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A la mierda las redes, estas son las voces reales de Rock al Parque

Por
Redacción Shock

Por: Daniela Camacho / Nadia Orozco / Juan Pablo Castiblanco / Fabián López

Fotos: Luís Cano / Andrés Alvarado / Alejandro Gómez

Cada vez que llegan las vísperas de anuncios previos a Rock al Parque, las redes, o mejor los personajes detrás de las pantallas se ponen su pinta de críticos para empezar a lanzar los dardos de la insatisfacción. No todos los comentarios son negativos, pero si el festival midiera su éxito por la cantidad de  dardos que se suman en las redes sociales, es muy probable que Rock al Parque la tendría de pa’ arriba para hacer una nueva edición. Sin embargo, el panorama es muy distinto a la hora del té, es decir a la hora de los tres días. Este año, vimos al Simón Bolívar a reventar en su última, gente que le madrugó al pogo y sobretodo un parche de gente feliz. 

Quisimos tantear el terreno. Quizá todos esos asistentes iban por inercia pero en realidad odiaban el festival desde sus entrañas, quisimos encontrarnos con esos comentaristas y reunir las críticas que una a una se sumaron cuando el festival anunció su cartel final. 

Contrario a todo eso, nos encontramos con críticas sanas, con gente del común que es fiel al festival, que se emociona al hablar de este, que tiene mil y una historias y que nos dejan como moraleja que a las redes sociales hay que creerles poco, muy poco y a veces nada. 

Jose Rodrigo Torres 

Se inició como rapero,  desvió su camino hacia el metal para después continuar con el  punk. Hoy en día tiene un romance con el jazz y el blues y, de vez en cuando, se deja seducir por la música tropical.  Sus años de experiencia en el universo musical le han dejado como mayor enseñanza que “en la variedad está el placer, porque  aquí  no se discrimina ni tampoco se etiqueta -refiriéndose a su pinta-” y es precisamente esto lo que más le gusta de esta fiesta bogotana. 

Pero entre tanto recorrido, el rock sigue siendo su primer amor: “no hay mejor energía que la que se vive en estos escenarios, la vibra rockera  es la energía con la que uno más vivo se siente”.  Y es por eso que le creemos cuando nos dice que seguirá viniendo hasta que le de el cuerpo.  Lo bueno es que podrá seguir dando fe de la evolución de este festival, al que hoy en día le atribuye una gran mejoría en la  ampliación de los espacios de las comidas y en los accesos de tarima a tarima;  le alegra ya no tener que resistir a punta de paquetes, ni de sentir como si  estuviera montándose a un Transmilenio para ir a  ver una banda en el otro escenario.

Si acaso se lo encuentra el otro año, recuerde su  marca insignia: una falda negra  que usa como escudo de protección desde  hace 5 años cuando la puso a prueba en lo que fue su primer pogo. Cuenta la historia que al entrar,  todos le abrieron paso y ninguno lo tocó, saliendo ileso.  Entonces en caso de que se esté sintiendo aventurero, pídale que lo acompañe al pogo, a ver cómo le va. 
 
Andrés Felipe bautista  

Su camino en el rock comenzó gracias a su tío que lo puso en la tarea de escuchar rock clásico. Andrés Felipe, que fue un sobrino muy pilo, continuó sus estudios por el mundo del rock explorando los sonidos del ska, el punk y el metal. Al final, fue el hardcore punk el que se apropio de su corazón. 

Este es el género que más le gusta ver en los escenarios del festival que visita desde el 2011.  Si le pregunta que es lo que más le gusta de la experiencia punk dentro de Rock Al Parque es literalmente venir a romperse la cara en los pogos; a votar toda la energía dentro de este relajo de puños, patadas, baile y crestas.  Así lo hizo durante las presentaciones de Anthrax y El sagrado, sus dos grandes favoritos dentro de su experiencia en el Simón Bolívar. 

Cree que como bogotanos somos muy afortunados de contar con el festival de rock gratuito más grande de Latinoamérica y es por eso que en su cresta punk lleva los colores de su ciudad. La misma que abre cada año  la convocatoria distrital para que las bandas locales lleguen a este gran escenario y este punkero hoy lo invita a que apoye el talento local, porque siente que muchos de los asistentes del festival se enfocan únicamente en el talento internacional pero, muchachos, aquí entre los nuestros, también hay talento. 

