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De la Bogotá inhumana a la Bogotá hardcorera

Una breve historia del hardcore desde la época “facha” hasta la ética tolerante del New York y el Boston Hardcore.
Por
Fabián Páez López

Una extraña y poderosa colisión entre diversos géneros musicales, discursos políticos y contextos históricos engendraron la vasta y multiforme escena que es hoy el hardcore bogotano. No es gratis que desde el Rock al Parque del 99 las agrupaciones que abrieron campo a esta movida sigan siendo, año tras año, actos imprescindibles en la programación del festival. ­Los circuitos de la capital crecieron a pulso y a punta de autodeterminación.  

Por Fabián Páez López @Davidchaka

Fue justo en 1999 cuando vinieron por primera vez a Rock al Parque bandas tan peculiares como Shelter (Estados Unidos), que hacía hardcore-punk influenciado por los predicamentos Hare Krishna, o Earth Crisis (Estados Unidos), un grupo de metalcore que pregonaba el movimiento vegan Straight Edge. Y desde ahí el nombre del género no ha capado cartel. En la edición 2016 del festival la apuesta más certera es la también gringa Sick Of It All, pero no es la única que porta las siglas del HxC. ¿Cómo fue que se ganaron ese espacio imborrable entre los circuitos musicales de la capital?

La historia del movimiento en Bogotá estuvo cargada de varios momentos paradójicos. Durante los albores de la movida, al mismo tiempo que varias vertientes de la música alternativa confluían en los mismos espacios, hubo escisiones políticas y enemistad entre parches. Más tarde, en el momento en el que explotó un movimiento hardcorero con más fuerza, más unido, con mayor calidad musical e independencia de los otros géneros, los discursos se difuminaron y tomaron diferentes direcciones.

El Sagrado en Rock al Parque 2014 (Foto: Juan José Horta)

Siempre hubo muchas corrientes, muchos subgéneros y muchas visiones de la vida alrededor de esa cosa gigante que es el hardcore hoy, y crecieron unidas por un llamado hacía la autogestión y la unidad. Pero vamos por partes.

La escena de los 90: el sello punk y el estigma facho

Si bien los géneros que abonaron el terreno para la aparición del hardcore nacieron como una respuesta política a lo que pasaba en Inglaterra y Estados Unidos, sus gritos también calaban en la caótica realidad criolla. A principios de los noventa en Colombia pasaban cosas que le abrían las puertas a la nueva música y a nuevos malestares. Cosas como que empezábamos a experimentar la apertura económica; al mismo tiempo, desinteresadamente (guiño, guiño), en 1991 se firmaba una Constitución con una alta dosis de tolerancia multicultural; y, como no podía faltar en cualquiera de los periodos de nuestra historia, había violencia y pánico por el narcotráfico y conflicto armado.

Todo coincidió en esos primeros años. De alguna forma, en el corazón de la movida punkera, que había crecido con más fuerza en Medellín, pero que sumaba un buen número de adeptos en Bogotá, aparecieron los disidentes del ruido. La escena punk compartía muy de cerca con ritmos como el hardcore-punk, el ska y el Oi; movidas que terminaron tentando a mucha gente. De ahí surgieron las primeras agrupaciones.

Para Juan Carlos Melo, una biblia de esta historia, y quien integró bandas como Fátima, Línea Recta, Skartel, Justicia Natural y Resplandor, el origen de la onda hardcore fue inseparable del punk. Casi que viene desde los primeros pinitos de La Pestilencia. En ese entonces, cuenta, el concepto del hardcore no era como el que conocemos ahora, que incluye al NYHC (New York HardCore) y otros subgéneros. Pasó un buen tiempo para que se consolidara con la emergencia de Sin Salida.

Melo recuerda que: “para mí la primera banda de hardcore fue una gente que se llamó Línea Recta. Ellos ya estaban influenciados por la movida Straight Edge de Boston pero no grabaron. Fue en realidad Sin Salida, en el 92, quien hizo el primer álbum con el rótulo del New York hardcore. Antes estaba Fátima. Pero si lo vemos desde hoy, esa era una banda de hardcore crust; muy influenciada en el grindcore, el industrial y en toda la movida europea. Por esos días todos estábamos más vinculados a la onda punk, hasta que aparecieron los movimientos skinheads, que fueron los que empezaron a dividir las cosas y a generar un estigma.  En Fátima, por ejemplo, éramos un grupo de punkeros vieja escuela de Bosa. Ahí yo tocaba con Danilo, que fue el que después cantó en el primer álbum de Sin Salida, y con un personaje llamado Stalin, que organizó a los primeros grupos fascistas con un movimiento llamado GRAE (Grupo Rapado Antiextranjeros). Ese fue el final de Fátima. Teníamos muchas diferencias ideológicas”.

