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Yo no hago fila, la polémica del concierto de Pearl Jam

Por
Chucky García

Si existe algo más tedioso y cuasi inexpugnable es tener que hacer fila, más aún en nuestra sociedad que existen filas hasta para que a uno le saquen sangre. Ahora, la chispa la encendió el servicio Yo no hago fila. 

Por: @chuckygarcia

¿Alguien ama hacer fila en la puerta de un restaurante mientras las tripas le suenan? ¿Alguien quiere llegar a un SuperCADE con la factura del teléfono vencida y que le asignen el Digiturno 86 cuando apenas van por el 12? ¿Alguien desea de corazón que lo pongan a esperar en un banco para hacer una simple consignación y mientras las personas que lo anteceden en la fila realizan varias transacciones de un solo tacazo?

En cualquier orden, las respuestas a esas preguntas son “No”, “No” y “No”, y mil veces no, si existe algo más tedioso y cuasi inexpugnable es tener que hacer fila, más aún en nuestra sociedad que existen filas hasta para que a uno le saquen sangre. Las filas para los conciertos, sin embargo, son harina de otro costal e históricamente han sido una medición del éxito y acogida de artistas, bandas o festivales; y las páginas de los libros, periódicos o impresos que narran el desarrollo de géneros como el pop, el rock o la salsa están llenos de fotos y textos dedicados a las filas que antecedieron los más recordados shows.

Y ni hablar de lo audiovisual. Desde los documentales sobre la “Beatlemanía” hasta los de la explosión punk de los años 70 en el Reino Unido (e infinidad de registros y películas sobre bandas populares o underground que se han realizado en el último medio siglo); la toma de la gente haciendo fila es todo un clásico. Una escena que se repite una y otra vez y que además nos deja ver de lo que son capaces los asistentes con tal de ganarse el mejor lugar. No llega uno de primero a la fila para quedar en el peor puesto, eso está clarísimo, uno llega de primero justamente porque quiere tener al frente a los músicos y, en estos tiempos, capturar las mejores fotos o videos con su móvil (y no la foto de la banda tomada de pantalla de video a un lado del escenario, como casi siempre pasa).

"...esto significa tener que pasar frente a las narices de quienes claramente sí van a hacer la fila y no van a gastar más dinero por un derecho inherente a la boleta que ya pagaron (un derecho que debería ser invulnerable, independientemente de la libre creación de empresa); muchos asistentes están encrespados (por no decir cabreados) y están posteando su inconformismo".

Cómo olvidar a quienes días antes de un concierto acampan en las cercanías del escenario con tal de tener un puesto digno (la primera vez que Iron Maiden vino a Colombia quienes lo hicieron incluso quedaron registrados en su documental “Flight 666”); o quienes una vez abren las puertas del lugar del recital corren directamente hasta al primera baranda que separa al escenario del público. Esa es la entrada triunfal de quienes más hicieron fila; otro derrotero clásico de la música en vivo pero que en Colombia se está convirtiendo en un “modelo de negocio”. Y en una polémica.

La chispa la encendió el servicio Yo no hago fila, que se promociona con el eslogan “Menos filas, más de lo que tú necesitas”, caldeando los ánimos de quienes compraron entradas para el concierto de Pearl Jam en Bogotá, el 25 de noviembre en el Parque Simón Bolívar. Y con justa razón. A través de esta aplicación (que hay que aclarar no se creó para el concierto y funciona para muchos otros eventos), cualquier persona puede solicitar y pagar para que un “LineBreaker” (léase “alguien que de seguro necesita el trabajo”) haga la fila por él. Después de descargar la app y completar un formulario, el servicio Yo no hago fila (a razón de $15.000 pesos hora) le dará un estatus de “Rockstar”, incluso para que no haga fila en la zona de comidas y baños.

En Facebook hay un post con una imagen de Yo no hago fila que muestra una serie de “Pasos para ser un Rockstar” y que en resumen no es otra cosa que las indicaciones para usar la aplicación, procesar un pago y recibir un código con el cual la persona que no quiera hacer fila puede llegar a la hora que se le antoje y colarse. O dicho en palabras del libre emprendimiento, ser ubicado por los “LineBreakers” del servicio e ingresar sin hacer cola. Pero como a su vez esto significa tener que pasar frente a las narices de quienes claramente sí van a hacer la fila y no van a gastar más dinero por un derecho inherente a la boleta que ya pagaron (un derecho que debería ser invulnerable, independientemente de la libre creación de empresa); muchos asistentes están encrespados (por no decir cabreados) y están posteando su inconformismo.

¿Y usted no lo estaría? Si contamos desde el año que la banda se fundó, 25 años le tomó a Pearl Jam venir a Colombia; la ilusión de los fanáticos y verdaderos seguidores de la banda pasó a convertirse en un objeto transable y el mensaje de “Rockstar”, además, es distorsionado. Nada más alejado de la realidad que alguien que de algún u otro modo aporta al desarrollo del rock en Colombia quiera sacar ventaja en una fila y en un país en donde justamente nos ha costado tanto erradicar la cultura del “vivo”, del avivato y del ventajoso. Puede pasar, claro está, pero no todos quienes aspiran a tener una vida de “Rockstars” están pensando en que no hacer cola es la entrada a una vida de lujos y excesos como la que ha tenido un Keith Richards o tantos otros.

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