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En el corazón de un capítulo decisivo de The Voice

Por
Luis Fernando Mayolo

Estuvimos en Los Ángeles en uno de los capítulos definitivos de la octava temporada de The Voice.

Por: Luis Fernado Mayolo - @mayolito

Soy fanático de The Voice y lo digo con orgullo, porque pocos son los programas que apostándole al talento y no a las desdichas de la gente logran tanto impacto en el público.

El verlo es un grato descanso ante esa avalancha interminable de contenidos sobre inseguridad, tragedias, traiciones y demás chistes de mal gusto de la sociedad en que vivimos que diariamente se roban el protagonismo de los medios de comunicación. 

Por eso cuando me invitaron a Los Ángeles a una de las galas definitivas (cinco finalistas) de la versión gringa del programa no lo dudé un segundo, porque iba a conocer lo que hay detrás de una de las grandes producciones de la televisión estadounidense, que este martes llegó a su final en su octava temporada, capítulo que estaremos viendo en Colombia el 30 de mayo.

La grabación era en los Estudios Universal, un enorme complejo en el que confluyen atracciones, restaurantes, ciudades temáticas, almacenes y por supuesto, estudios de grabación, en los que se han rodado películas como 'Ted', 'Maléfica', 'Rápido y Furioso' y series como 'Amas de Casa Desesperadas'.

El público estaba compuesto por fans que se habían ganado el derecho de asistir a ese capítulo en algunas de las convocatorias que hace el programa en televisión o en internet, las familias de los participantes y algunos colados como nosotros, periodistas de México, Argentina, Venezuela y Colombia.

Lo primero era respetar la cola, acreditar la invitación y manos a la obra. Al salir de estos formalismos nos encontramos con una enorme carpa en donde varios miembros de la producción se encargaban de subir el voltaje del público con una serie de actividades propias del mejor de los recreadores, para que al momento de necesitar su euforia no se viera fingido. Si alguna vez se preguntó por qué en El Precio es Correcto todo el mundo se veía demasiado animado, ahí tiene la respuesta. Esta gente sabe cómo cambiar el chip a las personas.

En los alrededores un camión de comida mexicana hacía su agosto, mientras llegaba el transporte que nos llevaría al estudio 25. Una especie de vehículo con cuatro vagones liderado por un divertido anfitrión acostumbrado a hacer ese recorrido con los turistas por el particular mundo del séptimo arte. Este tipo tenía como misión no dejar caer el ánimo, así el precio fuera su propia dignidad. 10 minutos de recorrido con algunas perlas cinematográficas, chistes malos, un baile caricaturesco y a lo que vinimos. 

Al entrar nos quedamos con la boca abierta. Un set de enormes dimensiones enchulado con dos esculturas gigantes del símbolo del programa (una mano haciendo la V de victoria agarrando el micrófono), fosos para los más intensos seguidores (los que salen en cámara) y tribuna como para 500 personas. La iluminación roja y blanca y allí frente a mis ojos los cuatro asientos del jurado marcados con una pantalla digital: Pharrell, Christina, Adam y Blake. Tiempo para tomarse fotos y actualizar redes sociales y a seguir la ruta. Gente de producción corriendo por aquí y por allá, decenas de cámaras listas y hasta un local de Starbucks para todos aquellos que no pegan el ojo después de tantas horas de programa.

Mientras se acercaba el show nos trasladaron a una pequeña sala con las familias, con una leve posibilidad de que pudiéramos interactuar con algunos de los jurados. Difícil no ser groupie ante tremendas figuras del espectáculo. Luego de los minutos se esfumó la ilusión cuando nos llevaron a nuestros respectivos asientos, no sin antes advertirnos que hasta ese momento se podían tomar fotos y hacer videos. Todo estaba por comenzar.

De pronto se subió el coordinador de emisión, ese personaje multitarea que coordina todo lo que sucede en el escenario y es la voz del director en el mismo. Como si fuera Carson Daly empezó a presentar uno a uno a los jueces. Nos paramos y comenzamos a vitorear. Primero entró Blake Shelton con la seriedad y las botas vaqueras que lo caracterizan, luego Christina Aguilera con su sabor latino bailando y agitando los brazos en búsqueda de aplausos luciendo una cola de caballo y un vestido pegado al cuerpo. Continuaría Pharrell vestido con una chaqueta de cuero que decía Humans y cerraría el favorito de las chicas: Adam Levine luciendo un traje gris y zapatos de material.
El programa iría en vivo en Estados Unidos por eso ningún detalle se dejaba al azar. El escenario ya estaba preparado para el gran espectáculo de la noche: Snoop Dogg y Pharrell cantarían 'California Roll', sencillo perteneciente al recién lanzado disco del rapero:'Bush'. Se dio la orden y la música comenzó a sonar. Una canción conducida por Pharrell con matices de R&B, improvisaciones de Snoop, y acordes sin sobresaltos, ambientados con triángulos de color verde y luces de neón naranjas semejantes a una especie de bosque posmoderno, mientras cuatro chicas movían sus caderas.