Sin Salida no solo fue la pionera en el NYHC. También fue la que recibió al fantasma de la ultraderecha. Raúl Hernández, exintegrante de una banda de punk llamada SS, fue quien lideró este proyecto. Después de viajar a Estados Unidos a estudiar sonido y volver a Bogotá, armó la primera banda con el sello de Nueva York ya en la cabeza. Pero la primera formación de Sin Salida pronto chocaría con la actitud violenta de Raúl. Los integrantes que empezaron abandonaron la agrupación que, bajo la conducción de este personaje, hizo que las primeras canciones de hardcore se tornaran abiertamente defensoras de temas como el paramilitarismo o la limpieza social. Tiempo después se destaparon varias historias alrededor de sus dudosos nexos.

Hernández apareció en un video dando una charla a jóvenes neonazis (Véalo acá) y se presume también que estuvo involucrado en el negocio de venta de armas en el Magdalena Medio; que vendía armas a bandos distintos y que fue por eso que lo desaparecieron.

La creación de un circuito plural y autogestionado

Las diferencias ideológicas hicieron que los inicios del hardcore fueran una época agreste. Todo por la mala fama que se ganó Sin Salida. Toby, uno de los gestores de eventos de la vieja guardia en la época del punk, y muy cercano a los primeros movimientos animalistas Straight Edge nacidos en el colectivo RU (Rapados Unidos), recuerda esos años como momentos densos: “fue una época de mucha violencia. Recuerdo que hubo un tropel clásico en el barrio Servitá con la gente del metal durante un evento de lanzamiento de una fundación que se llamó Aprofac. También, cuando empezó la movida de ‘No a las drogas’, había un parche que repartía flyers a la gente que veía fumando marihuana en los parques. Todo por provocarlos y armar pelea. Si bien fue malo, es un proceso que refleja lo que es y fue nuestra sociedad. Sin hacerle una apología a la violencia, eso forjó el carácter de una escena. A los chicos de ahora les hace falta un poco de realidad”.

Inevitablemente, el hardcore maduró cuando crecieron sus seguidores jóvenes. Y si de formar un carácter se trata, esta fue una escena que, independientemente de la corriente ideológica que haya tomado, supo cómo crecer de la mano de ideas como la unidad, la autogestión y la autodeterminación. Fueron muchos movimientos con muchos contenidos los que dispararon las bandas; algunas veces con la misma fuerza política heredada del punk. De lo que fue la RU, por ejemplo, nació REA (Rechazo a la Explotación Animal), un grupo de skinheads basado únicamente en el hardcore. Al interior de esta colectividad se organizaron muchos conciertos que propiciaron el nacimiento de nuevas bandas.

Uno de los conciertos paradigmáticos de la onda animalista fue en una bodega en Alcázares a finales de los 90. Se llamó “La voz de los que no tienen voz”. Tocó Sin Salida (ya sin la gente de Línea Recta) y una banda llamada Disciplina, de corte Straight Edge; también Justicia Natural, que se convirtió luego en Skartel. Además de una cantidad de bandas de Medellín. Pero todo era muy primitivo. Con el tiempo la independencia tomó fuerza y se empezó a esparcir un género que imperó, en un principio, solo en los barrios del norte. Muchos actores empezaron a vincularse. Cuenta Juan Melo que todo se reinventó con la banda Reacción Propia y con el auge de los movimientos anarquistas, Hare Krishna y animalistas.

“Hubo un festival en la Universidad Nacional en el que había una comunión con muchos protagonistas, con coordinadoras antifascistas, gente Hare Krishna, movimientos anarquistas como las banderas negras y movimientos anarcopunk que entraron en el hardcore. Era mucha diversidad. Lo de ahora no es gratuito y pasa lo mismo en todos los lugares del mundo. Muchas ideas se atraen y se encuentran. Eso era poderoso. Uno veía bandas que tenían influencias krishnacore y hasta festivales espirituales con hardcore”.

Al mismo tiempo, los distribuidores movían sus fichas y gestionaban una red cada vez más amplia de contactos. Uno de los nombres más importantes fue el de Diego Paredes, quien propició la aparición de un verdadero circuito hardcore con Dirección Positiva: un sello colombiano que se convirtió en una filial del argentino Pink Head Records en el 2000. Gracias a su compilado del 98, Suramérica Hardcore, las bandas de la región se conectaron con Colombia. Todo lo que se hacía acá se mandaba a México, Argentina y Santiago. Y acá llegaron los álbumes editados por Revelation Records, el sello de las bandas de Nueva York.