Jhon Freddy Gómez 

Desde los tiempos de la media torta,  el festival ha estado acompañado por  una bandera que ondea con los colores de la tricolor en  la cachucha de John Freddy Gómez. Son ya muchos años viniendo, tantos que no sabe cuantos, de lo que sí se acuerda es de la emoción que le dio vivir el cambio de escenario; “el espacio se amplió y comenzaron a venir más  bandas y claro, los horarios se extendieron”. Este madrugador del festival, entra apenas se abren las puertas. La energía de la noche en Rock al Parque nunca le ha gustado -“Ya a esas horas entra mucho vicio, mucha pelea, yo veo siempre como se encaletan cosas entre las nalgas, pero es que el vicio no es lo mío, para mi el disfrute se hace en sano juicio.” Por esto mismo le gustaría que de vez en cuando las mejores bandas no se presentaran solo al final, porque a pesar de que no tiene favoritos, se ha perdido varias presentaciones por evitar la oscuridad.  

Además – dice -  que ya para esas horas no hay luz suficiente para que la gente vea la bandera que desde hace tantos años porta en su cabeza.  Está,  su insignia dentro del festival, surgió  gracias a su  pasión por la selección Colombia,  hoy en día se pasea  por las  canchas del rock, para recordarles a sus asistentes  que el rock de la patria también es motivo de orgullo. 

Carlos Andrés

Resistencia y perseverancia son los dos tatuajes preferidos de Carlos Andrés. Tan especiales son, que se les asigno puesto principal,  bien marcaditos en la cara. Cuando le preguntamos por qué,  nos dijo que eran las dos palabras que representaban mejor su vida,  le recuerdan las cosas buenas  que ha cumplido  a pesar de  las circunstancias.  Es un amante del hardcore punk y un romántico de las letras que  “muchas veces revelan como está el mundo, cómo son las cosas que nos rodean”

En sus 4 años de asistencia al festival se ha dado cuenta que no le gusta que le pongan etiquetas, él hace parte del público que viene a disfrutar la diversidad de sonidos. Por eso, sagradamente viene los tres días. Así que si le preguntan qué cambiaría del festival, él le diría dos palabras: discriminación e individualidad. “Es de todos y para todos,  aquí lo único que hay que venir a hacer es disfrutar, rockearla”, dice. 


Edwin Steven Laverde 

En esta búsqueda de historias de Rock Al Parque, nos encontramos con carne fresca. Un primíparo del festival que, estrenando percha, hizo del Simón Bolívar el celebradero oficial de su cumpleaños número 15. Se le iban brotando los ojos de la emoción cuando le preguntamos cómo iba hasta el  momento su primer día, la sonrisa casi no lo deja responder,  hasta que finalmente le salió el “severo” más real que hayamos escuchado.

Este  nuevo explorador del universo del rock, llegó feliz a esta edición número 21, teniendo muy claro que “acá lo único que uno tiene que hacer es venir a disfrutar, a escuchar música con los amigos, sin pagar un peso”.   De lo que sí estamos seguros es que estos serán unos quinces que no se le van a olvidar. 

Andrés Felipe Algeciras Márquez 

La primera  vez que Andrés Felipe vino a rock al parque, su mamá pego el grito en el cielo, con solo  13 años,  iba a ir a “perderse con un montón de mechudos, a totearse la jeta”. Sin embargo, no hubo grito suficiente para evitar que este afroman se convirtiera en un asistente comprometido, pues desde esa primera vez, hasta el sol de hoy, no se ha perdido ninguna edición.  La experiencia le ha enseñado que todo este cuento de los mechudos dándose duro, no son más que estereotipos; él está convencido  que este festival va mucho más allá de eso: “la gente ve en la televisión los pogos y se alarma, pero lo que no saben es que ahí adentro se vive una fiesta increíble,  la gente se libera, hay un nivel de tolerancia muy grande, usted se encuentra con la posibilidad de  recorrer  el parque y descubrir todo tipo de gente, si usted quiere rayarse, pues hágalo pero  finalmente uno se divierte según como  abra su mente al festival.”

El mismo Andrés que lo ha vivido en carne y hueso dice que  “la experiencia de poder ver desde el metacho o el punkero que viene desde Ibagué, Santa Marta, es increíble,  le piden a uno monedas, manzanas, atún, jugo y uno dice: todo bien. Uno colabora porque al venir  acá,  se da cuenta que todo el mundo está en su salsa, y que todo sacrificio, sea el que sea, vale la pena.” 

Sergio Rojas

Los primeros 10 años, Sergio Rojas hizo parte de la organización, los siguientes 10 ha venido como parte del público. Para él, la experiencia Rock al Parque se convirtió en una experiencia familiar, es aquí donde año tras año se reúne con sus hijos,  a los que crió en este espacio, para ver las bandas del día del cierre.  

El mismo festival ha sido un hijo más al que ha visto crecer. Hoy en día le gusta como “se está abriendo  poco a poco  lo que trae la parte comercial, una mejor zona de comidas, un poco más de decoración,  pues siempre se le metió la plata a los buenos escenarios pero estos otros espacios hacen al festival más amable,  más acogedor”

En cuanto al crecimiento de las bandas distritales siente que hay muy poca propuesta: “Estamos incurriendo en lo mismo y no hay de donde escoger. En cuanto a las bandas  internacionales, durante un tiempo  hubo un limbo que ya se acabó, pues se  está trayendo muy buena música de afuera,  pero, lo que sí es cierto es que   nos estamos quedando cortos acá  con el material.”  

Giovanni Suarez

SI usted se ha metido a un pogo de Rock al Parque el día del metal, seguramente ha compartido puños y codazos fraternales con Giovanni Suarez. Este personaje acabó de cumplir 40 años y, dice orgulloso, que desde que se creó el festival no ha capado ni uno.

Con su  melena a lo Dee Snider (vocalista de Twisted Sister), cada año va de pogo en pogo, vaya la banda que vaya. Lo sacamos en pleno momento de euforia y automáticamente su actitud pasó del frenesí del baile a la calma. Nos contó que, aunque se crio con lo clásico –“Iron Maiden, Los Beatles o  Black Sabbath”- , no le pone problema a las nuevas bandas del festival. Dice que a los jóvenes les gustan mucho las fusiones y no le ve problema a eso. Lo único que le molesta del cartel es que por ir de escenario en escenario se pierde algunas buenas propuestas. Cuando no está en Rock al Parque está  en Abbott & Costello, uno de los bares de metal más vieja escuela de Chapinero.

Julio


Lo encontramos caminando solo en el escenario Plaza mientras tocaba Nosferatu. Daba vueltas, jugaba con un palo y se ponía y se quitaba su sombrero. Se veía inquieto. Pero al hablar tenía toda la calma del mundo. Tiene 50 años. Nos dijo que desde que “estaba pelado” va a Rock al Parque. Vive en Bosa y trabaja cargando costales en la plaza de abastos.

Él es el último de su parche de festival. “Ahora me toca venir solo porque a mis amigos los han ido matando. Antes veníamos como diez, pero los cogen portándose mal y los matan. El último que mataron le decíamos Pacho, le metieron como tres puñaladas en un bus. Y así, a todos los ha cogido la muerte. A mí me quieren porque saben que yo soy calmado”.

Andrés Martínez


  
Le dedica todos los días un buen tiempo a maquillarse y construir su peinado. Dice que lo hace porque hace parte de una cultura japonesa que nació de la combinación entre el glam occidental y la estética oriental: el visual kei. Aunque dice que también es un género musical, cuenta que es muy diferente a los sonidos del glam, o a lo que puede llegar a ver en Rock al Parque. Su apuesta es más por ser libre con la estética que por casarse con un ritmo.

Diana y Claudia


Ellas personifican el encuentro de dos generaciones de asistentes al Festival gratuito más grande que tenemos. Diana tiene 17 años y esta era su primera cita con la música. Aunque Claudia no nos dijo cuántos años tenía, si confesó que tiene varios Rock al Parque encima y estaba llevando por primera vez a su hija al festival. Dice que antes no se había dejado llevar, pero que este año las bandas la convencieron.

Morgana


Sum 41 y Café Tacvba convocaron a todo tipo de gente al tercer día de festival. Ese día nos encontramos con una joven que resultó cantante de trap experimental. Tiene 22 años y dice que  su nombre artístico es Morgana. Lleva tres años sin faltar a Rock al Parque, a donde siempre acompaña a su mamá, que tiene 41 años: “Ella es La que me trae porque le gusta fumar ganja”.

Rubén Lozano

Rubén Lozano corría el lunes para ver a A.N.I.M.A.L.  Le gusta el hardcore y el metal. En su cara tenía unos diez piercings y unos lentes de contacto blancos. Cuando nos contó porque se vestía así fue de lo más sensato que pudimos escuchar: “Usted sabe que uno se viste para llamar la atención. A mí me gusta que me vean por ahí, para no pasar desapercibido. Los tatuajes y los aretes no tienen otro significado”. Lleva 8 años sin faltar al festival y recuerda que cada año le ha sumado más cosas a su atuendo. 

Sara Genner

Su pelo rubio y sus brazos tatuados hacían que Sara fuera un punto difícil de no mirar en medio de la masa negra que se iba agrupando en el primer día de Rock al Parque. Es de Inglaterra, pero hace 10 vive en Bogotá, y hace 4 que viene sin falta a Rock al Parque. Tiene bastantes bandas amigas que se han subido en las tarimas y nos cuenta que viene porque el festival tiene bastante fama. Cree que al festival le faltan actividades además de la música, pero que en general lo ve como un festival gigante. 

Su momento memorable fue cuando vi tocar a Aire Como Plomo, una banda distrital amiga en la tarima principal. “Tocaban a las 3 y estuvo genial; yo tengo mucho orgullo por las bandas nacionales que llegan a tener la oportunidad de tocar en un evento así de grande” 

Julián David


Hace cuatro años que asiste al festival. Este año fue el sábado y el lunes y sin duda alguna una de las razones para venir una y otra vez es entrar en esa licuadora humana que se hace llamar pogo. Cree fielmente que Rock al Parque hoy en día está completo: seguridad, carpas, comida, un evento bien organizado. Jamás olvidará el día en que Anthrax versionó a AC/DC y remata diciéndonos “Así este malo el festival, yo voy a seguir viniendo. ¡Qué hijuemadres! 

Juan Rojas

En el bajo mundo es conocido como Uff; de los 27 años que tiene, 10 se los ha dedicado a venir sagradamente al festival. Aunque no se acuerda de la primera vez que llegó a Rock al Parque, está consiente que son bastantes los recuerdos que le ha dejado: Bloc Party, Asian Dub Foundation, NOFX, Manu Chao y Nekromantix. “Además de esos, he descubierto bandas que no conocía y nunca supe cómo se llamaban; pero son momentos que el festival incentiva, conocer nueva música”. Le preguntamos a Juan por lo que le hace falta al festival y no dudo ni un segundo en su respuesta: alcohol. 

Ricardo Vega

Ricardo Vega tenía 12 años cuando fue a su primer Rock al Parque  y las imágenes que se le vienen a la cabeza de esa primera vez tienen que ver con barro, con botas puntera, con aterciopelados, Todos tus muertos y puro parche alternativo. Su recuerdo más memorable no puede ser otro que el pogo y aunque ahora ya no se volvería a meter ni por el putas, en su memoria se queda con esos días en que salió rasguñado, vuelto mierda, pero totalmente feliz. 

Cree en el festival y piensa que le faltan otras bandas. “Creo que este festival es para ver cosas alucinantes, más especiales. Por ejemplo trajeron a Nekromantix, pero en vez de ellos pudieron  ser The Meteors, creadores del género”


Aren Viviana Palacio


Esta es su segunda vez en Rock al Parque. Cuando llegó el año pasado al Simón Bolívar pensó que se iba a topar de frente con puro rock y descubrió tarimas alternativas, gente disfrutando y compartiendo; en sus palabras: pura unión cultural, donde nadie se mete con nadie. “Lo único que le falta es currulao”

Arnold García

Nadie se llegaría a imaginar que con ese estilo, peinado intacto y gafas bien puestas, este personaje es un asiduo visitante del pogo. Arnold recuerda su primera vez como una de las mejores farras de su vida. Rock al Parque le ha abierto su mente porque conoció música y además mucha gente. “Llevo viniendo 11 años, los tres días, la música es lo que me atrae, el arte, la cultura, lo llevo en la sangre”, explica Arnold.  Y a la gente que no ha venido al festival le diría que lo conozca y que después diga si no quiere volver. 
 

Santiago Rivas

Tenía 14 años cuando vino por primera vez al festival y aun cuando los únicos sinónimos que se le daban a Rock al Parque tenían que ver con drogas y satanás, se sintió más seguro que nunca. 

Dentro de la biblioteca de recuerdos que tiene relacionados al festival está el del 2004, cuando andaba tragado de una niña, tenían una relación clandestina y fueron a ver Babasónicos juntos. También está el concierto de Asian Dub Fundation, del que no guarda solamente una buena memoria, sino los manuscritos de una entrevista que le hizo a su guitarrista, Steve Chandra, y hasta el sol de hoy no ha publicado. 

