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Las tres preguntas para masticar que nos deja Rock Al Parque 2016

Otro año que se va, otro año que estuvimos ahí, otro año que deja cosas para masticar.
Por
Redacción Shock

Luego de tres días de gutural, hardcore, pincho, mazorca asada, lluvias pusilánimes, varios puyazos al proceso de paz por parte de algunas bandas, melenas, bengalas dentro del público y uno de los pogos más grandes del festival durante Suicidal Tendencies, dejamos estas tres preguntas a modo de reflexiones finales. Gracias de nuevo Rock al Parque.

¿Para qué y para quién son los festivales musicales?

Aún está en el aire el recuerdo de que tres días atrás Lollapalooza Colombia se había cancelado por razones que aún no se terminan de digerir o entender. En todos estos momentos festivaleros se discute mucho sobre la razón de ser de un festival musical. ¿Acaso es una actividad cultural equiparable a una festividad folclórica, una plataforma de fortalecimiento y promoción musical, o simplemente un evento de entretenimiento que se rige, como todo, por las leyes del mercado? Ahí es donde un festival gratuito se puede diferenciar de uno privado como el difunto "Lolla", el Estéreo Picnic, o el Jamming Fest, entre otros.

A Rock Al Parque no se le puede exigir esa misma dinámica de "satisfacción absoluta o devolución de su dinero", ni que compita con un evento privado por el mismo nivel de espectacularidad. Ese ideal de que un festival musical debe ser para que el público descubra nuevos sonidos es un privilegio que solo se puede dar un evento que no depende de que se venda o no la boletería, como Rock Al Parque, que este año se dio el lujo de poner en tarima a sonidos tan extremos, inesperados y refrescantes como Los Compadres Recerdos, Banda Conmoción o Cynthia Montaño. A los demás les toca oír y aguantarse que cuando anuncien a X artista, al público le suene conocido, atractivo y, sobre todo, pagable. Por más discurso e intenciones de redención cultural, negocios son negocios. 

¿Al fin qué? ¿Sí o no a los sonidos alternativos?

Durante los tres días el Escenario Plaza no fue el protagonista estelar. Sí, ahí tocó Sepultura. Sí, ahí estuvo Suicidal Tendencies. Sí, por ahí pasó Napalm Death. Pero la buena acogida que tuvo la carpa electrónica (curiosamente parte de una activación de Red Bull y no parte de la programación oficial) y la asistencia juiciosa y constante al Escenario Bio (o Lago, para los más clásicos) fue notable y, una vez más, diciente. Por ahí pasaron Lion Reggae, Bambarabanda, Banda Conmoción o Puerto Candelaria y vimos mucha gente encantada echando paso. Todos los años el anuncio del cartel suscita la misma discusión. Que Rock al Parque dejó de ser Rock, que se tiraron el festival con tanta variedad, que por favor le cambien el nombre al festival. Pero es hora de darle sepultura a ese debate.

¿No es hora de que Rock Al Parque tenga otros cambios distintos a los de la programación?

Rock al Parque debe evolucionar como evento y experiencia. Ya ha demostrado que como espacio de conciertos pasó la prueba pero, ¿qué más puede pasar teniendo en cuenta cómo ha evolucionado la cultura festivalera en Colombia y el mundo? Se dice que los headliners se han acabado, que ya han venido invitados por otros espacios (los festivales y conciertos privados, la programación de salas como el Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo, Teatro Colón o el Jorge Eliécer Gaitán)  o que simplemente están por fuera del alcance de una iniciativa pública con presupuesto limitado. Ya es difícil pensar en quién podría venir que no haya estado antes, que no suene a refrito o que esté dentro de un precio razonable.

Tal vez se podría pensar en la fórmula que usan las grandes entregas de premios musicales en las que se crean ensambles únicos e irrepetibles o la reunión irrepetible de súper grupos, como pasó con el Proyecto Seykiwia, Hoppo o hasta De La Tierra. Tal vez se podría pensar en darle una mirada más profunda a Latinoamérica y seguir trayendo esas joyas “alterlatinas” que ya han venido en años anteriores. También se podría pensar en seguir mejorando la exposición de las bandas que ganan convocatorias distritales. Pero, más allá de los nombres, ¿cómo hacer para que la experiencia de Rock Al Parque sea diferente a la que han tenido sus fieles fanáticos?