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Ninguna verga olerá ni sabrá siempre a lo mismo, lo dice una experta catadora

Si no le quieren chupar la verga con su sabor natural, métale un halls.
Por
Carmenza Zá

La fiel fanaticada de esta columna (mi mamá, el editor y el vecino que me mira todas las mañanas, mientras me visto) se han manifestado inconformes por la poca atención que se le presta en este espacio al miembro masculino. A mí me gusta decirle verga, pero si usted le dice pituche, pipí, pito, pene, pirulo, pájaro, gusano o [inserte aquí cualquier apodo personalizado como Aurelio/Douglas/Killer, etc.] igual es bienvenido.

Por: @ZaCarmenza // Foto: Película Love.

Deberíamos empezar hablando precisamente de eso, del nombre. Yo no sé si, como Nietzsche decía, consideran que ponerle nombre a la verga es alguna forma de ejercer poder sobre ella; tal vez creen que, usando el apodo, su querido pipí no se va a parar en los momentos equivocados, ni se va a agachar en plena faena.

-Él: Vamos, Douglas, no hay que ponerse tan duro cuando la jefe se agacha.

-Douglas: ¡Uff! Claro, tienes razón, disculpa la molestia, ya me desinflo de nuevo… pero jálame un poquito al llegar a casa ¿eh? He quedado un poco iniciado.

Si la cosa funciona así, entiendo perfectamente la necesidad de ponerle nombre. Si no, me disculparán pero me es inexplicable la urgencia de darle una identidad adicional ¿El nombre Juan Camilo/Fernando/Guillermo/Bernardo no abarca la totalidad de su cuerpo?

-Él: Le puse Aurelio porque mi mamá me puso a mi Victor Alirio y no siento que mi verga se identifique con ese nombre… Me pasa lo mismo con el dedo meñique del pie derecho, al que le puse Lorenzo.

No. Nuevamente me disculpo, pero yo le chupo la verga a Victor Alirio; si me interesara Aurelio de manera individual, aceptaría salir a tomar café con él y le dedicaría estados de amor en Facebook, me ahorraría la parte de conocer a la suegra y me encargaría de hacerle mantenimiento por mi propia cuenta. Ah, porque si por mi fuera, el mantenimiento general del pituche, sería de una manera bien diferente a la que he conocido.

Yo no tengo problemas con el vello, si esa vaina está ahí pues por algo será. A mí me han rechazado polvos por no fingir alopecia en la cuca pero, por el contrario, yo no cometería el atrevimiento de decirle que “no” a un tipo que me quiero comer, nada más porque tenga un pirulo con estilo afro.

Además, por pura solidaridad, no me parece que se deba exponer al par de amigas que acompañan al pene a un encuentro frente a frente con la cuchilla de afeitar, Los huevos duros en julianas se aceptan, las huevas, no tanto.

Y si, en efecto, sienten que el pirulo es claustrofóbico o se va a asfixiar entre la mata de pelos que le crece alrededor, podarse es una buena alternativa. Personalmente, el pubis recién afeitado me resulta tan picoso como una barba de tres días y la irritación de la carita me la aguanto pero, nuevamente, la de allá abajo, no tanto.

Ahora bien, dentro de los argumentos más comunes a favor de peluquearse con la cero el pubis, es la generación de malos olores. Y bueno, mis seis semestres de finanzas en la San Marino  me permiten asegurar que lo que genera el mal olor son las bacterias y ¿adivinen cómo se quitan las bacterias? Exacto, con agüita y con jabón; así que si usted mantiene limpiecita la zona, no debe oler a feo y, claro, si lo que tiene es una venérea o alguna infección bien brava, mi amor, la recomendación es que vaya al médico o se ampute el pájaro, pero ni quitándose todo el pelo le va a oler a rico.

Ahora, si lo que quiere es modificar el olor o sabor de su pene pues en eso influyen tantos factores como vellos tengo en el pubis. Desde la ropa que usa, hasta los alimentos que consume; no le va a oler a lo mismo esa vaina sancochada entre algodón, que entre latex, ni después de estar de pie todo el día, o pedaleando toda la jornada. De igual forma –y lo dice una experta catadora de pirulos- no le va a saber igual si usted es vegetariano o un borracho de tiempo completo. Todo influye (excepto el nombre, que se llame El Santo no garantiza que huela mejor que si se llama Fishman).

No he conocido productos que pretendan modificarle el olor al pito  (algo así como un “vergabón”) así que, seguramente, el olor a pene si esté bien aceptado socialmente y, en eso, estoy totalmente de acuerdo: hay que conservarlo, no hay que dejar que se extinga porque es una de esas cosas olorosas que son sabrosas.  Pero no abusen ¿eh?, no se trata de hacer esencias o perfumes que multipliquen este aroma; lo rico está en bajar y encontrárselo por sorpresa, en que aparezca apenas uno meta la mano al bóxer, en que salga con esas tiernas lágrimas de pipí enamorado que brotan justo antes de la relación sexual.

Y aquí también aplica la recomendación que hacía en “La cuca debe oler a cuca, no a menta, ni a caléndula” (leer la nota) y es que si su novia no quiere chuparle la verga con su sabor/olor natural, métale en la boca un halls y verá cómo la pasan de bueno ambos.

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