se le ocurre preguntarme  “¿De cuáles?”

Cogí una caja roja y una amarilla. Pagué (¡si son bien caros!)  Respiré y sentí cómo me quitaba de encima un gran peso... Seguro mi papá estaría orgulloso de que yo le estuviera llevando compañía al par que me regaló hace varios años.
¿Qué? ¿Mi papá? ¡Mierda! 

Temas relacionados: