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Los placeres sexuales no nos llevarán al infierno. El Papa lo confirma.

A través del Amoris Laetitia, el Vaticano le dio un "sí" a la sexualidad.
Por
Johana Arroyave

¿Qué va a pasar ahora que la sexualidad no es un pecado según lo ha declarado el mismo Papa Francisco desde Roma? ¿De qué van a vivir quienes ganaban dinero predicando acerca de la impureza del sexo? ¿Y ahora, con qué argumentos van a refutar los que condenaban a las mujeres por no llegar vírgenes al matrimonio?

La Iglesia Católica, organismo bien conocido y criticado por sus cerrados dogmas y prédicas en pro de llevar a la humanidad por el camino del “bien” y por evitar que el pecado se apodere de nuestras almas sensibles, castas y puras, hizo un trascendental anuncio este mes. A través del Amoris Laetitia –que en español traduce, “la alegría en el amor”–, su libro sagrado sobre la familia y el amor, expusieron varios puntos que dejan sin argumentos a ciertos inquisidores del siglo XXI y que nos abre la puerta para ver al sexo con una mirada más normal y libre de culpas. El libro que consta de 272 páginas, es la recopilación de asambleas extraordinarias y ordinarias, que tuvieron lugar en la ciudad del Vaticano en Octubre de 2014 y 2015 respectivamente por los miembros de la cumbre papal.

Por: Johana Arroyave @JohanaArroyave Foto: Hieronymus Bosch, El Bosco (1450-1516)

Antes de continuar, quiero dejar claro que no les voy a pedir que cambien sus creencias, no les voy a vendan un juguete sexual y tampoco los voy a invitar a participar de alguna secta extraña que los lleve a tener relaciones sexuales sin control.

Los puntos principales del nuevo documento refutan lo que muchas iglesias se han dedicado a proclamar e inclusive a condenar: el sexo por placer y no por creación. Según el Amoris Laetitia, “Dios mismo creó la sexualidad, que es un regalo maravilloso para sus creaturas”. ¡Qué maravilla! ¡Gracias Dios por este precioso obsequio! Y el texto sigue diciendo que “Juan Pablo II rechazó que la enseñanza de la Iglesia lleve a ‘una negación del valor del sexo humano’, o que simplemente lo tolere por procreación. La necesidad sexual no es objeto de menosprecio”.

De “impuras”, “guarichas”, “sin valores” y “condenadas a pasar la eternidad en llamas” (no sé si en llamas de fuego o en llamas por la calentura del deseo), se ha tratado a las mujeres que no llegaban vírgenes al matrimonio a pesar de que los hombres se hubieran graduado con honores en relaciones sexuales. Así las cosas, en el discurso papal se confirma que ningún texto bíblico –repito, ninguno– da fundamento para sostener la “superioridad” de la virginidad o del celibato. Lo dijo Juan Pablo II y lo ha confirmado el Papa Francisco.

Por fin, las mujeres dejamos de ser unas “guarichas” y “perdidas” por decidir ser perfectas desde otro punto de vista y por apreciar tranquila, responsable y libremente nuestra sexualidad.

El documento dice textualmente, “más que hablar de la superioridad de la virginidad en todo sentido, parece adecuado mostrar que los distintos estados de vida se complementan de tal manera, que uno puede ser más perfecto en algún sentido y otro puede serlo desde otro punto de vista”.

Por fin, las mujeres dejamos de ser unas “guarichas” y “perdidas” por decidir ser perfectas desde otro punto de vista y por apreciar tranquila, responsable y libremente nuestra sexualidad. Así se van derrumbando los argumentos con los que personajes como el estadounidense Mack Major, autor de libros religiosos, predican que el acto sexual es la perdición de la raza humana, que el sexo es demoníaco, que la masturbación es una puerta para Satán y que el placer nos condenará al infierno. No sé si Major vio muchas veces La Profecía y el cuento de Damián se le metió en la cabeza, como frase de mamá, pues también asegura que por el “pecado de la sexualidad” las mujeres atraemos demonios y hasta los procreamos. Pueden parecer máximas populares de la Edad Media pero, sorprendentemente, son sentencias difundidas en pleno siglo XXI y hay quienes les creen.

No entiendo cómo, en una sociedad lo suficientemente estigmatizada y marcada como ganado con miedo sexual, aparezca un personaje de estos y de la nada se invente demonios y películas de terror para adoctrinar con creencias falsas. ¡Dejen de meter sus rosarios en nuestros ovarios!

..."toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad".

La sexualidad no es un pecado y es muy diferente de aberraciones que no deben ser permitidas como la pedofilia, que deben ser castigadas y controladas. No se puede condenar a la humanidad por disfrutar de algo con lo que genéticamente se nació. El punto está en saber educar a las personas en el amplio y hermoso campo de la sexualidad. Como lo dijo el Papa, “el impulso sexual puede ser cultivado en un camino de autoconocimiento y en el desarrollo de una capacidad de autodominio, que pueden ayudar a sacar a la luz capacidades preciosas de gozo y de encuentro amoroso”.

Y como bien sabemos, el sexo no es exclusivamente de un hombre y una mujer. Tenemos que aceptar que los homosexuales están en todo su derecho a gozar de una plena sexualidad y aunque el documento todavía no acepta el matrimonio para parejas del mismo sexo, reclama a la sociedad que reconozca su existencia y que respete sus deseos: “¿Quién le dijo a la sociedad que eran necesarios una mujer y un hombre para convivir en el amor? Debemos reconocer la gran variedad de situaciones familiares que pueden brindar cierta estabilidad, deseamos ante todo reiterar que toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto”.

Esta última frase la debería entender y aplicar la tan “casta y pura” senadora Vivian Morales. La misma senadora que ha tachado como pecado no solo que las parejas del mismo sexo puedan casarse, sino que además les quiere quitar el derecho a adoptar.

Más allá de religión, el sexo es una decisión personal. Cada quién es libre de vivir su sexualidad como mejor le plazca y de experimentar como le parezca. Este es solo un punto de vista frente a los dogmas que nos ha vendido la Iglesia Católica. Existen libertad de culto y de creencias, así que cada quien es libre de escoger el argumento y/o enseñanza que más le convenza y le convenga. Pero al menos, se siente bien que el Papa Francisco haya tirado la primera piedra.

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