Bandas como Dar A Cada Uno Lo Que Es Suyo y Reacción Propia giraron por Suramérica, hicieron muchos contactos políticos y de paso trajeron una cantidad de música europea y brasilera. Fue el inicio de una alianza global. Se conectaron todos los movimientos en el mundo que tenían circuitos de autogestión. También se crearon conexiones con sellos japoneses e incluso bandas colombianas como Reacción Propia fueron editadas por uno de ellos. Finalmente, todo terminaba vendiéndose en un estudio de tatuajes en la 19, propiedad de un argentino de nombre Ezequiel. Fue ese el punto de distribución de la música hasta que apareció Cachalote, que todavía existe.

Will Rubio, de Inmigrant Records (Foto: Daniel Álvarez)

Claro está que los conciertos fueron los primeros escenarios donde se movía toda esta mini-industria. Will Rubio, una de las cabezas de Inmigrant Records, y un veterano en la organización de eventos, cuenta que “lo bonito de esa época eran los discos, fanzines y los magazines que había en cada toque. Uno se enteraba de la música por todo eso que vendían en los conciertos”.

La evolución Hardcore y la escena del nuevo milenio

Antes del nuevo milenio se consolidó la Unidad Real, una alianza entre bandas como Exigencia, Pitbull, Ataque en Contra, Realidad Interna, Línea Recta, Zona Cero o Dar A Cada Uno Lo Que Es Suyo. Esta oleada se alejó por completo de los discursos de Sin Salida y de los orígenes punk; todos tuvieron una marcada tendencia hacia el NYHC y hablaron de temas como la amistad, tolerancia, familia, no al racismo o la situación de Colombia. Fue el inicio de una red poderosa que explotó después del 2002. Las bandas empezaron a organizar sus propios eventos y espacios como Macondo y más tarde el teatro La Mama tomaron fuerza. Al mismo tiempo, los parches de localidades como Kennedy o Suba se hacían más fuertes en cada zona. Todos estaban inspirados por los actos que, volviendo al comienzo de la historia, visitaron Bogotá en el 99: Agnostic Front, Earth Crisis y Shelter.

La división del nuevo milenio ya no era entre movimientos fascistas y no fascistas, si no entre los apolíticos y politizados, con bandas de corte más de izquierda como Resplandor u otras abiertamente anarquistas como Res Gestae. Había una escena sin rivalidad ni oposiciones. Era muy diversa en su interior. Los locales llegaron a participar en Rock al Parque años después con nombres como Ataque en Contra, Pitbull y Dar A Cada Uno Lo Que Es Suyo. Pero el circuito ya estaba armado con la premisa del “hazlo tú mismo”.

Esto pasó, en gran medida, gracias al compilado Evolución Bogotá Hardcore (2002).  El disco fue hecho por tres sellos y se llamó “evolución” porque fue en ese entonces cuando los músicos bogotanos se independizaron de sus influencias. Resistencia Records, Dirección Positiva y Despertar Hardcore Records fueron los que hicieron esto posible. De ahí en adelante todo se disparó. En 2005 nació Inmigrant Records de la mano de Will Rubio y los eventos se mantuvieron firmes hasta hoy con una movida más tolerante. Rubio ya había traído a Sick Of It All, la novedad de Rock al Parque 2016, en tres ocasiones.

Ahora, con menos de ese ímpetu de autogestión, hay una generación de bandas locales como Sangre y Fe, Vestra o Try Out con otra lógica. La tendencia mayoritaria hoy es ser apolíticos. Al mismo tiempo que hay cabezas menos cerradas con los géneros, como pasa en toda la movida musical hoy en día. Pero la red de hardcoreros que se formó desde antes tiene mucho potencial indirectamente politizado. La ética de “lúchelo y guerréelo por usted mismo” no la comparte ningún otro movimiento y hoy hace eco en muchos proyectos. No es gratis que haya pasado acá y en todo el mundo. 

Detrás de programas de televisión; detrás del mundo del tatuaje; de álbumes de metal como el Divine Intervention de Slayer; de un dj de electrónica como Steve Aoki que, aunque pocos saben, es Straight Edge; de un bar bogotano de electrónica como Baum, del que Will es socio mayoritario; y de muchas otras movidas, está la escena hardcore, alimentándose y creciendo con una misma ética de respeto y autodeterminación. 

Tampoco es gratis que el cartel de Rock al Parque 2016 siga celebrando muchos de los momentos que influenciaron al género con la presencia de Napalm Death, Suicidal Tendencies o el mismo Sick Of It All. Y que al tiempo la escena siga pidiendo más campo y una tendencia menos radical hacia el metal.

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