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Colombia brilló en los GRAMMY. ¿Y ahora qué?

Por
Chucky García

Por: @ChuckyGarcia 

Decir que los nuevos sonidos colombianos fueron protagonistas de la última edición de los Latin GRAMMY es como decir que la semana es de siete días, comenzando por el lunes. Es algo obvio, que se cae de su propio peso y que nadie discute. Y así fue: en el pre show que no se vio por televisión, ChocQuibTown y Diamante Eléctrico se alzaron con dos categorías que no eran papita pa’l loro (Mejor Álbum de Fusión Tropical y Mejor Álbum de Rock, en donde competían viejos conocidos de la industria como Daiquiri, Jorge Villamizar o Cuca); y en el show central Monsieur Periné  se quedó con la estatuilla a Mejor Nuevo Artista, cuarta categoría en importancia de las 48 que se entregan. A eso súmenle el show de los propios ChocQuibTown y el de Bomba Estéreo, que pagó con creces el haber tenido encendido el televisor durante la transmisión y que contó con la ñapa de ser también el primer en vivo que Will Smith realizó en casi una década. Y Smith, damas y caballeros, nos guste o no, es un taquillero de aquí a la Estación Espacial Internacional y vende hasta una suegra.

Pero entonces, ¿qué es lo que no resulta tan obvio o no se ha dicho, quizás por no aguar la fiesta? Desde mi punto de vista, dos preguntas: la primera, ¿Y ahora qué sigue?, y la segunda si existe –o no– la estructura local para aprovechar este pelotazo continental, esto que han llamado “explosión de la música colombiana” pero que al traerlo a nuestro contexto no deja de ser como agarrar una papa bomba con la mano y tratar de guardarla en un monedero de abuelita.

Respecto a qué sigue, lo usual es lo que siempre se ve en estos casos en que triunfan bandas que se han hecho por su propia cuenta y que han creado sus propias audiencias; un despertar de simpatías jamás visto, incluyendo la de algunos actores de la industria que poca cosa hacen más allá de aplaudirles el logro desde sus redes sociales.

De hecho no deja de ser simpático que algunos empresarios de conciertos que se han burlado públicamente de la intención que tienen plataformas como Rock al Parque de incluir a los “nuevos sonidos colombianos” tras estos Latin GRAMMY se mostraran como los principales abanderados de dicha diversidad; lo ideal sería que en vez de andar posteando su sesgada visión sobre lo que es o no es “rock” publicaran las cifras concretas sobre cuántas veces han tenido en cuenta a ChocQuibTown, Monsieur Periné o Bomba Estéreo para abrir los conciertos de los artistas internacionales que han traídos en los últimos años. 

Los colombianos tenemos pésima memoria, pero lo más seguro es que el resultado de la anterior sumatoria sea cero, como cero es también el número de veces que al año uno lee textos en medios independientes y periódicos de circulación nacional en donde no se acuse al Estado porque sus festivales públicos o sus programas de estímulos no ayudan a formar más bandas capaces de ganarse un GRAMMY.

Dicho de otra forma, estos textos cuestionan que dichas políticas no son las autopistas que ellos esperan para que los artistas pasen de lo emergente a lo mainstream, y no se preguntan si en el caso de una agrupación como Diamante Eléctrico, por ejemplo, la consecución del galardón que ante la Academia Latina de la Grabación los certifica como la banda latinoamericana que más seso y talento le puso a un álbum de rock tuvo que ver con el haber asistido cumplidamente a los talleres de formación que ofrece el Distrito o haberse inscrito en todas las convocatorias de circulación que cada año publica. 

Diamante Eléctrico, de hecho, este año se presentó en Rock al Parque y en uno de los horarios estelares de su programación (el tercer día, justo antes de la dos bandas internacionales de cierre), y hubo gente que les dio la espalda durante su show. Así que no se rasguen las vestiduras acusando por deporte y azuzando una cacería de brujas que sigue sin llevarnos a ningún lado.

Para no hacer más largo el cuento, si lo que sigue es únicamente una escalada de comentarios positivos en redes y en los corrillos de la escena local, vayámonos preparando entonces para el próximo triunfo de la nueva música colombiana a este nivel no deje de ser como una de esas carreras 5K en las que muchos se inscriben por una buena causa y luego de participar y tomarse la foto para el Facebook poco o nada quieren volver a saber de la causa misma que apoyaron; o una muestra más de que a los colombianos lo que nos gusta es subirnos al bus de la victoria cuando el bus ya está llegando a la terminal de transporte y no antes.

Sobre la segunda pregunta, esa de si existe –o no– la estructura local para aprovechar la bola de nieve que se podría formar a partir de una vuelta canela mediática y promocional como la de Colombia en los Latin GRAMMY; no es secreto que la respuesta es larga y es más cercana a una lista de deseos o de compras decembrinas que a una ecuación única: no estamos en ceros, hay una base sobre la cual trabajar, pero se necesitan más emisoras independientes, más lugares para tocar y acondicionados específicamente para conciertos, más premiaciones, más sellos, más encuentros especializados para artistas, programadores y festivales, y más bandas con audiencias cautivas y comunidades de fanáticos que empoderen el desarrollo de su música.

Un acompañamiento no paternalista del Estado y más inversión de la empresa privada, y cuando se dice “empresa privada” estaría bien que nuevos actores del mercado de la música –como los bancos, que son quienes ahora está controlando las preventas de las boleterías de los grandes conciertos– devolvieran en formación de artistas y de públicos algo de todo lo que se están echando al bolsillo.

De no ser así, como ya se ha visto, a estos y todos los ganadores colombianos de Latin GRAMMY que no pertenecen a los géneros con mayor participación en la radio comercial y mayor demanda de shows privados y corporativos como el vallenato y el reggaetón; les va tocar como a Caterine Ibargüen, y eso es, en resumen, correr afuera, venir al país a atender a la prensa y empacar de nuevo para irse de nuevo. Y desde otros estadios lamentarse porque aquí además de no existir competencias de salto largo no hay pistas de atletismo y las que hay están en ruinas o las desmontaron para ampliar las chanchas de fútbol, deporte por el que los patrocinadores se pelean y ponen sobre la mesa cifras con muchos ceros a la derecha

 

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