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The Get Down: la sobrevalorada telenovela de Netflix

A pesar de todo, el hip hop se convirtió en una postiza telenovela.
Por
Chucky García

Por: @chuckygarcia

Dos tórtolos púberes lloran porque no pueden ser novios. Minutos antes, ambos están metidos en medio de un monumental tiroteo entre mafiosos y pandilleros en una discoteca llamada Les Inferno, balacera que por cierto ni les arrugó el traje ni les cambió la vida. Uno de los tortolitos, el protagonista de la serie, Ezekiel Figuero, luego dialoga con sus amiguetes y les dice que lo único que está tiroteado es su corazón. Así, entre gimoteos, algunas rimas prometedoras y vagones de metro que salen y entran de cuadro mostrando grafitis de la época en que el hip hop comenzó a tomar forma en la Nueva York de finales de los 70 transcurre el primer capítulo de The Get Down. Otra producción trending topic de Netflix, que además de sobrevalorada hizo del hip hop una telenovela.

Para llegar al corazón de la fruta y poder ver cómo un movimiento musical que en ese momento era conocido tan solo como el “Get Down” se convirtió en una revolución que lideraban próceres como Grandmaster Flash, Rahiem, Kurtis Blow o DJ Kool Herc, hay que tragarse la historia rosa de la tortolita púber de la que ya se habló y que hace pareja con Ezekiel Figuero. Se llama Mylene Cruz, en la historia viene de una familia latina y pentecostal hasta los tuétanos, y quiere ser cantante a como dé lugar. The Get Down gasta más de una hora de su primer capítulo en eso, por ejemplo, y solo los últimos diez minutos son los que pagan la sentada. En esos últimos diez es que confluyen grandes referencias a personajes fundacionales del hip hop o por lo menos uno puede ver cómo fue que los tornamesas, los micrófonos y el baile se conocieron de una forma casi accidental y dieron paso a un fenómeno cultural y artístico que cambió para siempre la historia de la música y de la sociedad.

El decorado se ve y se siente postizo, y en eso la recreación de época que hace The Get Down también es como de telenovela. En un momento en que el coletazo que dejó la serie Stranger Things aún es muy fuerte y se sigue sintiendo por muchos lados, si uno coteja una serie con otra en cuanto a eso es como si en su momento la película Alien: el octavo pasajero (1979), hubiera sido comparada con La abuela, una producción colombiana de ese año que produjo RTI y que fue protagonizada por Teresa Gutiérrez.

Muchos otros aspectos de esta reciente serie de Netflix terminan convertidos en telones de fondo o mera utilería, y cuando no en anécdotas. The Get Down plantea un reto interesante, Ezekiel Figuero y sus colegas aspiran a tener su propia banda de hip hop y con el apoyo de un intrépido bailarín y grafitero conocido como Shaolin Fantastic planean ponerse en medio de los dos reinos que rigen los parámetros del naciente y sonoro género musical en cuestión (los reinos de DJ Kool Herc y de Afrika Bambaataa); y como si fuera poco alrededor de ellos hay una pugna de valores y un mierdero social y político de grandes dimensiones. Pero la mierda jamás sale a flote del todo y como en un inodoro cuando se tapa no agarra ni para arriba ni para abajo: para ningún lado en concreto. Incluso la sucia forma en que se crean los éxitos de los artistas pop del momento, las fórmulas para vender discos como si fueran salchichas y el inescrupuloso entramado de sellos disqueros, emisoras y discotecas que toca The Get Down no pasan de ser simples pinceladas; como el valor que termina teniendo el tema del grafiti dentro de la historia ó, peor aún, la música que acompaña a la serie.

Que se sepa, hasta el momento la banda sonora original de The Get Down no ha tenido ninguna resonancia, y eso que estamos hablando de una serie inspirada en la historia misma del hip hop. Y eso pasa porque además de los temas que cantan o interpretan los propios actores lo más destacable son las canciones de artistas como Miguel, Christina Aguilera y Héctor Lavoe, con lo cual parece más una recopilación Bailables del año que una retrospectiva musical seria y bien curada.

Finalmente, las actuaciones no son del otro mundo, y las batallas de baile y rimas que en la historia enfrentan a los parches de raperos como los Notorious III contra los The Get Down Brothers sin duda parecen los comerciales de las empresas de teléfonos móviles que hoy patrocinan los principales conciertos y festivales. Claramente esto, como todo lo anterior tiene una sola razón y es que para que la gente pudiera comerse esta producción de 120 millones de dólares tuvieron que usar una cuchara que cupiera en la boca del gran público y no solo en la del público especializado; con lo cual lo que prometía ser una cucharada con mucho veneno se volvió un jarabe para toda la familia y una serie predecible y melodramática en extremo.

Con momentos entretenidos a lo largo de sus seis episodios, en todo caso, The Get Down queda en deuda con el hip hop y hasta con el entramado de política y corrupción que muestra entre capítulo y capítulo. La balacera que abre la serie cinco capítulos después termina convertida en una fiesta de la comunidad gai que a su vez logra que una canción de Mylene Cruz llegue a ser un éxito en Nueva York. Frases contundentes de sus personajes y escenarios como “Escucha la voz del gueto porque se viene encima cuando menos esperas” terminan siendo como esas frases motivacionales que la gente sube a redes sociales después de tomarle una foto al libro donde aparecen.

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