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La verdad sobre Kendrick Lamar

El disco de Taylor Swift, por ejemplo, 1989, no pasa de ser un ramillete de baladas al lado de To Pimp a Butterfly
Por
Chucky García

Pensar en Lamar como un artista exclusivamente de hip hop es ver una parte de la foto y no la foto entera. O tratar de ver con un solo ojo. Para ahorrarnos metáforas, es actuar como la Academia de la Grabación, que lo nominó en once categorías y terminó premiándolo en las menores. A él, que ha vuelto a poner de moda a Compton, California.

Por: Chucky García // @chukygarcia

Por supuesto que si uno trabajara en una de las pocas tiendas de discos que quedan y el jefe lo enviara a uno a poner el disco de Kendrick Lamar en una estantería específica esa sería la de hip hop. Pero el estelar To Pimp a Butterfly de Lamar no es un álbum solamente de hip hop, es una obra musical que no tiene parangón actual y que le saca kilómetros de distancia en fondo y forma a cualquiera de los otros renombrados discos que salieron en el último año y que justamente competían contra To Pimp a Butterfly en los GRAMMY Awards 2016. El disco de Taylor Swift, por ejemplo, 1989, no pasa de ser un ramillete de baladas al lado de To Pimp a Butterfly, y si uno los pusiera a los dos en una balanza, el de Lamar haría tanto contrapeso que el de la Swift pasaría a tener el peso de un portavasos.

Estamos, en todo caso, hablando de un álbum que a pesar de lograr once nominaciones en la más reciente entrega de la ceremonia más importante y televisada de la industria de la música tuvo que enfrentarse cara a cara con sus oponentes en un ring armado por la industria misma y bajo la mirada de unos réferis seleccionados también por el “mainstream”. Y eso, en resumen, es como ponerse en manos de un sastre que entiende perfectamente que sus medidas son muy distintas a los demás pero que al final termina metiéndolo en el traje más chico que pudo confeccionar. La Academia de la Grabación terminó premiando a Kendrick Lamar en las categorías menores, y quizás en el único momento en que no pudo atar ni limitar su talento y su valor fue durante su presentación en vivo: todo un oasis en medio de un desierto de somníferas presentaciones y tributos a media marcha; como una patada en todos los cojones mientras uno se queda dormido de pie esperando a que pase el SITP.

Mensaje, ritmo, ruptura, musicalidad. Kendrick Lamar durante su show en los GRAMMY Awards 2016 utilizó cada segundo para comunicar algo más allá de la música, algo en conexión con sus antepasados y esta época que vivimos. Como los grandes artistas, Lamar claramente es un retratista de su tiempo, del que él es justamente una de las pocas cosas realmente serias y aplaudibles que han pasado en el cada vez más cómodo mundillo de la música.

Y no es solo por su disco To Pimp a Butterfly, si uno echa la película hacia atrás se topa con su álbum Good Kid: M.A.A.D City, otro gran pedazo de su propia torta y por el que también fue nominado en los dichosos Grammy en 2014 y perdiendo en la categoría de Mejor Álbum frente a Random Access Memories de Daft Punk.

¿Consideraría uno que Random Access Memories es sencilla y exclusivamente un estilizado álbum de electrónica empujado al éxito por la participación de Pharrel Williams en la canción Get Lucky? De seguro no, así como considerar que To Pimp a Butterfly es netamente un disco de hip hop que le interesa únicamente al público del género y solo tiene repercusiones en esta escena.

Abrir el plano y ver la foto entera –no la parte de la imagen que la Academia de la Grabación– le permite a uno toparse con una experiencia musical mucho más amplia, y a través de To Pimp a Butterfly rememorar y desempolvar todos esos otros discos negros, rabiosos o melodiosos ligados a Compton, California, de donde no solo es Kendrick Lamar sino combos sin par como N.W.A. y figuras como Dr. Dre y The Game, quien justamente es uno de los invitados del reciente disco 5-27 Internacional de la banda colombiana La Etnnia. 

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