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“No queríamos hacer un disco con boludeces” Dante Spinetta

Una charla con unos de los Illya Kuryaki
Por
Nadia Orozco

L.H.O.N es el nuevo disco de  Illya Kuryaki, un soundtrack espiritual y funkero que nos introduce en el nuevo viaje de la banda. Hablamos con Dante Spinetta. 

No fueron el primer grupo argentino ni mucho menos latinoamericano en hacer rap, de lo que sí se puede dar fe es que se consagraron como una oda a la experimentación en el género al mezclar sus dotes en el hip hop con el rock y el funk. Álbumes como Chaco se convirtieron en verdaderas piezas sonoras que hoy en día hacen parte del libro gordo de la historia musical del continente. Sus letras enigmáticas, su sello musical, su potencia en tarima, la imagen de niños malos con pintas raras y una estética inspirada en las artes marciales, al mejor estilo de Wu Tang Clan y un ADN artístico innegable (Dante Spinetta hijo de Luis Alberto Spinetta y Emmanuel Horvilleur hijo del fotógrafo Eduardo Dylan Marti) se convirtieron en ingredientes claves de una fórmula que los convirtió en una leyenda viviente.  

En el 2001 Dante y Emmanuel decidieron tomar rumbos distintos, y aunque ninguno de los dos sepultó el mundo musical por completo, en el 2013 y casi que por un pedido especial de sus hijos decidieron juntar sus poderes, ponerse sus mejores ajuares y gritarle al mundo su nueva consigna: funk is back, motherfuckers. Con Chances volvieron al ruedo y hoy tres años después presentan un nuevo disco, una banda sonora de la etapa en la que viven, un soundtrack espiritual y funkero. 

Hablamos con Dante. 

Hola ¿En qué están ahora?

Hola. Bien, ahora estamoss preparando lo que va a ser el tour de Illya y ensayando, haciendo las grabaciones para el en vivo y empezando a sentir este álbum en el escenario, adaptando lo que tenemos en estudio al en vivo. Estamos disfrutando mucho el proyecto porque el disco salió y tuvo muy buena repercusión con la gente. Dimos muchos pasos adelante con este disco en el sentido musical, y en la energía musical que en este momento tiene la banda, que está más lista que nunca. 

Hablando del en vivo… L.H.O.N es bien orquestal, grabaron con la Filarmónica de Praga ¿Cómo le están trabajando al en vivo?

Cuando nos metimos en este disco, sabíamos que queríamos hacer algo más intenso, más conectado con el alma y quisimos hacer mucho hincapié en eso y en la parte musical, grabamos con la Filarmónica de Praga. En Versus ya habíamos trabajado con orquestación, volvimos a llamar a Claudio Cardone, arreglista que trabajó con nosotros en los noventa, y puso las canciones más épicas. Entonces en vivo vamos a disparar samples ya que no podemos viajar con la Filarmónica, pero todos los músicos que están de gira son los que grabaron en el álbum. 

Aunque estuvo presente la filarmónica este disco tiene menos elementos que otras veces, menos producción de máquinas, fue grabado análogico totalmente con excpeción de las voces y el concepto fue hacer las cosas como antes, más orgánicas y se logró esa sensación… mucho más humana. 

Chances fue el disco que marcó el regreso. Pero de alguna manera siento que este álbum refleja de una manera más fuerte la etapa en que están Emanuel y tú. 

Chances era el reencuentro después de haber estado 10 años separados, de haber hecho música distinta cada uno. Trabajamos con Rafael Arcaute para mediar esos dos mundos y quedó muy bueno. Creo que este disco está más Illya que nunca. Somos Emmanuel y yo solo en el estudio, como antes, conectados y ensamblados. Teníamos ganas de hacer este álbum más espiritual. 

Hay una densidad presente a lo largo del disco, a excepción de una o dos canciones… 

Sí, maneja una densidad inclusive desde el título que abre un interrogante. ¿De qué lado nos vamos a parar? ¿del lado más destructivo o del espiritual? y ya planteado eso de entrada es decir que nos estamos abriendo de alma a la música y a nuestros ideas, es un crecimiento. La piedra fundamental de este disco fue que no queríamos hacer un disco con boludeces; yo tengo 30 años y Emma 42, ya somos chicos grandes, ya no podemos hacer Abarajame, no sonaría real. 

