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Hablamos con la precursora del pornoterrorismo

¿Qué tiene de subversivo la poesía sobre culos, tetas y vaginas? Así suenan las vísceras de una mujer que se va de frente contra la moral.
Por
Fabián Páez López

En un universo menos mojigato, que una mujer juegue libremente con su cuerpo, que hable de coños y tetas sobre un escenario no debería ser subversivo. Diana Torres lleva un buen tiempo haciendo de su sexualidad pública un arte. Hablamos con ella sobre cómo saltarse las normas y sobre cómo pasar de la igualdad de género a la igualdad. 

Por: Fabián Páez López @Davidchaka 

Diana Torres se sube al escenario. Habla sobre Neruda. Declama un poema sobre culos, tetas y vaginas. Su performance continúa cuando se quita la ropa. Completamente desnuda, sigue hablando a su público. Manipula su cuerpo, juega con él. Introduce el micrófono en su vagina, se acuesta y alguien más empieza a tocar su vientre y sus nalgas como si fueran un instrumento de percusión. 

Así transcurría una de las muchas apariciones artísticas que Diana hacía desde hace unos diez años, cuando creó un artilugio para poner en escena las prácticas corporales invisibles a través del performance. Lo llamó pornoterrorismo. 

El pornoterrorismo es su forma de torturar audiencias, de depurar su rabia contra la sociedad, de manifestar lo que ella encaja dentro del activismo feminista posporno. Aunque sus prácticas y discursos, en un mundo menos mojigato, no deberían ser subversivas, fácilmente para muchos pueden ser generadoras de pánico directo a la moral. 

Diana es española pero ahora vive en México. Hace un año abandonó los escenarios pero sigue con su misma línea de activismo. No desde el performance, pero sí desde otras prácticas como la escritura; también es la autora de dos libros, Pornoterrorismo y Coño Potens, además, siempre pueden encontrarla en la página que ella misma gestiona pornoterrorismo.com.  

Hablamos con ella sobre su formación, la censura y el lenguaje incluyente. Quisimos acompañar el texto con fotos más explicitas pero Facebook nos censura. 

Cuando creciste tuviste una formación que es casi que atípica, tus padres te contaban las cosas sin tanto tabú. ¿Podrías hablarme un poco de tu época de niña? 

Pues es que más que una “formación” fue un proceso de aprendizaje cotidiano y continuado en el que ninguna respuesta relativa a mi cuerpo, mi género, mis emociones o mi sexualidad quedaba sin respuesta. Y por supuesto las respuestas estaban basadas en la honestidad y totalmente alejadas de cualquier misticismo religioso. Por ejemplo con la típica “¿de dónde venimos?”, en lugar de contarme estupideces de cigüeñas y milagros, con apenas 3 años me explicaron cómo funcionaban los aparatos reproductores y cómo se originaba otra persona. Cuando llegué a la escuela primaria con 5 años la gran mayoría de las personitas que me rodeaban no tenían ni idea. Yo me encargué de explicarles aquello que se les había planteado como el “primer misterio” y ni profesores ni padres de esxs niñxs lo vieron con buenos ojos. Yo era la rarita, la hija de ese par de hippies locos. Siempre pensé que no cambiaría a las personas que me criaron por nada del mundo y que tengo un gran privilegio de por vida gracias a ellxs.
 
Ahora te dedicas al performance. ¿Qué has tenido que hacer para difundir tu obra con tanta censura? 

Más que difundir la obra el problema está para poder propagar el mensaje de la misma. Quiero decir, no es lo mismo (ni igual de censurable por las redes sociales) una escultura de un desnudo que una tipa desnuda introduciéndose todo tipo de objetos en la vagina o practicando sexo. He tenido que recurrir mucho al software libre, a las plataformas piratas o autogestionadas (como las que aloja mi web  pornoterrorismo.com ), y a todo ese combo de herramientas de quienes hacemos cosas prohibidas, ya sea por la ley o por la moral, que al caso es lo mismo, pues quienes hacen las leyes son todos una panda de cabrones moralistas.

También una tiene que pensar a quién quiere llegar y en qué lugares quiere llegar con sus ideas. Nunca estuve interesada en la sociedad heterosexual en general, tampoco en las micro sociedades lesbicomaricas normativas. He logrado contagiar con el virus de mis performances o mis libros a personas que de algún modo ya traían un cierto tipo de afinidad por mis propuestas, en realidad nunca estuve interesada en una difusión masiva de lo que hago y en ese sentido la censura ha sido muy útil para encauzar mi labor.