Para Rivas, Rock al Parque suplió una necesidad que aún tiene que seguirse supliendo y es darle un impulso a la escena local, una escena que tiene que seguirse ayudando. “Rock al Parque no ha sabido encontrar una posición frente al nuevo mercado, no tienen que ser como era en los noventa, pero si tiene que servirle al rock para fortalecerlo", explica "Hubo una gran escena, hoy hay grupos por todos los lados, pero muchos sin saber qué hacer”. 

Laura avellaneda 


 
Laura llegó al festival en el 2012,  y desde  el  día  uno,  sabía que volvería. La diversidad de gente con la que se encontró fue el mayor atractivo de su primera experiencia en Rock Al Parque.  Luego vio The  Casualities, y se inscribió como participante oficial de las próximas ediciones.  Su aún corta historia dentro del festival  la ha sorprendido, pues ella creía que el ambiente era mucho más hostil, sin embargo,  se encontró con que “aquí la gente es muy cálida, cada quien va con muy buena onda, acá lo que hay es una diversidad de géneros musicales y de personas que muestran sus diferentes formas de ver el mundo,  uno se siente libre de venir a vivir la música como quiera.”
 
Lo único en lo que sí le ha ido muy pero muy mal es en la piloteada del baño en Rock al Parque. Laura quisiera poder dejar la vejiga en la casa cuando viene al festival, porque tener que hacer filas de media hora, resistirse esos olores y hacer maromas dentro de ese espacio tan espantoso,  puede resultar siendo traumático.  Laura sabe que dentro del paquete viene incluido este factor incómodo,  y como muchas otras se lo aguanta porque el universo del rock a la bogotana, lo vale todo.
 
Elena & Lina 

“¿Qué es lo mejor de Rock Al Parque?”, le preguntamos. “Ver tantos papasitos y mamasitas con sus pintas”, respondió Elena, agarrada de la mano de Lina, rescatando una de las cosas más bellas del Festival: la posibilidad de expresar sin miedo a ser censurado. ¿Y lo peor? “¡Los baños!”, respondió Lina sin dudar.

Andrea 

Luego de un par de intentos fallidos de entrar al Parque Simón Bolívar, en los que su tarjeta de identidad delataba que no tenía la edad permitida para entrar, este año fue su revancha. Con camiseta de Misfits bien entallada, hermana y primos a bordo, por fin pudo ver lo que le habían contado, meterse al corazón del público a ver A.N.I.M.A.L. y Café Tacuba, y ser entrevistada por uno de los mil medios que cubren el festival.

Daniel 

Igual que sucede con la nueva moda de los futbolistas a la hora de celebrar un título, este orgulloso venezolano estaba parado en el Escenario Bio envuelto en la bandera de su país. Comparada con su travesía, los toures que vienen por tierra desde Armenia, Cali, Popayán o Medellín son un paseíto. Gracias a la buena experiencia que tuvo un amigo suyo el año anterior y que le recomendó venir a Bogotá, este metacho se hizo el viajecito en bus desde San Cristóbal, con escala en Cúcuta, por puro amor al rock.

Rosa

 

Su pinta lo decía todo: camiseta de AC/DC, toda de negro, pero la bandera peruana colgada al hombro, avisando que venía desde bien lejos para ver el monstruo llamado Rock Al Parque que la sorprendió de entrada por su descomunal tamaño. Acompañada por su novio, aprovechó la venida para echarse el paseo turístico por Colombia. 

Sasha

Nos encontramos con Sasha, bogotana de apellido impronunciable, ojos verdes y  pelo azul, que desde hace 5 años es parte del festival.  A  pesar de que la mayoría de veces ha  venido como parte del público, su versión favorita del festival fue una en la que vino a trabajar. Tuvo la oportunidad de conocer el detrás de, vivir los escenarios mucho más de cerca y conocer algunos de los integrantes de bandas que para ella significaban mucho.

Esta rockera, metalera, vallenatera disfruta sobretodo venir a ver gente, no ha habido en su historia, un solo Rock al Parque donde no se haya encontrado con personajes fritos. Sasha, que también tiene banda de rock,  tiene como única queja el trato que se le da a las bandas nacionales en comparación con las internacionales. Siempre le ha llamado la atención que a la hora de oír una banda internacional, por lo general todo suena muy bien, en cambio, las bandas nacionales, según su percepción, tienen muchos problemas con el sonido.

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