La vida nos fue llevando por muchas cosas, cuando arrancamos éramos unos niños, teníamos 14 años cuando sacamos el primer disco. Ahora nos hemos casado, divorciado, enterrado vivos… la vida te guia y el disco invita a eso. 

Hay una constante charla espiritual  e incluso religiosa en el disco 

Sí, el disco invita a esa conexión sea el Dios que tengas. Para unos es Jesús, para otros es Alá… no importa, nosotros creemos en la fé, en la que te empuja, en la que está ligada al amor. Te vas dando cuenta de las cosas que importan… la familia, los amigos, la música y que al final lo que vale es dejar una estela, darse que cuenta que somos estrellas fugaces y que pasamos por el cielo del tiempo. Hay que dejar algo positivo y estamos más comprometidos que nunca en dejar algo intenso. 

Obviamente hay canciones más bailables, pero hay otras como Ey Dios, El árbol bajo  el agua, Aleluya, hombre libre donde hablamos de libertad. Hoy en día es muy importante para nosotros buscar esa libertad de espíritu, de no cargar esa mochila tan pesada y creo que IKV es el soundtrack de esa lucha, queremos serlo, de la lucha por esta mejor. 

Ahora me decías que hoy en día ya no podrían hacer una canción como Abarajame, pero es una canción que el público sigue pidiendo ¿Tienen el mismo sentimiento al tocarla en vivo?

A finales de los noventa ya no la queríamos tocarla más, pero ahora lo hacemos con placer; estamos en un momento en que disfrutamos mucho tocar y muchas de nuestras canciones se convirtieron en parte de la cultura popular y sabemos que hacen felices a la gente.

En Argentina gozamos de un público que se renueva mucho; en nuestros recitales hay desde niños hasta gente de 40 años que escucha lo nuevo también. 

Se podría decir que son una banda legendaria, más no de nostalgia…

No, no somos una banda de nostalgia o si no hubiéramos hecho un disco de comeback, de grandes éxitos. Ya van cinco años de nuestros regreso y seguimos tocando; no tenemos problemas en mezclar con lo de antes porque hace parte de lo que somos, pero como te decía hay un recambio generacional muy lindo. 

 

Evidentemente hay un encuentro espiritual muy fuerte. ¿Cómo llegaron a juntar eso con la música? 

Yo escuché mucho a mi papá y a mi mamá a hablar de tener cosas en la vida que nos hacen felices y que no se compran. Ahora que hay un resurgimiento del chamanismo y de las culturas prehispánicas que tienen que ver con la conexión de la tierra, tenemos que volver a conectarnos con el espíritu. Creo que somos como un conejito persiguiendo una zanahoria, que es la del poder y es inalcanzable. A todos nos gusta tener plata y está bueno pero no es lo único que importa y sobretodo cuando ves a gente morir y que no importa cuanta plata tienen en el banco. 

En un momento nos empezamos a replantear, a pensar que hay que hacer música que inspire a conectarse con el amor, con otra forma de vivir, por eso el título del álbum ¿Vamos a seguir en búsqueda de esa zanahoria egocéntrica o a conectarnos con nosotros y no cagarnos en todo? Es necesario darnos cuenta de qué estamos haciendo, de conectarnos con la esencia, con las cosas simples. Suena cursi, pero es la verdad. 

¿La decisión de que este disco fuera más orgánico y con menos máquinas tuvo que ver con esa idea de volver a lo simple?

Sí, tuvo que ver con eso. Volver a conectarse con la música real, con gente tocando. Las máquinas me encantan y he hecho mucho con ellas, pero la verdad este disco está más tocado, tiene esa sensación más humana, en ese pequeño flow cuando tocas está la gloria. Cuando hicimos este disco estábamos escuchando muchos álbumes grabados de esa manera… los discos viejos de Prince, los discos de funk.  Es conectarse como tribu, buscar el lado sagrado y la música te lleva a eso. 

¿Y en esa búsqueda espiritual han habido encuentros con plantas sagradas como el Yagé o el Peyote?

No, para mí la música me eleva. Yo escucho discos de mi padre, de Prince, de Stevie Wonder y logro llegar a una conexión espiritual; lo mismo me pasa cuando toco, me conecto con esa energía. 

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