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La Selección Colombia y el insoportable patrioterismo de las turbas iracundas

Un arraigado complejo de nación ataca a muchos colombianos. Lo llamaré patrioterismo y es especialmente notorio fuera del país.
Por
Redacción Shock

¿Quién tiene la culpa del mal presente de nuestros cracks en Europa? ¿La xenofobia? ¿El odio hacia los colombianos? ¿Los malos técnicos? ¿La prensa? ¿El frío? ¿La comida? ¿Van Gaal? ¿Petro? Con un poquito de sentido común, entenderíamos que la culpa es de ellos mismos.
 
Por Álvaro Castellanos | @alvaro_caste // Foto: EFE.

Un arraigado complejo de nación ataca a muchos colombianos. Lo llamaré patrioterismo y es especialmente notorio fuera del país. Por eso cuando uno sale de viaje ve a tantos con sombrero vueltiao’ y/o forrados en la camiseta de la selección. Bulliciosos, procaces. Como buscando a gritos que los vean, que validen su existencia. Porque no vienen de “Columbia”, sino de Colombia: tierra de gente pujante, verraca, echada pa’lante y todo ese tipo de discursos gastados que, ojo, representan un problema que no distingue poder adquisitivo. Embriagados de reconocimiento, están muy interesados en ratificar esta idiosincrasia, presumiendo méritos tan abstractos como tener el segundo mejor himno nacional del mundo o engendrar mujeres bien buenas. Para el colombiano patriotero, y chauvinista, cuando alguien relaciona al país con argumentos innegables como la violencia o el narcotráfico, se convierte directamente en enemigo del país. Y, claro, pocos lugares tan comunes para el patriotero como la selección Colombia.

Que “era gol de Yepes”. Que el árbitro nos metió la mano en el Mundial. Que Van Gaal le tenía bronca a Falcao. Que Mourinho dejó morir a Cuadrado porque lo llevó a Chelsea y rápidamente lo dejó ir. Que Benítez odia a los colombianos porque se le ocurrió sentar a James, y en 2015, en Napoli, le daba pocos minutos a Duván Zapata. O que no se adaptan a la comida, al clima, al idioma, a manejar con el timón al lado derecho. Lo que hay que oír. Cualquier pretexto pegado con babas pretende justificar el irregular nivel de los nuestros o su falta de adaptación a culturas diferentes. 

En esta pleitesía insoportable rendida a favor de nuestras figuras, cómo pasarlo por alto, el periodismo es altamente cómplice. Es que claro, bajar a los ídolos del afiche es contraproducente. Como en el caso de Teófilo, que a principios de 2016 alargó sus vacaciones navideñas y regresó tarde al Sporting Lisboa. ¿Qué vamos a decir? ¿Lo vamos a defender? ¿Vamos a abrir el paraguas y a perdonarle su falta de profesionalismo porque es un crack y es muy apegado a su familia? Cuestionar su actitud es apenas lógico y necesario por muy impopular que parezca el hecho de criticar a una figura, y con el riesgo de que el señalamiento sea visto como un ataque regionalista.

Al patriotero (ligero, de poca memoria, descriteriado, de extremos triunfalistas o derrotistas, armado con una vuvuzela y que suele creer que el fútbol comenzó con Messi y Cristiano) habría que explicarle que si nuestras figuras pasan por mal momento, es porque estar a la altura física y mental del fútbol de primer nivel cuesta mucho. Y aunque llegar a equipos de élite tiene todo el mérito del mundo, el verdadero reto a largo plazo es mantenerse. No es fácil, obviamente. Son jóvenes famosos y multimillonarios y con vidas así es fácil distraer el compromiso que conlleva ser un atleta de primer nivel. Pero tampoco es imposible. Un pionero del profesionalismo y la constancia fue Iván Ramiro Córdoba, que estuvo más de 12 años como estelar del Inter de Milán. Incluso un par de referentes italianos como Materazzi o Cannavaro llegaron a ser suplentes de él. Lo dicho. Llegar es difícil, pero la clave es mantenerse.

En este 2016, salvo unas excepciones como la de Carlos Bacca (que está anotando golazos en el Milan, incluido un hat trick a comienzosde temporada) nuestras figuras la están pasando mal, pero no por responsabilidad de sus técnicos, del racismo, del proceso de paz, del Estado Islámico o de una conspiración internacional. La responsabilidad es de ellos mismos, incluso en los casos de lesión, ya que quienes pasan por una, deben recuperarse con rigor, retomar el nivel y buscar la plenitud futbolística para el beneficio de sus carreras y, claro, de la selección Colombia. 

Miremos con autocrítica el presente de nuestros principales ídolos. Comencemos con James, que inició la era Zidane como suplente de Isco. Con sus recientes recochas disciplinarias jugándole en contra, el "10" necesita potenciar la clase que tiene para convencer a Zizou. Peor está Ospina. El arquero titular de la selección ya lleva más de un año siendo suplente en Arsenal gracias a Petr Cech, que tapa hasta en los partidos más insulsos. Jackson, en tanto, quedó borrado del mapa por irse al fútbol chino y para colmo de males, no ha jugado por diferentes lesiones. De Teófilo se espera un regreso futbolistico en Rosario, luego de ser el único sobreviviente de Los Juegos Olímpicos, y finalmente, Cuadrado no encontró lugar en Chelsea y Juventus lo trata de recuperar auqnue no le alcanzó la plata para comprarlo por completo. 

Luego, caso por caso, el momento de los demás miembros de la selección también es oficialmente complicado o está en puntos suspensivos. Carlos Sánchez marcó gol con Fiorentina, pero salió lesionado; Guarín cambió el prestigio por dinero en el fútbol chino; Zapata suma bajas calificaciones en un Milan donde sólo se salva Bacca; Adrián Ramos tiene un puesto fijo en Borussia Dortmund: suplente; Abel Aguilar fue borrado hasta de la banca de Toulouse y llegó a Cali junto con Camilo Vargas pero su rendimiento no dio para ser convocados; Ibarbo no pudo en Inglaterra y antes de volver a Roma buscó motivación en Atlético Nacional para intentarlo de nuevo en el viejo continente; Muriel ha iniciado bien el nuevo periodo en la Sampdoria; Juan Fernando Quintero no tiene ni número de camiseta en Porto; y cómo saltarnos a Falcao, que vive lesionado y cuando estaba recuperando su nivel, tuvo que ser relegado de Mónaco en el momento clave clasificación a Champions, tras una fatiga muscular.
 
La actualidad de los jugadores de la selección hace que el camino hacia Rusia 2018 esté embolatado, más cuando el comienzo de la eliminatoria no fue el mejor (Colombia es quinta con 10 puntos) y sin olvidar la falta de un “Plan B” por parte de Pékerman para casos de emergencia. Y aun cuando todo puede mejorar de acá a final de año (donde ya estaremos en la fecha 12), reconocerlo no nos debe convertir en enemigos de la selección, ni del país. Hago un llamado entonces a la cordura, no a la locura. A quienes están poseídos por ese insoportable sentimiento patriotero les vendría bien un poco de mesura. Ojalá, por ejemplo, no le saquen los ojos a Zidane por redes sociales si sigue sentando a James. Aunque conociendo el comportamiento de estas turbas iracundas, ya deben estar haciéndolo. No demoran en declararlo objetivo de guerra y crucificarlo peor que al presentador de Miss Universo.