Has dicho que la gente que opta por vivir fuera de la normatividad paga el precio con cierta impopularidad y escasa retribución económica. Pero, por ejemplo, uno puede pensar que es más fácil para alguien que vive en Europa vivir en esa línea que para alguien del tercer mundo, que además de la represión moral también le pesa la pobreza. ¿Crees que esos ejercicios de liberación sexual ayudan también a revertir esas situaciones que son económicas?

Llevo 3 años viviendo en México y la situación es muy diferente a la europea. Eso no quiere decir que la precariedad (esa es la forma europea y eufemística de no decir “pobreza”) no afecte a las personas que la sufren, estén donde estén, pero para todo hay grados y no es realmente comparable un sufrimiento con el otro. Lo que sí es común en ambos lados es que cualquier persona que albergue dentro de sí una disidencia y la ponga en práctica con sus políticas, luchas y vida cotidiana, estará jodida por el sistema de un modo u otro.

No hablo tanto de liberación sexual como de empoderamiento en el cuerpo y en la sexualidad y eso creo que es algo que puede estar totalmente relacionado con la clase (en España también hay clase obrera y campesina, bien jodida igual). Imaginemos por ejemplo a una señora campesina en México que nunca ha tenido un orgasmo y que no sabe leer. Obviamente lo que hago, mi lucha por ese empoderamiento, tendrá muchísimas dificultades para afectar positivamente su vida. Yo escribo y acciono desde un contexto (que ya no es europeo) determinado y para determinadas personas, y nunca pretendí que mi labor fuera universal o algo así.

Para mí el género, lo sexual y lo económico tienen mucho que ver entre sí porque propician opresiones que están entrelazadas.

Crees que puede pasar que después de que cuando una mujer experimenta una experiencia liberadora en cuanto a su sexualidad, puede también llegar a convertirse en un evento traumático, al no sentirse completamente liberada, como dicen los psicoanalistas.  

Si te soy sincera me vale vergas, como dicen por acá, lo que pensaran Freud y Lacán. Pero te pondré está imagen: te quiebras un hueso (trauma) y te sana mal, se te queda la pata torcida. Para ponerte la pierna bien y que sane como debería hay que volver a quebrar el hueso (otro trauma). Si entendemos el trauma como algo negativo entonces mi respuesta es sí, pero yo no lo entiendo así. Trauma viene del griego “herida”, y hay heridas bien positivas y saludables, como por ejemplo la que ocasiona una experiencia sexual hermosa después de haberse pasado media vida cogiendo sin gana, pasándolo mal, etc. Es muy peligroso pensar (sobre todo si eres mujer) que tu liberación (que yo entiendo como un dejarse llevar por lo que realmente se desea y hacer lo que nos dé la gana) te va a llevar a algo negativo, y esos psicoanalistas siempre quisieron tener a las mujeres controladas porque en realidad estaban cagados de miedo ante algo que no podían comprender como machos falocentristas. En realidad toda esta idea que me planteas no me parece más que una de las múltiples estrategias del psicoanálisis para controlar a las mujeres y su deseo.

 ¿Cómo reaccionar a casos de machismo, de violencia o de represión efectivamente?

Desconozco la fórmula efectiva para parar eso, yo soy bastante bruta y muy poco diplomática. Lo que sí sé es que todas las reacciones en contra de la violencia hacia las mujeres son válidas. Yo personalmente sí creo en la violencia hacia lo que nos violenta como una respuesta eficaz y positiva en tanto que ayuda a las personas atacadas a sentirse mejor.

Crees que con “desnormalizar” el uso del leguaje puede ayudar a revertir realmente las estructuras de género machistas, o que ubican en un plano negativo a lo “no-normativo”. ¿Cómo? ¿Cuándo se da el salto de la palabra a lo real? 

El lenguaje es algo muy poderoso que tenemos como especie y no se trata sólo de palabras sino de todo el modo de pensamiento que tenemos (pues pensamos con palabras la gran mayoría del tiempo) que por supuesto afecta a lo que tú llamas real. Cambiarlo es sólo un pequeño gesto pero no la panacea del cambio, desde luego. A mí me cuesta mucho separar palabra y pensamiento de acción, porque en mi caso la acción es una cosa indisoluble de la idea. Creo que si al menos somos coherentes con nuestros actos y palabras, es una buena forma de iniciar un cambio, aunque sólo sea a nivel micropolítico.

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